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Entrevistas

EDICIÓN | Abril 2014

Empoderada

Macarena Pizarro, periodista
Empoderada
Abanderada por el periodismo ciudadano, sindica a su casa televisiva como la precursora de esta nueva forma de tratar las noticias. “Definitivamente, los medios hemos tenido que adaptarnos a esta nueva era en la que todos son comunicadores”, señala. De los cambios que le haría al Festival de Viña, del conflicto que vive Venezuela y de su rol como comunicadora, nos habla Macarena.
por Macarena Ríos R. fotografía Teresa Lamas G.
Son las doce del día en el Sheraton Miramar y aparece Macarena con una túnica de colores claros y sandalias. Se la ve descansada, aun cuando ha debido trasnochar hasta cerca de las cuatro de la mañana en su rol de jurado del Festival de Viña. Pero a la hora de los balances, saca cuentas alegres: “ser jurado ha sido unagran experiencia”. La ausencia de maquillaje  deja ver su cara pecosa, mientras me cuenta que por la tarde espera la llegada de sus pequeñas hijas Ema (6) y Julieta (4).
 
¿Es necesario tener conocimientos técnicos para ser jurado?
Creo que en el jurado debe haber personas que evalúen desde esa perspectiva, pero también me parece bueno que exista gente sin esa especialización. La música no solo se trata de perfección en los acordes musicales, sino de comunicar. Una canción puede estar muy bien compuesta, ser perfecta técnicamente y aun así no llegarte.
 
¿Qué cambios le harías al festival?
Definitivamente, el horario. Hay que buscar una fórmula para que sea más temprano. No puede terminar a las cuatro de la mañana.
 
Dijiste que una forma sería fusionar las competencias…
Tal vez dejar solo la competencia folklórica, porque hay una diferencia abismal entre la calidad de esta y la internacional.
 
¿A qué lo atribuyes?
Pienso que los buenos compositores de música popular, los consagrados, no se arriesgan a mandar composiciones a un festival; en cambio los compositores folklóricos, como tienen menos plataformas para darse a conocer, usan los festivales para hacerlo y no sienten que es un desprestigio participar y no ganar.
 
¿Festival de las antorchas?
Creo que la organización asumió que es con antorchas y gaviotas. Antes de estar en el jurado, me daba pudor ver cómo los artistas eran interrumpidos una y otra vez para recibir estos premios, pero resulta que les gusta. La misma Paloma (San Basilio) me decía que se quería llevar todas las antorchas y todas las gaviotas. El equipo completo de Melendi dijo que dejaba de fumar si se llevaban los premios. A los artistas les importa, lo valoran. A veces somos buenos para chaquetear nuestras propias tradiciones.
 
Resulta inevitable comentar el desempeño de Carolina de Morás. “La Carola lo hizo muy bien, con las características propias de una debutante. Se ganó el respeto y el cariño del público y supo comunicar muy bien y eso es todo lo que se espera. ¿Por qué quieren más?, ¿por qué piden más?, ¿por qué analizar si la costura del vestido se veía o no? Siento que es un rol muy difícil, que es un escenario complicado, ni siquiera por el monstruo. Nadie le tiene miedo al monstruo. El monstruo está afuera, en los alrededores de la Quinta Vergara. El público ya no es el monstruo. El verdadero monstruo es todo el ambiente que se teje alrededor. ¡Hay que ser muy valiente para enfrentarlo!”.
 
¿Críticas interesadas entonces?
Absolutamente. Hay que buscarle defectos a un festival que en los últimos años ha crecido enormemente. Estoy segura de que nadie pudo haberlo hecho mejor que Chilevisión en estos cuatro años; le ha agregado valor al festival no solo por la calidad de los artistas y de la transmisión, sino por la forma en que integró a los otros canales.
 
EN LA TRINCHERA
 
La Maca dice que no cree en los “desperfilamientos”, que ser buena comunicadora es muy distinto a ser buena animadora y que si hubiera elegido otra carrera, estaría igual de feliz y realizada que ahora. La Maca, la misma que ha ganado varios reconocimientos durante su carrera, no tuvo claro que sería periodista. En un principio coqueteó con la medicina, se metió al área científica cuando estaba en el colegio e incluso dio la específica de química. Pero si bien postuló a ingeniería comercial y sicología, fue el periodismo el que salió victorioso.
 
¿El mejor consejo?
La filosofía de vida de mi mamá: cuidar a la familia y a los amigos.
 
¿La noticia más difícil que has tenido que cubrir?
El terremoto. Ese mismo día me tuve que ir a Concepción sin saber con lo que me iba a encontrar. Fue muy difícil llegar allá, lo hicimos en helicóptero, porque no había aeropuerto ni aviones. Nos paramos en la carretera e hicimos dedo a la ciudad. Nos dejaron en el edificio Alto Río. Fue muy fuerte, veía las piezas de los niños, sus camitas, los juguetes, la ropa. A medida que rescataban los cuerpos, iban dejando esas cosas afuera, en las esquinas, en las veredas, en la calle. Fue súper doloroso y conmovedor, piensa que la Julieta en ese entonces tenía meses y como mamá me tocó muy profundo.
 
¿La más inesperada?
La renuncia de Longueira a la candidatura. Fue súper sorprendente.
 
¿La más impactante?
La caída de las torres gemelas. El mundo no estaba preparado para eso. De ahí en adelante se perdió la seguridad de caminar por las calles. Era esperable en Oriente, pero no en un país occidental donde la confianza y la seguridad eran tremendas.
 
¿Cómo ves el conflicto de Venezuela?
No quiero ahondar en ese tema ahora, es una situación muy complicada la que se está viviendo. Es muy difícil analizarla, más aún cuando existe una dificultad real de obtener información certera, verídica y comprobable de lo que está sucediendo en ese país. Pero ha sido el gran tema en este festival. Todos los artistas se han referido a lo que está pasando en Venezuela. Es muy difícil tomar partido, sobre todo cuando hubo una elección democrática, pero me parece que los presidentes y las autoridades internacionales no pueden quedarse callados ni hacerse los ciegos frente a lo que está ocurriendo. Es un país que está sufriendo y hay que tomar cartas en el asunto. Yo no soy partidaria de los golpes, no me parece bien que se intervenga por la fuerza, pero tiene que haber una intervención que busque mediar, que busque la reconciliación. Si no logran ponerse de acuerdo entre ellos, siento que es un deber moral que otros intenten mediar por ellos y acercar posiciones.
 
PERIODISMO CIUDADANO
 
Macarena disfruta sobremanera el poder reportear y la adrenalina que generan en ella las noticias. “Cuando me mandaron al sur a cubrir la erupción del volcán Chaitén, no teníamos dónde alojar. Tuvimos que tocar puerta por puerta para ver si alguien nos arrendaba una pieza en las pocas casas que estaban habitadas. Y aunque sobrevivimos a pura sopaipilla los días en que nos quedamos allá, lo pasé bien, me sentí totalmente realizada, haciendo lo que me gusta”.
 
A fines del año pasado obtuvieron el primer lugar en rating por el noticiero central, que conduce junto a Iván Núñez. “Hace años que el canal abrió un espacio para que la gente hiciera la pauta, y les enviara los temas que a ellos les preocuparan. De ahí en adelante, escuchar las denuncias que nos llegan ha sido el inicio de grandes historias como el caso Zamudio, que terminó cambiando la legislación de nuestro país o el del carabinero y la niñita adoptada que llegó al canal a pedir que lo escucháramos, que lo ayudáramos y así, miles de historias que no hubieran existido si Chilevisión no hubiera abierto las puertas a fuentes distintas que no fueran las oficiales. Yo creo que eso es hacer periodismo ciudadano, es escuchar la conversación que está teniendo la ciudadanía y llevarla a la pantalla.
 
¿Lo mejor que nos dejó Piñera?
El posnatal de seis meses. Un gran logro.
 
¿Serías nuevamente rostro de una campaña publicitaria?
Habría que analizarlo muy bien. Yo no necesariamente le pido autorización al canal, le pido consejo personal. Todos los pasos que he dado en mi carrera han sido con el consejo de mis jefes, con los que tengo mucha confianza y cercanía.
 
En algún minuto hiciste un programa de radio junto a Fernando Paulsen, Palabras sacan palabras, ¿te acomoda el formato radial?
Me encanta. Lo dejé exclusivamente por tiempo, porque mis niñitas son chicas y si bien es una muy buena plataforma para trabajar, y un medio apasionante, la verdad es que sentí que tenía que dedicarme a la televisión y dejar todo el tiempo libre que tuviera para mis hijas. Ya llegará el momento de volver a la radio.
 
¿Tu piedra angular?
Adrián, mi marido, que es mi mayor consejero. Es muy asertivo y certero.
 
¿Qué heredaste de tus papás?
De mi papá, el pasarlo bien siempre, esté donde esté, y la curiosidad e inquietud intelectual. Soy súper gozadora y muy curiosa. Siempre estoy preguntando, averiguando, conociendo… De mi mamá, la preocupación constante por los demás, de que todos estemos bien, de que estemos contentos. De ella aprendí el entregarse al otro. La mayor de cuatro hermanos —que ahora está leyendo Dispara, yo ya estoy muerto de la española Julia Navarro—, viene de una familia muy apatotada, muy unida, que habla y chatea todo el tiempo, y que usa el campo que tienen en Catapilco como centro de operaciones durante el verano. “Abrir las ventanas en las mañanas y ver el campo es sinónimo de felicidad, es mi lugar en el mundo”, comenta con una sonrisa

 

 
“He aprendido que si estás siempre ayudando a los demás, eres más feliz porque no estás ensimismada en tus problemas, en tus angustias, en tus inquietudes, no tienes tiempo para eso”.

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