Cuando se habla de economía, hay palabras y frases que de tanto manosearse pierden valor: innovación, oportunidades, emprendimiento. Sin embargo, cuando el actual presidente de la Asexma las menciona, todos estos conceptos cobran sentido y crean realidad, invitándonos a pensar cómo podemos lograr que nuestras iniciativas generen resultados provechosos, tanto para nosotros, como para quienes nos rodean.
Por Claudia Zazzali C. / Fotografías Andrés Gutiérrez V.
Cuando Roberto Fantuzzi habla, lo hace con tal convencimiento que, tarde o temprano, su auditorio cae rendido a sus pies. Y es que su narración es tan didáctica y pedagógica, que hasta el menos informado termina dominando temas relacionados con la economía a pequeña y gran escala.
Cada eslabón de la cadena de la productividad es aterrizado mediante ejemplos concretos, metáforas y una serie de historias de la vida real, que nos demuestran que la teoría solo cobra sentido cuando se acerca a la cotidianeidad.
Por eso, sin tapujos, habla sobre su propia experiencia frente al fracaso, cuando todo su mundo se derrumbó al quebrar la empresa familiar. Pero en vez de echarse a morir y quedarse llorando, decidió reinventarse y volver a la carga. De hecho, "Me caí y qué", es el nombre de una de sus exposiciones más famosas, donde relata cómo superar cada una de las etapas de un desacierto comercial, asociándolas a un duelo personal: primero se niega, se siente rabia y confusión, se pasa a la aceptación y luego, a la sanación, que implica querer, deber y poder hacer.
LA CREATIVIDAD
En cada una de sus charlas, Fantuzzi recibe a los invitados con un regalo. Pero no es el típico lápiz ni llavero, sino objetos que, en la medida en que transcurre la jornada, van adquiriendo sentido, pues para él es la mejor forma de lograr un alto grado de recordación. "Dejar una huella en las personas es fácil", asegura Roberto. "Lo más importante es sacarse los patrones impuestos y hacer volar la imaginación".
"En Chile, hay muchos empresarios que piensan a la antigua y no dan espacio al trabajador. El empleado, simplemente, debe acatar órdenes y ejecutar lo que se le dice, sin cuestionar ni pensar. Eso es frenar su fertilidad creativa, lo que no solo coarta su propio desarrollo, sino además impide que pueda aportar efectivamente al crecimiento de la empresa".
Fantuzzi está tan convencido de aquello, que junto a Asexma está recopilando al menos cien ejemplos de cómo muchas organizaciones han crecido, gracias al aporte de sus trabajadores. "El caso más emblemático es el de Coesam, los productores de rosa mosqueta, que debido a la crisis comercial que provocó el ataque a las Torres Gemelas, estuvieron a punto de irse a la quiebra", cuenta Fantuzzi.
"Ya a punto de declarar la quiebra, los dueños de esta exportadora reúnen a su equipo para darles la mala noticia. En ese momento, un operario sugiere intentarlo una vez más, reutilizando un desecho y convirtiéndolo en combustible para las calderas. Eran más de mil litros de petróleo los que se usaban mes a mes y que fueron reemplazados por lo que hasta entonces se botaba a la basura. Esta disminución de los costos fue lo que finalmente revirtió la situación, de una forma brillante".
Pero no siempre los empresarios dan el espacio para que el trabajador sugiera innovaciones...
Eso es un modelo que debemos derrumbar. Si muchas veces el trabajador sabe más que un ingeniero, porque estos últimos pueden aportar tecnología y estructura a una organización. Pero si al trabajador le das oportunidades, te puedo asegurar que demostrará que existen muchas formas de optimizar las tareas diarias, ya sea ahorrando recursos o haciendo más eficientes las etapas de producción.
¿Tiene que ver la formación académica que recibimos los chilenos?
Quizás ocurre que al buscar demasiada especialización, se pierdan algunos talentos en el camino. Pero creo que a estas alturas valoramos mucho más la diversidad de capacidades. De hecho, para mí un buen currículum no necesariamente debe centrarse en los estudios. También debe dar espacio a aquellas ocupaciones paralelas que pueden agregar valor a la empresa a la que se está postulando.
LA EMPRESA
Aptic es una empresa antofagastina que al cumplir su segundo aniversario decidió celebrar en grande, tanto con su equipo, como con clientes y proveedores. De hecho, son un ejemplo de cómo una situación de crisis puede transformarse en el momento preciso para darle el palo al gato. "En periodos complicados, la creatividad y el ingenio brotan a borbotones porque es nuestra única alternativa: o nos sentamos a crear alternativas o nos quedamos sentados mirando cómo se nos pasan las oportunidades por delante".
"En este sentido, Aptic ha logrado ser un ejemplo de emprendimiento, descubriendo una necesidad del mercado y aplicando todo su profesionalismo en lograr resultados de alto estándar. Esa es la fórmula: conocer el negocio, ser cumplidores, buscar el perfeccionamiento y nunca rendirse", relata Fantuzzi.
Otros elementos a considerar son el creerse el cuento y tener mucha paciencia. "Cualquier actividad tiene un margen de tres años para empezar a disfrutar del éxito. En esa primera etapa, debemos trabajar, trabajar y trabajar, manteniéndose siempre atentos a lo que pasa a nuestro alrededor y estudiando siempre", enfatiza el empresario. "Es que en Chile la gente asocia la imagen de empresario exitoso a los grandes millonarios y eso no es real. Un empresario exitoso es quien logra sacar adelante sus proyectos, a pesar de las innumerables barreras que se le presentan en el camino".
¿A qué barreras se refiere?
Hay muchas. Y yo creo que debiera ser absolutamente al revés: al que se atreve hay que hacerle un monumento. Imagínate, en estos momentos hay más de ochocientos mil empresarios en este país. De ese total, el 98% son micro y pequeñas empresas, es decir, tienen menos de diez trabajadores. Y para ellos hay toda clase de restricciones, por ejemplo, la cantidad de facturas que se pueden timbrar son un chiste, aunque el Servicio de Impuestos Internos es un ejemplo de eficiencia. Son contradicciones del sistema que se tienen que terminar; es la única forma real de lograr una mejor distribución de los ingresos en el país.
¿Y se puede superar tanto obstáculo?
El primer impedimento nos lo ponemos nosotros mismos y es el no atreverse. Tenemos miedo a equivocarnos, pero equivocarse es parte del crecimiento. En todas partes del mundo, a la mayoría de los empresarios le va mal en el primer intento. Henry Ford, por ejemplo, quebró cinco veces. Lo mismo que Walt Disney y la empresa Harley Davidson. ¿Cuál fue su gracia? No decaer y volver a intentarlo.
EL FRACASO
"Lamentablemente, en nuestro país, si la persona se cae, son pocos los que le tienden la mano y, peor aún, empieza el chaqueteo. Se cierran las puertas de los bancos y los colegas nos miran con desconfianza", cuenta con convicción Roberto Fantuzzi. "En los países desarrollados, en cambio, existe una conciencia del fracaso y, por ende, se asume como uno de los posibles resultados de una iniciativa".
¿Cómo se tomó usted su propia caída?
Cuando lo cuento parece que hubiera sido un proceso muy simple. Sin embargo, la cosa no fue nada fácil. Me vi rodeado por mis cuatro hijos y mi entorno cercano, esperando una respuesta. Ante eso, mi única opción era sonreír y reinventarme. Mi hermano Ángel no podía entender mi actitud tan positiva, pero si yo me deprimía, nada iba a mejorar. Me arremangué la camisa y comencé a dar charlas al respecto. Descubrí una nueva forma de generar ingresos, logré salir a flote y, finalmente, revertir la mala racha.
¿A qué atribuye el éxito de sus conferencias?
Creo que mis intervenciones tienen buena aceptación porque son lúdicas, con casos reales y mucho movimiento. Si casi ni hablo, muestro puras películas.
No sea humilde pues, si para elegir las películas hay tener las ideas bien claras...
Quizás ahí está la gracia, lograr que nos demos cuenta de que en todo lo que hacemos podemos inyectar ingenio. La sociedad va evolucionando y si queremos crecer a la par, debemos analizar el escenario en que estamos insertos y buscar la mejor manera de crearnos espacios.
LA VIDA
A Roberto Fantuzzi se le notan los antepasados italianos. De risa fácil y voz potente, se impone por presencia. Y aunque disfruta de los tradicionales almuerzos familiares, prefiere dedicar su tiempo libre para ir al cine con su señora, ojalá a los más clásicos, como el Biógrafo o el cine Tobalaba. "Las películas americanas son siempre de lo mismo. Yo me quedo con las que cuentan otro tipo de historias, como las francesas o las alemanas, aunque no me creo un experto en el tema".
¿Cómo es su rutina diaria?
Me levanto antes de las seis de la mañana todos los días del año y no me acuesto antes de las once de la noche. Como me aburro cuando no tengo nada que hacer, si estoy en la casa me las doy de gásfiter y ahí todos sufren. Al final siempre tengo que llamar a un especialista.
¿Siente que es un ejemplo?
Sería un poco cachiporra de mi parte. Más bien, creo que mi experiencia de vida me ha dado lecciones que puedo transmitir a otros y si eso contribuye a que las pymes se consoliden y surjan, tengo parte de mi tarea cumplida.
"En todas partes del mundo, a la mayoría de los empresarios le va mal en el primer intento. Henry Ford, por ejemplo, quebró cinco veces. Lo mismo que Walt Disney y la empresa Harley Davidson. ¿Cuál fue su gracia? No decaer y volver a intentarlo".