Lyon siempre fue deportista. Durante varios años hizo natación y luego salto con garrocha, prueba que lo llevó a competir por Chile y a ganarse una beca deportiva para estudiar en Estados Unidos. Después de recibirse como ingeniero civil se quedó trabajando en Houston. “Volví a Chile hace quince años, y en Estados Unidos siempre practiqué deporte, pero con harta pega, entonces trotaba o andaba en bicicleta pero a nivel recreativo”, cuenta. Fueron algunos amigos del equipo de los Fullrunners, a su regreso, quienes lo invitaron a unirse a pedalear. “Me costó mucho al principio. Yo decía qué hago acá con estos locos que recorren ochenta kilómetros al día y me dejaban atrás, pero lo logré y pude pedalear con ellos”. Hasta que un día lo invitaron a pasar una prueba que lo marcó con fuego: cruzar la Cordillera de Los Andes en bicicleta. “Pensé que no podría, y aunque dije, “no” esto es de locos, fui y pude. Fue una experiencia religiosa, los parajes más lindos del mundo, con adrenalina al tope. Ahora es una de mis rutas favoritas.”
Esa es la mejor parte. En unos hoteles espectaculares. Llegas cansado y te atienden muy bien. Son tres paradas: Hotel Portillo, Hotel Uspallata y Hotel Hyatt de Mendoza.
Unas dos horas y media, a veces tres.
DISCIPLINA EN EL ENTRENAMIENTO
Como ya tenía familiaridad con la natación desde su juventud y con la bicicleta se estaba poniendo a tono, lo único que requeriría de trabajo ahora era el trote. “Cuando vi a gente de mi edad que hacía triatlón, pensé que era casi imposible, pero el cuerpo se entrena, con disciplina todo se puede”.
¿Cuál de las tres pruebas es la que más te cuesta?
El trote. Yo fui velocista, imagínate, y además me operaron de ambas rodillas hace algunos años. Esos dos factores me juegan en contra a la hora de correr veintiún kilómetros sin parar. Pero estoy trabajando en el trote, porque según los entendidos, el triatlón se gana o se pierde en el trote; el que corre bien, tiene gran parte de la carrera asegurada.
Durante los cinco meses previos a una triatlón, como la de Pucón o Canadá, Raúl debe entrenar seis veces por semana, entre las cinco y las siete y media de la mañana. “Te preparas físicamente en base a un objetivo específico, dependiendo de la carrera a la que decides ir. En septiembre voy a Canadá a una Ironman igual a la de Pucón. Los volúmenes que necesito cubrir semanalmente son diez mil metros de nado, entre doscientos y doscientos cincuenta de bicicleta y alrededor de cincuenta y sesenta kilómetros de trote”.
¿Y es sano exigirle tanto al cuerpo?
Buena pregunta. Yo creo que hay límites. Me han invitado varias veces para que haga un Ironman completo y no he querido porque se debe aumentar mucho el entrenamiento y la carrera es el doble, te puedes lesionar rodillas, caderas, espalda. Si haces triatlón por muchos años y muy fuerte, hay secuelas inevitables.
¿Y cuál es tu límite? ¿Hasta cuándo?
Depende de cada persona y cuanta intensidad le pongas. Personalmente, creo que en uno o dos años más voy a bajar el ritmo.
SANAMENTE ADICTIVO
¿Y por qué te gusta tanto esto de practicar un deporte tan competitivo?
Es que no solo el triatlón, cualquier deporte entrenado a buen nivel te limpia la mente. Si quieres tener éxito en el mundo corporativo debes trabajar muchas horas (Raúl es vicepresidente de Geotec, la empresa de perforación minera más grande del país), tienes que entregar resultados, viajar, además de manejar un equilibrio con la casa, la familia y los amigos. A las dos horas y media diarias que destino al deporte, mucha gente no les da un uso muy productivo, quizá ver televisión, o irse a tomar un trago con un amigo, no sé. La actividad física es fundamental para mantener los equilibrios, el exceso de trabajo también enferma.
¿Y llegas bien a la oficina después de entrenar?
Claro. Cuando llego a mi trabajo llevo despierto mucho rato, he entrenado por varias horas, he comido, estoy con la mente a mil.
El esfuerzo del entrenamiento se mide en la competencia, ¿qué se siente ese día?
Es lo máximo, se mezcla alegría, emoción, reflexión. La parte más emocionante es la recta final, los últimos cincuenta metros, cuando ya visualizas la meta. Desde ese momento hasta cruzarla son segundos maravillosos y la razón de las cinco horas y media de carrera.
¿Y lo pasas bien mientras la corres, requiere mucha concentración?
En el nado, que es lo primero, vas bien apurado de aire, un tanto ahogado te diría, pero es lo más corto. La bicicleta requiere muchísima concentración, porque vas rápido, hay autos alrededor, otros competidores, no te puedes desconcentrar ni un segundo, un accidente en bicicleta puede ser fatal. En el trote te puedes relajar un poquito más.
LAZOS INDELEBLES
Raúl confiesa que el apoyo de su mujer en esta relación estrecha con el triatlón competitivo ha sido fundamental: “ella me apoya en todo y va siempre conmigo, es súper entretenido. La verdad es que mis dos hijas ya están casadas, entonces hay más espacio también y más independencia. Sin su apoyo esto sería imposible”.
¿Y en el entrenamiento hay partners también o es un camino más bien solitario?
No, solitario sería lo más aburrido del mundo. Si no fuera por mis partners no estaría en esto. Tengo un grupo con el que nado, otro con el que ando en bicicleta y el grupo con el que corro. Con estos últimos nos llamamos los “same same” porque debemos entrenar los martes, jueves y fines de semana, aunque llueve, truene o pase lo que pase. Somos súper amigos.