Así es, este año conmemora su cumpleaños número cuarenta la gatita que ha inspirado a miles de niños en todo el orbe. Su imagen, que partió en un monedero, hoy está en los productos más increíbles, desde ropa, peluches, artículos de escritorio, etc.; sus negocios han sido tan fructíferos, que la Kitty es millonaria.
Pero ella, rememorando la canción, es señora de las cuatro décadas, se mantiene inflexible, tersa, sin arrugas, a diferencia de nosotras que, a medida que pasan los años, nos vamos llenando de rollos, no solo físicos sino que, peor aún, mentales. Por ello, cada vez nos tratamos de ver más jóvenes; por las cirugías, por la vestimenta o por el estilo de vida. Ciertamente, nosotras, las mujeres, hemos entrado en escena con más protagonismo que los hombres, pero creo, y es lo que me anima a comentarlo en esta columna, que hay un desfase entre los años cronológicos y lo que proyectamos (o queremos proyectar). Lejos quedó la imagen señorona de las mujeres cuarentonas, cincuentonas y, por qué no decirlo, de las de sesenta y tanto… ¡hoy es tan difícil calcular años! Veo tanta mujer que se niega a aceptar su edad… ¡no quiero ser o verme como vieja!, ese el lema, pero se olvidan que eso se cambia internamente, es un trabajo mental-espiritual que se proyecta; y si lo queremos adornar podemos utilizar elementos de moda, que nos favorezcan, porque cuando nos conocemos profundamente sabemos lo que debemos hacer.
La gracia esta en cambiar desde adentro para afuera; la gatita Kitty es un dibujo animado que no tiene boca, nosotras sí, estamos llenas de expresiones. Nuestro cuerpo muestra la vida que hemos tenido y eso me parece muy interesante, somos seres únicos, la huella digital nos lo dice, aprendamos a ser nosotras.
¡Hasta la próxima!