La ciudad… Toda una experiencia, toda una vivencia, todo un mundo de sensaciones y emociones. El tejido urbano se extiende hasta el horizonte como una mixtura rugosa, una textura diversa que representa ese hábitat que nos hemos construido… La ciudad, el nuevo ecosistema, el lugar del hombre moderno… Desde aquí, situados en un rincón del sur del mundo, desde nuestra ciudad, desde esta Concepción urbana hablaremos de arquitectura y ciudad, hablaremos del ciudadano, de sus historias, de su cultura, de lo que somos y de lo que soñamos… Desde Pencopolitania, un lugar casi ficticio, medio real medio inventado, o al menos con una existencia paralela pretenderemos mirar y sin duda mirarnos a nosotros mismos en el reflejo, el análisis, la comprensión y la aceptación del otro… Somos un todo, no una individualidad…
La ciudad es, en una de sus esencias, precisamente eso, vida en comunidad, aunque esa comunidad hoy en día no sea advertida. Y es que vivir en comunidad es mucho más que estar cerca de otros… Vivir, hacer y ser comunidad es un potencial hoy dormido en nuestras ciudades chilenas… La diversidad enriquece, no empobrece…
Viajaremos al interior de la ciudad, seremos en algunas ocasiones arqueólogos urbanos; en otras, escritores, cineastas, fotógrafos, testigos, habitantes, ciudadanos… Pretenderé que mi formación de arquitecto sea solo una guía en este viaje que me conecte y nos conecte con nuestra humanidad que es muy necesaria al momento de entender cada uno de los hechos de la arquitectura.
Escuché una frase hace poco en un documental rodado en los Andes del Perú que dice: “antes de saber acerca de la humanidad, tú tienes que ser humano”… Si miramos nuestro comportamiento cívico, nuestro espacio público, el estado de nuestra ciudad me pregunto ¿somos conscientes de ello, o de la falta de humanidad que nos afecta?... Hemos virtualizado en gran medida nuestra relación y comunicación con otros, usamos Facebook, Twitter, Whatsapp, G+, Youtube entre otras plataformas que nos abducen… Creemos que nos “comunicamos”, pero, en realidad, la riqueza de la comunicación y del lenguaje se ha reducido, lamentablemente, a un intercambio de información y códigos.
La arquitectura también es comunicación y nos habla por medio del lenguaje de la composición plástica, del arte, de la belleza, de la estética. La arquitectura está presente, silenciosa y se manifiesta a través de lo intangible del espacio. He ahí una de sus sublimidades más hermosas.
Por medio de esta columna viajaremos al centro de la humanidad, viajaremos en el espacio y el tiempo en una búsqueda libre de ataduras convencionales. Nos moveremos en el campo de las ideas, de la convergencia, del arte y de la ciencia, de la complejidad multidimensional de la ciudad, ya que en cierto sentido hay tantas ciudades como ciudadanos las habitan y tantas realidades como historias las constituyen.
Hablaremos de territorio, de lugar, de paisaje, de contexto, de globalidad y de regionalidad. Hablaremos de cultura, de medios, de patrimonio, de espacio, de la digitalidad que nos seduce y nos conduce. Hablaremos de arquitectura, de proyectos, de la memoria y sus memoriales, de las personas que, a fin de cuentas, son el objeto a quienes esta sirve. Nos situaremos en el centro geográfico de un país del sur, un país que aspira y quiere, pero que debe madurar si no pretende seguir confundiendo, entre otras cosas, crecimiento con desarrollo… Somos una ciudad bastante joven, tal vez en plena adolescencia (lo que podría explicar la condición de su estado), pero que, a fin de cuentas, tiene el futuro entero como gran apuesta.