El deporte, específicamente el kitesurf, fue la inspiración que tuvieron Hernani Sobarzo y su socio Andrés Rodríguez para crear el Hotel Punta Sirena, ubicado en Curanipe, una localidad costera ubicada al sur de la región del Maule, casi en el límite con la del Biobío. Se trata de un lugar escondido que tiene una amplia playa de olas grandes, pero por sobre todo posee mucho viento —veinticinco a treinta nudos—, lo que la hace ideal para practicar los deportes de vela.
Para llegar a Punta Sirena es necesario internarse en la costa de Cauquenes, pasar por Pelluhue, luego Curanipe y estar muy atentos al camino de acceso, pues es difícil distinguirlo, ya que la idea es que el lugar mantenga un bajo perfil. La idea es que solo lleguen quienes de verdad quieran desconectarse de todo y disfrutar a concho de la naturaleza.
El DESTINO
Hernani conoció a su socio haciendo kitesurf. Ambos se hicieron muy amigos y compartieron la idea de materializar este proyecto, luego de haber recorrido varios países buscando las mejores olas para capear. Los dos coincidieron en que los hoteles que habían visitado no cumplían muchas veces con las necesidades de los deportistas, y fue así que decidieron apostar por Punta Sirena como un lugar creado para los amantes del mar.
¿Cuándo comenzó esta idea?
Poco antes del terremoto de 2010, con mi socio nos conocimos en el norte y nos unió la pasión por el kitesurf. Recorríamos Chile buscando las mejores playas y cuando terminaba la temporada aquí, nos íbamos a República Dominicana, Brasil y Perú. Nos hicimos muy amigos y llegamos a la conclusión de que en Chile hacía falta un lugar especial, con las comodidades necesarias, el paisaje, la playa y las olas.
¿Cómo llegaron a la región del Maule?
Sabía que existía una playa muy bonita que se llama Punta Sirena, pues soy de Parral y siempre he visitado la zona, que me encanta, pero acá no había nada. Para venir, teníamos que hacerlo en un todo terreno, pues era la única manera de internarse en la playa y armar los equipos. No era nada de fácil.
¿Cuándo comenzaron a concretar?
Antes del terremoto, Andrés llamó a Felipe Wedeles, dueño del Hotel Surazo que está en la playa de Matanzas —región de O’Higgins— y él nos contactó con su socio Jorge Manieu, quien se hizo cargo del proyecto en un ciento por ciento, pero se nos vino todo abajo con el sismo y tsunami del 27F La maqueta estaba lista, pero después de lo ocurrido el arquitecto nos dijo que ya no se podía mantener el plan inicial. Ahora había que construir todo en altura, con unos pilotes inmensos.
A POR EL SUEÑO
Antes de construir, estos emprendedores comenzaron a adquirir los terrenos, lo que incluyó un trabajo de perseverancia, porque los dueños no le venden a cualquiera. “Me costó un poco”, recuerda Hernani, pero finalmente, con la compra de varios lotes, lograron tener casi nueve mil metros cuadrados.
Luego, vino el gran cambio: los planos se hicieron de nuevo y el hotel alcanzó una altura de siete metros, ya que se construyó sobre unos pilotes gigantes, los que están, además, encima de una amplia base enterrada bajo la arena. Los trabajos comenzaron el verano de 2012 y recién se inauguró en enero de este año.
¿Qué características tiene el hotel?
Está hecho de madera de pino, aquí todo es rústico y sustentable, porque el pino crece muy rápido. El color es un símil del roble y las luces son LED de seis watts, lo que nos permite gastar muy poca energía. Todos los muebles fueron fabricados por Lucien Burquier, un francés radicado en Cauquenes: las mesas, las sillas, el bar, la escalera, el mueble de recepción y las repisas de las habitaciones. Aquí todo es madera. La construcción en sí no es muy agresiva, es harta madera y vidrio, por lo que no hay mucho impacto. La calefacción central funciona con pellet, menos contaminante que la madera y con una autonomía de setenta y dos horas.
¿Cuántas habitaciones tiene el hotel?
Tenemos doce habitaciones, seis en el ala norte y seis en la sur, todas con vista al mar y en suite. Son matrimoniales y dobles. También hay tres loberas; las llamamos así porque son espacios muy amplios con ocho camas cada una, tienen baño compartido y la idea es abaratar costos para los deportistas.
LA EXPERIENCIA
El hotel tiene, aproximadamente, mil cuatrocientos metros construidos y todos los materiales fueron adquiridos personalmente por sus dueños, quienes supervisaron la obra y la adquisición de todos los insumos. Hernani explica que esa es una de las razones por las que se han demorado casi veinticinco meses en construir, pues se preocuparon hasta del más mínimo detalle.
¿Ha sido difícil encontrar todos los materiales?
Fue un tema encontrar los materiales de acero, porque eran tres procesos que demoraban un periodo de cuatro a cinco meses para que todo estuviera bien y se necesitaron como dieciséis mil pernos y unos doscientos setenta anclajes.
¿Y la madera?
La construcción tiene muchas vigas, cerca de siete mil, varias sobre dimensionadas —vigas madre—, las que fueron hechas artesanalmente con motosierra, por unas personas de la zona, ya que tienen tres pulgadas y media de canto por doce de ancho y seis metros de largo, ultra resistentes.
¿Y los detalles?
Las separaciones entre los balcones de cada habitación son de varas de eucaliptus, es el sello del arquitecto. Además, para que los pilares que soportan la estructura no se vieran tan duros, se construyó un muro de piedra, con elementos típicos de la zona de Cobquecura y las protecciones para los niños en los balcones son de malla de pescador.
¿Cómo ha sido la experiencia?
Bonita y estresante a la vez. Porque no puedo dejar de lado mi trabajo y fui el encargado de comprar los materiales, lo que no fue nada de fácil. Hubo días en que dormía muy poco, y una época en que me quedé solo y tuve que hacerme cargo de la construcción por tres meses y medio, hasta que llegó Florent Dromard, un ingeniero civil que se quedó ayudándonos.
¿Qué podemos encontrar en Punta Sirena?
Calidez y buen servicio. Además de clases de yoga, trekking —en las reservas Los Ruiles, Federico Albert y Los Queules—, visitas a huertos de frutillas, clases de kitesurf, de windsurf, surf y sup, deporte que se hace con una tabla y un remo. Por otro lado, tenemos un restaurante exquisito con una amplia terraza de deck en donde se puede disfrutar del paisaje. Pronto queremos incluir una piscina y un salón de eventos.