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EDICIÓN | Abril 2014

Las banderas de Rancagua

Por Patricio Díaz G. Licenciado en Derecho e Investigador Asociado al Museo Regional de Rancagua.
Las banderas de Rancagua
Este año se conmemoran los doscientos años de la batalla de Rancagua, y si bien aún no hay indicios de los eventos que se realizarán para esa fecha, quisiéramos recordar uno de los hechos más desconocidos y olvidados de dicha cruzada. Nos referimos a las banderas que flamearon en medio de la lucha.
Cuando Mariano Osorio, brigadier realista, entró a la ciudad en la tarde del 2 de octubre, ordenó recoger las banderas del Ejército Patriota que quedaban en Rancagua. Eran cinco, dos de la Patria Vieja, una grande y una chica, y tres banderas coronelas representantes de las divisiones.
 
Osorio, que era devoto de la Virgen del Rosario, las envió a Lima a fines de octubre de 1814 con el siguiente mensaje para el virrey: “Las cuatro banderas pequeñas cogidas en Rancagua y la grande tomada en esta ciudad, deben ser conducidas con la mayor pompa posible al convento de Santo Domingo para que se coloquen a los pies de Nuestra Señora Del Rosario” . Y así se hizo, las banderas estuvieron en dicho convento hasta 1821.
 
Cuando el Ejército Libertador entró en Lima, San Martín, en persona, fue al convento de Santo Domingo y ordenó coger las banderas, y se las envió a Bernardo O´Higgins a Santiago, donde fueron recibidas con discursos y fiestas públicas. Se exhibieron en el balcón del edificio de gobierno en la plaza de Armas de la capital. O´Higgins, sabiendo la importancia de estas banderas para la ciudad, ordenó al capitán Antonio Millán, uno de los héroes de 1814, remitirlas con la debida pompa a Rancagua, donde llegaron el 30 de septiembre de 1821. Hubo siete días de fiesta y se instalaron en la catedral de Rancagua para que el pueblo las admirara.
 
En 1868, cuando se repatriaron las cenizas de Bernardo O´Higgins, las banderas viajaron a Santiago y flamearon en la catedral detrás de la urna del Libertador. Desde esa fecha se perdieron. Según Garay Reyes, se entregaron a una señora de connotada familia para que las guardara, y jamás volvieron a Rancagua . No existen más datos sobre la existencia de ellas.
 
Este es el año ideal, para que quien sepa del destino de estas banderas saque la voz, y nos pueda contar que pasó con ellas, si aún existen y dónde están. Y si lamentablemente ya no existen, sería un gesto que la municipalidad o de la entidad que organiza la conmemoración de los doscientos años, ordenara construir unas réplicas de estas banderas y que ellas pudieran flamear nuevamente en la Plaza de los Héroes de la ciudad, para recordar el heroísmo que inmortalizó a la ciudad de Rancagua.
 

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