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EDICIÓN | Abril 2014

Atrevidos y jugados

Mamba, calzados artesanales
Atrevidos y jugados

Esta es la propuesta de Carola y Cristián. Dos jóvenes emprendedores que, hace un par de años, diseñan, cortan, aparan y arman un calzado con sello propio y a mano. Botas, botines, chinitas, zapatillas, chalas y sandalias son el resultado de una atractiva combinación de telas y cueros en diferentes colores y formas. Caminar con Mamba, para sus creadores y clientes es, también, un estilo de vida.

por Verónica Ramos B. / fotografía Patricio Salfate T.
Un pequeño dormitorio, ubicado en el centro de la casa, fue transformado en el taller de Mamba. Mesones, máquinas, hormas, brocatos, lonas lisas y estampadas, cueros, plantas y una serie de materiales forman parte del creativo mundo de Carola Navarro y de su pareja, Cristián Vargas. Ella es diseñadora de interiores y él, estudiante de música de la Universidad de La Serena. Unidos por el amor y el arte, dieron el impulso necesario que requería este emprendimiento, pues sabían que en sus manos estaba la posibilidad de aumentar la producción de una prenda que, sin duda, se ha convertido en la debilidad de gran parte de las mujeres.
 
Fue Carola quien partió con la idea. Al tiempo de egresar, nació su hijo y esto la motivó a dedicarse a la decoración infantil. Fabricaba cubrecamas y cortinas, pero su fuerte eran los cuadros pintados en acrílico y los de goma eva termomodelada. Decidió, entonces, emigrar de Santiago y optó por La Serena. Al llegar a esta ciudad, tenía muy claro trabajar de manera independiente; sin embargo, no sabía qué área del diseño sería su camino.
 
¿Qué te motivó a fabricar zapatos?
Cuando llegué a La Serena, decidí dedicarme a un solo producto, porque si me llenaba de pedidos en materia de decoración, no daría abasto. Pensé en los zapatos, porque sabía que a futuro podía crear un taller y contar con personas que me ayudasen. Vi una mayor proyección en esto.
 
Y porque es una de las prendas favoritas de la mujeres…
¡Sí, en lo personal me encantan! Recuerdo que en Santiago conocí a una joven que hacía botas artesanalmente, pero al verlas encontré que no estaban bien hechas. Tenían hilachas colgando y no tenían forro… me llamó la atención que, a pesar de esto, las vendiera. Soy muy perfeccionista y por un tiempo se quedó en mi memoria esa imagen de la bota mal elaborada, entonces opté por dedicarme a esto, pero haciéndolo bien.
 
¿Aprendiste sola o buscaste ayuda?
Lo primero que hice fue desarmar una bota mía para ver todas las piezas. Busqué información por internet y, luego, viajé a Santiago a conocer de cerca el trabajo de los zapateros. Ellos son muy reacios a compartir sus conocimientos, porque este es un oficio de tradición. Indagando sobre cómo fabricar zapatos, descubrí que una prima de mi madre era aparadora de calzados y que un bisabuelo había tenido una reparadora.
 
Fue ella la que, junto al zapatero con el que trabajaba me enseñaron varias cosas. Compré algunos insumos, entre ellos, una horma y diseñé un botín de cuero.
 
¿Quedaste conforme con el resultado?
Visité nuevamente al zapatero que trabajaba con la prima de mi mamá y le pregunté qué le parecía. Él me dijo: ¿esto es lo que tú quieres hacer? y le contesté: ¡esto es lo que yo hice! Me miró no muy convencido, tomó el zapato, lo revisó por todas partes y comenzó a preguntarme los detalles de la confección. Finalmente me dijo que estaba bien hecho y me dio algunos consejos.
 
¿Esto te motivó a persistir con la idea?
Sí, porque al principio los zapateros no me tomaron muy en serio. Además, este rubro es bien machista, prácticamente no hay mujeres que se dediquen a esto.
 
¿Finalmente, cómo lo hiciste?
Primero hice una maqueta en pequeña dimensión, eso me tomó un día. Después, lo elaboré, aplicando los conocimientos de diseño aprendidos en mi profesión. Así comencé a diseñar botines y a mostrar mi trabajo por Facebook.
 
COMODIDAD AL CAMINAR
 
Fueron cinco pares de botines los que Carolina incluyó en su vitrina virtual. Los pedidos comenzaron a aumentar, hasta que conoció a un grupo de diseñadoras de La Herradura y participó en su primera exposición en Patio Abierto. “Para esta muestra hice dieciséis pares de zapatos. Era mi primera experiencia en un colectivo y surgió tan rápido que, incluso, no tenía marca, ni etiquetas”, acota Carolina.
 
¿Y cómo fue la recepción de la gente?
Recibí muchas felicitaciones, porque el diseño es original y los colores son muy atractivos.
 
¿En qué momento toma mayor fuerza este emprendimiento?
CN: Cuando Cristián comenzó a trabajar conmigo. En febrero del 2013, tomamos la decisión de formalizar la empresa familiar. Desde entonces, aumentó la producción, diseñamos diferentes modelos para mujeres, hombres y niñas y empezamos a entregar nuestros productos a las tiendas. CV: Progresamos en cantidad y calidad. El aprendizaje fue constante y se enriqueció gracias a la autocrítica, pero de una forma constructiva. Carola postuló al Capital Abeja y esto nos permitió comprar una máquina entapadora, insumos y hormas.
 
¿Y cómo definen su propuesta?
CN: Primero que es un trabajo artesanal, de mucha dedicación y con un resultado de calidad. Es un calzado bastante cómodo y confortable al caminar. Partimos con una primera línea que es más atrevida, donde el zapato es el protagonista del vestuario, es decir, los colores de las telas y cueros son predominantes. Una segunda línea, es un calzado más sobrio, que permite combinar con toda la ropa. CV: Nuestros diseños están dirigidos a personas que se atreven, porque sale de lo tradicional. No seguimos tendencias, ni lo que está de moda, nuestra propuesta es única y está enfocada en un estilo muy particular.
 
¿Cómo se distribuyen las labores?
CN: Los diseños los elaboramos juntos. Yo hago los dibujos y Cristián da su opinión. Dependiendo de la temporada, sacamos los modelos y vemos si la línea será en cuero, tela o ambos, con broches o ganchos, etc. CV: Planificamos los cortes de acuerdo con la numeración del calzado. Carolina marca ycose el calzado y yo hago el corte y armado. El entapado, es decir, poner la planta al zapato, lo hacemos juntos.
 
¿Utilizan material reciclado?
CN: Usamos cueros nuevos y también de reutilización, compramos chaquetones de diferentes colores y los cortamos.
 
¿Cuánto demoran en hacer un par?
CN: Un día, pero como fabricamos en serie, podemos sacar dos o tres pares. CV: Cuando tenemos muchos pedidos, trabajamos cada proceso diariamente, es decir, un día solo para cortar, otro día para aparar y otro para armar.
 
ESTILO DE VIDA
 
El balance de la venta durante la temporada de verano fue muy positiva para Carolina y Cristián. Fueron meses intensos y de poco descanso, donde la producción de chalas, sandalias y chinitas acapararon los esfuerzos de estos jóvenes emprendedores. Ya en enero, debieron comenzar a diseñar una próxima línea de otoñoinvierno. Los botines, botas y zapatillas, en diferentes modelos, colores y aplicaciones, son los protagonistas de su nueva colección.
 
¿Cómo y dónde se pueden adquirir sus calzados?
CN: Nuestra principal vitrina es Facebook, especialmente para los clientes de otras ciudades. También a través de nuestro taller. La gente viene para acá y puede ver los diseños, probarse y elegir.
 
¿Cuáles son las proyecciones de Mamba?
CN: Producir para abastecer ciertas tiendas y, más adelante, contar con nuestro propio negocio. Nuestra intención es dar continuidad al diseño de autor y al comercio justo… no aspiramos vender al retail, porque este trabajo está dirigido a un público objetivo que valora el diseño y el trabajo hecho a mano. CV: Este trabajo tiene, para mí, un fondo cultural y estético. Mi aporte, en lo personal, es permitirnos que esta empresa siga creciendo, no pensamos solo en lo comercial, sino en cómo forjamos un estilo de vida.
 
“Queremos dar continuidad al diseño de autor y al comercio justo… no aspiramos vender al retail, porque este trabajo está dirigido a un público objetivo que valora el diseño y el trabajo hecho a mano”, Carola Navarro.

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