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EDICIÓN | Abril 2014

La ruta de las tablas

Salas de teatro
El teatro ha sido una de las ramas de las artes que ha tenido mayor desarrollo en nuestra ciudad, contando con emblemáticos escenarios para sus presentaciones, como el antiguo Teatro Concepción. A continuación, las actuales salas penquistas y aquellas que marcaron una época.

por Cristóbal Montecinos C. / fotografía Sonja San Martín D.

Uno de los primeros teatros que hubo en Concepción fue el Teatro Galán, en 1870, en la intersección de las actuales calles Aníbal Pinto y Freire. Quince años más tarde se fundó el recordado Teatro Concepción, cuyo concierto inaugural se realizó el 9 de noviembre de 1890.
 
“En el siglo XIX, en la ciudad se podía asistir a espectáculos de corte patriótico y humorístico, además de presentaciones de zarzuela en lugares como los hoteles Arán y Central. Muchos buques extranjeros que transportaban compañías líricas, de comedias y ballets que atravesaban el estrecho de Magallanes atracaban en Lota para abastecerse de carbón, por lo que en esa zona fueron testigos de muchos espectáculos antes que Concepción, Santiago o Valparaíso”, relata Armando Cartes Montory, abogado e historiador y columnista de revista Tell.
 
De esta manera, agrega, “la sociedad local sintió la necesidad de contar con un espacio de calidad, lo que ocurrió con la creación del Teatro Concepción, que por ochenta años albergó los mejores espectáculos en la ciudad, constituyendo un gran centro de sociabilidad”.
 
En 1928, debido al mal momento económico por el que atravesaba, la Universidad de Concepción pasó a ser propietaria del recinto ubicado en Barros Arana esquina Orompello. Posteriormente, el terremoto de 1960 y el incendio de 1963 causaron daños irreparables en su infraestructura que provocaron su posterior demolición.
 
“Fue el mayor escenario teatral en Concepción y parte importante del patrimonio penquista y nacional. Se llenaba cuando venían compañías de Santiago, como las de Lucho Córdoba o Américo Vargas, además del Ballet Nacional, la Orquesta Sinfónica de Chile o el Coro de la Universidad Técnica del Estado. Fue el gran centro cultural de Concepción, que se perdió y nunca ha sido reemplazado”, afirma Gustavo Sáez, periodista ligado al mundo del teatro y fundador de compañías, como el Teatro Independiente Caracol y El Rostro, además de integrar las filas del Teatro de la Universidad de Concepción, más conocido como TUC.
 
ÉPOCA DE ESPLENDOR
 
Otros lugares del antiguo Concepción donde se presentaron espectáculos, fueron el Café Palet y el restaurante Don Quijote. El primero atendió desde 1906 hasta 1967. Don Quijote abrió sus puertas en 1950 y fue escenario para shows musicales, de zarzuela y teatro”, describe Cartes.
 
A partir de la década de los años veinte surgen en la ciudad los biógrafos o cines, cuyas instalaciones sirvieron para la presentación de obras de teatro, como el Lux, Rex, Explanade, Central, Regina, Plaza y Romano. En el Rex, por ejemplo, se produjo la primera puesta en escena del TUC, al presentar La zapatera prodigiosa, protagonizada por Brisolia Herrera y dirigida por David Stitchkin, quien fuera años más tarde rector de la UDEC e impulsor de numerosas iniciativas culturales.
 
Otras salas fueron José Chesta, Rucalil y Maccabi, del Centro Sionista de Concepción. “Una de las obras presentadas allí, Entre gallos y medianoche, fue dirigida por el reconocido director de cine y teatro, Pedro Sienna, y poco después, el Teatro Independiente Caracol debutó en ese espacio”, recuerda Sáez.
 
PASEO ACTUAL
 
El Teatro de la Universidad de Concepción, espacio que antiguamente ocupaba el Teatro Central, y que fue comprado por la casa de estudios penquista tras el terremoto de 1960, es el más central de todos. Luego de una completa remodelación, este clásico escenario fue inaugurado el 7 de enero de 1963.
 
El foyer del teatro, donde podemos ver un imponente espejo y lámparas, nos da la bienvenida y nos conecta con la entrada de sala, que cuenta con mil cien butacas repartidas en platea baja, alta y balcón. El escenario, de trece metros de ancho con ocho metros de fondo, ha recibido numerosas compañías locales, nacionales e internacionales, además de los conciertos de la Orquesta Sinfónica de la Universidad de Concepción, temporadas de ópera como La Traviata, en 2007, los llamados Lunes Cinematográficos, Jazzup y Teatro en el Teatro, entre otros espectáculos.
 
Luego, por calle San Martín, nos encontramos con la Corporación Sinfónica de Concepción, que cuenta con una sala de dos pisos con doscientas ubicaciones. En su antigua dirección, Aníbal Pinto 222, también se montaron numerosas obras de teatro. Al igual que en la sala Andes, que hoy se encuentra con nula actividad teatral.
 
Algunas cuadras más allá, en O’Higgins, entre Paicaví y Ongolmo, visitamos el edificio de la Corporación Cultural Artistas del Acero. Con una capacidad para doscientas personas, distribuidas en dos pisos, este espacio cuenta con un escenario de nueve metros por seis de ancho, que comenzó a operar oficialmente en 2011. Arnoldo Weber, gerente de la institución, relata que después del terremoto de 2010, la infraestructura sufrió severos daños, por lo que hubo que reconstruir la sede”. Sin embargo, ahora cuenta con un programa anual de trabajo, por lo que, generalmente, siempre hay alguna actividad, como ensayos o presentaciones de obras.
 
OTRAS TABLAS LOCALES
 
Caminamos hacia el Parque Ecuador y visitamos la Corporación Cultural Alianza Francesa de Concepción. Creada en la década de los sesenta, también ha constituido un importante espacio para las artes escénicas. La institución inauguró, hace dos años, la remodelación y ampliación de su sede ubicada en Colo Colo esquina Víctor Lamas. Hacia el centro por calle Caupolicán, nos encontramos con el Instituto Chileno Norteamericano, cuya sala de exposiciones también ha servido de escenario para la presentación de obras de teatro. “Una vez presentamos ahí Quién le tiene miedo al lobo, del autor estadounidense, Edward Albee, de casi cuatro horas de duración. Lo novedoso fue el formato, un teatro circular ante casi ochenta personas. Una experiencia única para el público y también para nosotros”, relata Gustavo Sáez.
 
Otros espacios, donde habitualmente se montan obras de teatro, son el Auditorio La Araucana, en el piso catorce del edificio ubicado en Lincoyán con San Martín, donde, principalmente, la compañía de teatro Santobordell presenta sus obras que apuntan al público infantil y familiar, y la sala multiuso del Colegio María Inmaculada, en la Plaza Cruz, con capacidad para cuatrocientas personas. El lugar cuenta con platea y galería, y hace poco la compañía de teatro de la Universidad Católica presentó ahí la obra El loco y la triste, de Juan Radrigán.
 
Tras estar instalado por varios años al costado de la Catedral, el Centro de Extensión Artística y Cultural de la Universidad Católica de la Santísima Concepción se trasladó al campus San Andrés de esa casa de estudios. Durante mucho tiempo, el Aula Magna fue un importante escenario para la actividad teatral.
 
“La actual sala de teatro cuenta con doscientas sesenta y cuatro butacas, con una buena parrilla de iluminación y un gran escenario. Nos trasladamos a fines de febrero y dimos inicio a las actividades con la bienvenida que se les ofreció a los nuevos alumnos, además de albergar el comienzo de temporada de Teatro El Rostro, con la presentación de la obra La caperucita captura al lobo, comenta Gloria
Varela, directora de Extensión Artística y Cultural de la UCSC.
 
FUTURO ESCENARIO
 
En relación con el Teatro Regional del Bío Bío, la directora regional del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, Marcia Orellana, comenta que la infraestructura actualmente se encuentra en proceso de licitación por la totalidad de la obra y en las próximas semanas se evaluarán las propuestas, por lo que en unos años más se estaría inaugurando el esperado teatro.
 
En este espacio, hay dos escenarios importantes: una gran sala, que tiene una capacidad para mil doscientas personas, y la otra, que es para doscientas cincuenta personas, destinadas para las artes escénicas y equipadas con todo lo necesario para desarrollar esta disciplina.
 
“Uno de los desafíos que tenemos como Consejo de la Cultura es formar nuevos espectadores. Es necesario trabajar hacia la ciudadanía desde el ámbito de la formación y que sean partícipes de la circulación de las obras artísticas que hay. Esta será una nueva infraestructura y para eso se deberán formar nuevos púbicos y trabajar con todas las comunas de la región”.

 

 
Uno de los desafíos del Consejo de la Cultura es formar nuevos espectadores. Es necesario trabajar hacia la ciudadanía desde el ámbito de la formación y que sean partícipes de la circulación de las obras artísticas que hay.

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