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EDICIÓN | Abril 2014

Luchadora Enérgica

Marianne Hornung Chorobinski, directora Campos Deportivos Llacolén
Luchadora Enérgica
La única mujer en el directorio de Campos Deportivos Llacolén, Marianne Hornung, no se queda en la oficina. Está permanentemente en terreno, escuchando, observando, “porque hay que estar ahí para saber qué es lo que pasa”, afirma.

por Soledad Posada M. / fotografías Sonja San Martín D.

Esta enfermera de profesión no deja tarea sin hacer. Su lema, No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy, la ha llevado a nunca dejar de aprender e interesarse por las más diversas actividades. Con una tercera edad llevada en plenitud, Marianne Hornung, día a día, renueva su espíritu y el de muchas personas a su alrededor que admiran su capacidad de liderazgo y de emprender cualquier proyecto que la entusiasme. Por fuera, una mujer que todo lo puede; por dentro, un alma sensible que ha sabido sobreponerse a las peores desgracias que puede vivir un ser humano, como lo es la pérdida de un hijo, y en su caso fueron dos.
 
DE NIÑA A MUJER
 
Valdiviana de nacimiento, hija de un administrador de fundo y de una dueña de casa, Marianne pasó la educación básica y media entre internados y pensiones hasta cursar Enfermería en la Universidad de Concepción. Al recibirse, se fue a vivir a Osorno, como jefa de enfermeras del Servicio Pediátrico de SERMENA (Servicio Médico Nacional de Empleados de Chile). En esa época nació su hijo mayor, Claudio. Luego, volvió a Osorno, a trabajar en su mejor experiencia como líder, en el consultorio de Rahue. “Fue muy enriquecedor el contacto con la gente, la labor educativa, de crear conciencia y hábitos en la población”, afirma. Durante su permanencia en Osorno, dio a luz a su segundo hijo, Mauricio, en 1970.
 
Embarazada de su tercer hijo, Cristián, se fue a Los Ángeles, en 1972. El niño nació muy enfermo y murió al año de vida. En esa ciudad, trabajó en la Clínica Los Ángeles y, posteriormente, en el Servicio de Urgencia del Hospital Regional.
 
LLEGA A CONCEPCIÓN
 
Separada de su marido y pensando en el futuro de sus hijos, decide irse a Concepción, donde la contrataron como enfermera jefe de la Mutual de Seguridad, entre 1979 y 2000. En esos años, la institución pasó de ser una clínica pequeña a convertirse en un hospital grande. Además, formó parte de la tripulación del primer avión ambulancia que llegó a la zona.
 
En 1988, muere en un accidente automovilístico su hijo Claudio, una de las experiencias más duras que sufrió, pero que logró sobrellevar. De él guarda numerosos recuerdos, pero el más importante es una carta escrita por su hijo fallecido que halló entre sus cuadernos, “una hoja dobladita que encontré seis meses después de su muerte, donde escribió que sufría porque yo no tenía el tiempo suficiente por tener que trabajar mucho para criarlos”.
 
ALTRUISTA Y DEPORTISTA
 
Fue madrina de una niña perteneciente a un hogar de menores, a quien todos los fines de semana recibía en su casa. Salía de vacaciones con ella y su hijo Mauricio. Además, a los cincuenta y siete años, comenzó a entrenar atletismo, compitió en Uruguay y ganó medalla de plata en el lanzamiento del disco. Al jubilar, participó en múltiples encuentros internacionales de adultos mayores, donde salió elegida reina. Lo que, sin duda, da cuenta de su carisma.
 
¿Cuál fue tu mejor experiencia profesional?
Una fue como enfermera jefe de un consultorio con una gran población por atender y problemas con el personal. Se veía un panorama muy negativo. Yo tenía solo cuatro años como enfermera, por lo tanto, era un gran desafío profesional. El trabajo en equipo, conseguir beneficios para el personal y sus familias, la labor en terreno y lograr recursos humanos y materiales para mejorar las condiciones del consultorio, fueron algunos de los logros. Este llegó a ser uno de los mejores consultorios de esa época en Osorno. Solo como anécdota, yo debía visitar los policlínicos a caballo, y lo hice, incluso, embarazada.
 
Integré la tripulación del primer avión ambulancia de Chile, fue un gran desafío, pues no había experiencia en Chile sobre qué pasaba en altura con pacientes con diferentes patologías. Investigué y compartí mis conocimientos con varios servicios y enfermeras del país. Aterricé en lugares sin pistas, como una pampa en Coelemu llena de vacas, donde un helicóptero tuvo que espantarlas para que pudiéramos bajar. Nos entregaron un paciente que hizo un paro cardiaco, sin embargo, logramos llegar con él vivo a Concepción.
 
¿Cuál es tu característica principal en los trabajos que has tenido y que has mantenido ahora como miembro del directorio de Llacolén?
Creo que tengo dones que Dios me dio, condiciones de líder, mucho sentido de responsabilidad, muy creativa y con gran capacidad de organización. Si esos dones no se ocupan, se atrofian. Cuando asumo algo es para mí un desafío. No sirvo para ocupar cargos si no soy un aporte. Si debo hacer algo o solucionar algo es para hoy. Mientras más postergas las cosas, más se complican. Mi lema es: No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy.
 
¿Qué les dirías a los recién jubilados cuando se dan cuenta, de un día para otro, que el tiempo de trabajar se acabó?
Pensé que por lo inquieta que soy, iba a ser muy difícil dejar de trabajar, pero un día decidí renunciar a mi cargo de jefatura, pues muchos años como jefa agotan. Renuncié hace trece años. Fue una muy buena decisión, me faltan horas del día para hacer cosas. Organizo viajes, eventos, tertulias, hago deporte, comparto mucho con las personas; cuando alguien necesita de mi apoyo, soy feliz si puedo ayudar; mis nietos ocupan mi tiempo; pinto, hago cerámica. Pasan las horas y los días volando. He viajado y conocido mucho. O sea, la vida no se acaba con el trabajo, al contrario.
 
SUPERACIÓN PERSONAL
 
¿Cómo te sobrepusiste a la muerte de tu tercer hijo, siendo un bebé, y dieciocho años después, a la muerte de tu primogénito?
Mi tercer hijo murió al año de vida, lo vi sufrir tanto durante todo ese año, de hospital en hospital, y al final dos meses conectado a ventilación mecánica, le pedía a Dios “Señor, que sea lo mejor para él”. Me preparé de a poco, pues sabía que partiría y ya no sufriría más. Claudio, partió a los diecinueve años, era estudiante de segundo año de ingeniería, con un futuro por delante; un joven valioso, un maravilloso hijo, que se fue bruscamente en un accidente. Es algo que duele toda la vida, pero también Dios te da fuerzas y más si te queda un hijo por quien luchar, pues debes salir adelante. Él fue mi fuerza para seguir acá.
 
¿En qué te ayudó aprender cerámica y pintura?
Todo ayuda, la pintura fue una de mis terapias. Si miro mis cuadros veo mis avances. De ser cuadros oscuros, sin vida, ahora tienen mucho color. En cerámica, me gusta crear, hacer figuras de greda, es una muy buena terapia. También, he trabajado en vidrio y vitrales. Todas son técnicas muy lindas.
 
¿Qué te gustaría transmitir a tus nietos, que les sirva para la vida?
Los valores esenciales del ser humano, la responsabilidad en todo lo que emprendan, el respeto por las personas, la vida en familia con mucho amor; que luchen por lograr lo que quieren y que sean el orgullo de sus padres.
 
¿Te volviste a casar?
Quedé sola muy joven, a los treinta y dos años, y siempre fue prioritario criar a mis hijos. Ellos no tienen la culpa del problema de sus padres, entonces me dediqué a ellos y a mi trabajo. Lo pasaba muy bien, tenía muchas y buenas amistades. Siempre fui muy independiente y voluntariosa, no quería que nadie me limitara. Pero pasa el tiempo y ya no se sale tanto, te quedas en casa y ahí empiezas a sentir la soledad. Ahora, pensé, puedo tener un compromiso con alguien, y llegó a mi vida un hombre noble, entretenido y con mucha paciencia. Es mi gran compañero desde hace nueve años. Con él llegaron sus cuatro hijos y nietos. Ellos fueron mis puntales cuando mi hijo vivió en Canadá, para estudiar y trabajar. Siento que mi familia creció y estoy feliz.

 

 
“La muerte de un hijo es algo que duele toda la vida, pero también Dios te da fuerzas y más si te queda un hijo por quien luchar, pues debes salir adelante”.

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