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EDICIÓN | Abril 2014

El cielo, un dulce límite

Jorge McKay, dueño de La Fête
El cielo, un dulce límite
Su apellido recuerda galletas y chocolates. Y su vida son las galletas y chocolates. Testigo del auge y caída de la empresa familiar, descubrió un nicho de negocios en el mercado del lujo, apostó todo lo que tenía y le dio al clavo. Hoy sigue creciendo y arriesgándose con esta fiesta del chocolate.

por Mónica Stipicic H. / fotografía José Luis Salazar A.

Aunque parezca un sin sentido, Jorge McKay no es fanático de los chocolates. Ni siquiera le gustan demasiado y debe comerlos, obligadamente, todos los días de su vida.
 
Estamos sentados en el que fue el primer local de La Fête, ubicado en Av. La Dehesa, haciendo memoria de todo lo que ha ocurrido en los últimos ocho años, en la velocidad con que esta idea vio la luz, se implementó, salió adelante y se transformó en un éxito. En cómo esta fête (fiesta en francés) se transformó en una celebración para sus clientes y sus creadores.
 
Pero para entender el concepto detrás de este negocio hay que meterse en la piel de uno de sus creadores: Jorge McKay, quien junto a los hermanos Giancarlo y Pablo Fantoni, dirige este exitoso emprendimiento. Imposible conversar con él y no recordar la frase “Galletas McKay, más ricas no hay”. Jorge es parte de la familia creadora de esa marca y parte importante de su crecimiento. Incluso, fue él quien estuvo a cargo de la venta de la empresa y su cierre y el único que siguió trabajando al interior de Nestlé el tiempo necesario para que el traspaso fuera total.
 
¿Cuánto te ha influido llamarte McKay?
Fue muy relevante durante mi niñez, cuando la marca era mucho más potente que ahora y tenía mucha presencia. Trabajé desde chico en la fábrica, era el hijo mayor y, como tal, me tocó acompañar mucho  mi papá. Iba todos los sábados en la mañana y trabajaba durante los veranos. Para mí era muy importante, vi cómo la empresa progresaba, cómo creció hasta tener dos mil empleados y después tuve que venderla. Fue súper fuerte, porque mi familia llegó a Chile a fines del siglo XIX a hacer eso, entonces fue heavy ser el que cerrara la puerta después de cien años.
 
¿Siempre supiste que ibas a trabajar ahí?
Siempre lo esperé. Eso fue quizás lo más difícil. Era mi destino, pero además me encantaba… conocía todo el tejemaneje, las máquinas, el funcionamiento, la gente, los proveedores. Era totalmente natural para mí.
 
A pesar del éxito familiar, sus recuerdos de niñez están marcados por la austeridad, por el ejemplo de trabajo constante y muy ceñido a la formación anglosajona. Por lo mismo, el día que la empresa familiar cerró sus puertas, no dudó un segundo en seguir trabajando. En lo que fuera. “No tenía ninguna fijación con seguir dándole vueltas al mismo negocio, estaba esperando a mi tercer hijo, así que había que apechugar no más, echarle para adelante”.
 
Como todas las grandes ideas, lo de La Fête surgió casi por casualidad o, como dice el propio Jorge, por un chispazo divino. “Estábamos de vacaciones en el sur, en la casa de Giancarlo, cuando su señora nos dijo que no existía nada fino y de calidad en el mundo de los chocolates y que debiéramos aprovechar mi experiencia para hacernos cargo de ese nicho. Yo llevaba un tiempo con ganas de hacer algo independiente, así que me hizo sentido altiro. Me puse a investigar, viajé, contacté a quienes nos pudieran ayudar… eso fue en febrero del 2006. En julio ya teníamos montada una pequeña fábrica, en octubre el primer local y en noviembre el segundo”.
 
Pusiste todos tus huevos en esta canasta…
Todos. Hasta tuve en venta la casa, pero por suerte no me la compró nadie… Nunca me voy a olvidar de ese proceso. Este fue un emprendimiento que partió completamente desde cero. Me acuerdo del primer día, sentado en una oficina que me habían prestado, frente a una planilla Excel a la que no sabía qué nombre ponerle... Los emprendimientos son muy complicados, si le achuntas al presupuesto de ventas no le achuntas al de gasto y, generalmente, la demanda de capital de trabajo es mayor de lo estimado. Siempre es más difícil de lo que uno se imagina, es más caro, hay cosas que no se consideran; si vendes más necesitas más capital para comprar materias primas y hay más plata por cobrar en la calle. Desde el principio nos fue bien por el lado de la demanda, pero la partida fue muy difícil, porque además nunca privilegié mi situación personal por sobre el proyecto; como veía que funcionaba le fui metiendo más locales y más cosas que significaba que, en términos de resultados, fuera más difícil. Costó mucho empezar a ver lucas y yo tenía seis hijos que mantener.
 
¿Durante cuánto tiempo no viste ni un peso?
Creo que la cosa se empezó a nivelar después de un año y medio. Antes de eso solo había que apretar los dientes y aguantar. El proyecto siempre se vio bien, no podía perjudicarlo por algo propio, el sueño estaba y había que seguir aguantando. Mi familia, especialmente mis hijos mayores y mi señora, fue básica para que esto prosperara… o sea, ¡cómo no iba a abrir en el Alto Las Condes o en regiones… había que hacerlo aunque significara más plata o más riesgo! Y afortunadamente lo hice, porque el tiempo me dio la razón.
 
LA FIESTA
 
“La oferta que existía en ese momento era pobre, había un buen espacio para aumentar el valor y la satisfacción para los clientes: desde el producto, al envoltorio, la música, los aromas, el servicio, la variedad, la sorpresa. Y de ahí salió el nombre de La Fête, porque la idea fue que esta fuera una fiesta del chocolate.
 
El mayor cambio parece haber reemplazado para siempre la clásica caja de bombones…
Esa es la fiesta que no existía. Y acá el cielo es el límite. Este año queremos lanzar quince productos nuevos y nos vamos a seguir complicando la vida hasta la eternidad. Desde el punto de vista de la fábrica, mientras más productos tienes más difícil e ineficiente eres. Pero mala suerte, esa es nuestra vocación. Siempre digo que esta es una mesa de tres patas. La primera son nuestros clientes, nosotros vivimos para que ellos lo pasen bien y tengan una gran experiencia de compra. La segunda es la calidad de nuestros productos, y eso implica el mix, la innovación, las pruebas y los errores, donde hay una permanente de calidad. Y la tercera es nuestra gente. A nosotros nos importa mucho que ellos estén bien, contentos y bien pagados. Se produce una sinergia de valor en que el beneficiado es el cliente final.
 
¿Cuánto te involucras en cada una de estas etapas?
Demasiado. El tema de experiencia de compra y satisfacción del cliente lo tengo un poco más delegado en mi hija, que está a cargo del tema y que lo hace muy bien. En la parte de calidad de producto y producción sigo muy metido, por una cosa de experiencia y de conocimiento de proveedores que es muy difícil de delegar. Yo pruebo la producción de todos los días, de todos los productos que salen y tenemos cuarenta y cinco proveedores extranjeros con los cuales yo mantengo la relación. Y, por lejos, en el tema que más me involucro es en el de las personas. Nuestro estilo de jefatura es exigente pero muy cercano. Buscamos la excelencia en todos lados, y ese es nuestro atributo diferenciador. El noventa y cinco por ciento de nuestros empleados son mujeres, los hombres somos unos pocos en administración y el resto en despacho… esta es una empresa femenina y siempre lo pensé así, los chocolates hay que manipularlos con delicadeza y para eso necesitamos mujeres. Invertimos mucho en  tenemos un equipo de supervisoras que son maravillosas y para mí eso es lo más gratificante: lo que más me motiva es tener a doscientas veinte personas trabajando felices.
 
Hoy La Fête tiene veintiséis locales entre Antofagasta y Punta Arenas, tanto en grandes centros comerciales como en locales independientes. Han apostado además por las playas, con locales en Maitencillo, Zapallar y Santo Domingo.
 
¿Cuál es el producto estrella?
Sin duda, los bombones. Tenemos un surtido muy amplio. Y estamos creciendo mucho en galletería fina.
 
¿Y tu favorito?
Tengo varios… pero la galleta Croq me encanta. Y vienen muchos desarrollos nuevos, tenemos chocolates sin azúcar, chocolate en polvo y en los locales de la playa estamos vendiendo chocolate frappé.

 

 
“Este año queremos lanzar quince productos nuevos y nos vamos a seguir complicando la vida hasta la eternidad. Desde el punto de vista de la fábrica, mientras más productos tienes más difícil e ineficiente eres. Pero mala suerte, esa es nuestra vocación”.

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