Caminar por el sector porteño de Coquimbo es una invitación a viajar hacia el pasado y encontrarse con el innegable legado que dejaron en estas tierras los marinos ingleses cuando llegaban en sus barcos durante el siglo XIX. Donde se respiran historias de corsarios y piratas, también se puede ver el surgimiento de un sector que supo convertirse en indiscutido punto de referencia turística para toda la región.
Por Juan Pablo Díaz U./Fotografías Philip Southern A.
<strong>Barrio Inglés de Coquimbo</strong>
Esta vez nos propusimos demostrar que para un buen recorrido turístico no es necesario alejarse demasiado de la ciudad. Frente al mar nos empapamos de historia y pudimos corroborar en terreno por qué Coquimbo aumentó considerablemente el número de sus visitas en la última década.
Hacia fines de los noventa, espacios que estuvieron por años abandonados fueron remodelados como parte de un plan para preservar el patrimonio cultural de Coquimbo. La administración comunal definió un sector como Zona de Conservación Histórica, calles y construcciones que reconocen una época, un lenguaje común, todo un sector estrechamente vinculado con el puerto y cuya influencia es notoria en la arquitectura de ese punto de la ciudad.
Así, el llamado Barrio Inglés revivió, se reintegró a la población para que disfrutara de una zona donde se junta la cultura, la gastronomía y la diversión. La imagen urbana cambió, pasó a ser más representativa de la historia de la ciudad y se restauraron edificios y fachadas de todo este sector.
Es impagable caminar por sus calles cuando el sol comienza a despedir el día para dar paso a la noche. El atardecer nos va mostrando un atractivo color en las antiguas casonas inglesas de principios del siglo XIX, muchas de ellas transformadas ahora en pubs, restaurantes o discotecas. La mezcla perfecta de pasado con prosperidad para ofrecer un epicentro de bohemia.
Esas fachadas que hoy se iluminan con letreros fueron testigo de quienes habitaron el lugar hace dos siglos. Hoy, tras ellas existen tiendas que ofrecen vinos, restaurantes con una amplia variedad de oferta gastronómica o galerías de arte y artesanías realizadas por creadores locales.
Hoy en Coquimbo es posible atravesar un portal del tiempo para caminar por una postal de los siglos XVIII y XIX. Cabe destacar que el barrio fue denominado inglés por el idioma de quienes lo habitaron y que rápidamente sobresalió en el Coquimbo de antaño por las finas viviendas que se alzaron con sus balcones en busca de una mirada al mar. La propia comunidad de inmigrantes fue introduciendo su estilo y diseño en esta arquitectura portuaria que contribuyó a consolidar esta expansión paralela a la vida social y comercial de la ciudad.
El arte, la música y el teatro son exponentes constantes en este sector de la ciudad. Tanto en las calles como en el interior de la Casa de Artes y la Casa de la Cultura, uno se encuentra con actividades espontáneas o exposiciones que engalanan la visita al barrio.
<strong>PIRATAS Y CORSARIOS</strong>
Avanzamos por el Barrio Inglés hacia el poniente, casi bordeando el sector costero, para conocer otro de los puntos interesantes de Coquimbo.
Serpenteando por las calles llegamos a Punta Pelícanos, donde en el cerro del Carmen está el Fuerte Lambert; ahí vemos un cañón que, en su momento, sirvió para defender el puerto en la Guerra del Pacífico. De casi dos toneladas, fue traído por Carlos Lambert, un próspero industrial de la época y de ahí el nombre del fuerte.
Este lugar fue construido durante la segunda mitad del siglo XVII, cuando los corsarios, a bordo de sus galeones, navegaban por las costas del norte de Chile y causaban terror en la población. Por eso, cuando uno lo visita se vuelve a topar con parte importante de la historia y entiende también por qué a Coquimbo se le llama tierra de piratas.
Al igual que el Barrio Inglés, este fuerte fue restaurado para dar vida a una de las zonas históricas más importantes de la ciudad porteña y así mejorar el entorno y las principales características típicas de esta valorada edificación.
Después de una inversión de casi sesenta y ocho millones de pesos, este espacio de setecientos sesenta y cinco metros cuadrados luce bellísimo e invita a un paseo en familia. Posee una vista privilegiada, cuenta con un café, y juegos para los niños.
<br class="spacer_" />
<strong>RUTA ILUMINADA</strong>
Nuestro recorrido por los rincones con pasado inglés en Coquimbo continúa hacia el sur poniente. Avanzamos por un camino serpenteante que nos lleva hasta el recinto de la Armada donde está el Faro Punta Tortuga, uno de los faros más antiguos de todo Chile, inaugurado el 1 de junio de 1886. Su nombre se debe a la similitud que tiene el lugar donde se ubica con una tortuga, mirado desde el mar, cuando los navegantes entran a la bahía de Coquimbo.
Aquí nos recibe el sargento Claudio Tapia, que lleva más de veinte años como farero de la Armada y que desde hace sólo un par de meses está a cargo del Punta Tortuga. Con él caminamos por los senderos y construcciones del lugar, como la antigua sala de máquinas hoy habilitada como sala de exposiciones. Se pueden encontrar fotografías de los faros más destacados de Chile, así como piezas y herramientas propias de esta actividad clave para la soberanía del país. El sargento Tapia recalca que "todos los faros indican un punto notable en la costa, ya sea de peligro, referencia o llegada a puerto. Este faro, en particular, anuncia la recalada al puerto de Coquimbo".
Este faro, que es visitado por más de dos mil quinientas personas al año, "tiene una base de fierro fundido, los soportes son de bronce, la cúpula es de cobre y el lente es de cristal con óptica de Fresnel. Ya no se fabrican así, este faro fue mandado a hacer exclusivamente para este lugar, por lo que otro faro de estas características no hay en todo el mundo", nos comenta el sargento Tapia.
Llegamos a una enorme roca en el borde costero, y ahí tenemos que subir por una escalera de madera que termina en el faro. Aquí la vista es impresionante, uno se topa de frente con la inmensidad del océano Pacífico, puede apreciar la isla Los Lobos y también alcanza a divisar las playas de La Serena.
Un poco más de historia, porque la función que hoy cumple nuestro anfitrión la tuvo Samuel Rodeles Martínez, el primer farero del Punta Tortuga a fines del siglo XIX.
La ciudad porteña cuenta con antecedentes de haber sido visitada por piratas en busca de protección por mal tiempo y se corre el rumor de que estos piratas escondieron tesoros compuestos por doblones y monedas de oro en cavernas ubicadas en el sector costero de Coquimbo.
Cae el sol, se enciende la luz del faro y con esa señal destellante en el horizonte nosotros despedimos nuestro recorrido por los rincones con pasado inglés en la comuna de Coquimbo. La invitación queda abierta para animarse con este paseo por la historia.
<br class="spacer_" />
<strong><em> "La imagen urbana cambió, pasó a ser más representativa de la historia de la ciudad y se restauraron edificios y fachadas de todo este sector".</em></strong>
<strong><em><br /> </em></strong>
<em></em>Nuestro Dato:
Café del Fuerte. Teléfono: 311264. Dirección: Camino al Fuerte sin número, Coquimbo. Contacto: <a href="mailto:cafedelfuerte@gmail.com">cafedelfuerte@gmail.com</a>
Faro Punta Tortuga. Teléfono: 311024. Contacto: <a href="mailto:farotirtuga@directemar.cl">farotirtuga@directemar.cl</a>
<br class="spacer_" />