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EDICIÓN | Abril 2014

A mano

Tinta Tinto, vino artesanal
A mano
Con la convicción de que el buen vino se hace a mano, sin máquina alguna o consumo de energía, Roberto Carrancá y Javiera Fuentes dejaron la ajetreada vida de ciudad para realizar en Algarrobo un producto de calidad, en familia y totalmente artesanal. Así crearon un syrah y un cabernet sauvignon que apuestan por una especial interpretación de estas cepas.

por María Inés Manzo C. / fotografía Vernon Villanueva B.

Tinta Tinto nace el 2010 por el sueño del enólogo Roberto Carrancá, que junto a su señora, Javiera Fuentes, decidieron comenzar a crear su propio vino en casa. Primero, para diferenciarse de las grandes viñas y apostar por un proceso en que la uva sufre la menor intervención posible, pero sobre todo para rescatar una antigua tradición. “Hacemos un vino de garaje, de patio o artesanal. Artesanal porque lo hacemos todo a mano, no hay ninguna máquina con energía eléctrica en el proceso, todo se hizo con la fuerza de los brazos o inventos caseros. De garaje, porque la idea partió en ese lugar, en nuestra casa, y de patio, porque es donde hacemos la vendimia”, nos cuentan.
 
Ambos santiaguinos, y escapando de la ciudad, partieron primero a Curicó por el trabajo de Roberto, a una cooperativa campesina donde se producía uva. Después de tres años fue llamado como enólogo por Viña Indómita de Casablanca y fue cuando decidieron irse a vivir a Algarrobo, un lugar que les evocaba recuerdos de infancia y de entretenidas vacaciones. Desde entonces han pasado siete años y en ese proceso dieron vida a su empresa familiar en la que también participan sus hijas Sofía (16) y Francisca (12). Pero, además, se les sumó Fernando Catalán, también enólogo y socio de Roberto, con quien hace años trabaja en una viña de la zona.
 
Actualmente, cuentan con dos cepas; primero comenzaron con un syrah y una producción de cuatro mil botellas, pero dada la demanda del público incorporaron, prontamente, un cabernet sauvignon. “Queremos que nuestro crecimiento se mantenga hasta que seamos capaces de seguir haciéndolo a mano. Podríamos llegar hasta cuarenta mil botellas al año, pero no vamos a hacer más, porque no transaremos con nuestros principios. Somos respetuosos del vino, de sus plazos y procesos naturales. Por eso vamos al contrario de la industria del vino tradicional, que trata de acelerar el ciclo de la uva para producir y vender más rápido”, señala la pareja.
 
¿De dónde obtienen sus uvas?
J: Tenemos un productor en Casablanca que nos produce la uva syrah y otro productor de Puente Alto que nos entrega el cabernet.
 
¿Por qué estas cepas?
R: El syrah es una variedad que no es muy popular; normalmente son vinos cálidos, sobre maduros, casi cocidos como mermelada. A mí me encanta Casablanca y ahí la uva ha madurado tan lentamente que entrega pura fruta fresca. Quería esa visión de los valles y una interpretación distinta de una cepa poco común de esa zona. Por otro lado, el cabernet sauvignon es el buque insignia de los tintos y queríamos hacer una versión elegante, casi femenina, siendo que es más una cepa masculina, contundente y pesada de taninos. La uva de Puente Alto es fantástica para ello.
 
En cuanto a sensaciones, ¿qué caracteriza al syrah?
R: El syrah es rebosante de juventud, de fruta fresca y agilidad. Es un vino rojo y hambriento. Te invita a comer y a tomar fácilmente. Tiene fruta roja recién madura como frambuesa y guinda; aroma a menta y las guardas de madera que le entregan otras especies como vainilla o cacao. La textura tiene una acidez tensa con un cuerpo redondo, elegante y vital. No es un vino cansado o viejo.
 
¿Y el cabernet sauvignon?
R: Este vino encanta con un color rojo moratado, profundo y oscuro. Ofrece aromas preciosos a fruta roja fresca, a violetas, a huesillos. También la madera está presente, entregando sensaciones a humo, manjar o cuero. En el paladar es redondo, grande, texturado, muy sabroso. Es un vino con alma, que conquista, encanta y conmueve.
 
¿Qué recomiendan para comer con sus vinos?
J: El syrah es muy versátil se puede acompañar desde unas prietas a un costillar; cordero, pato, pastas o quesos. Combina, incluso, con comida de todos los días como el charquicán o los porotos. El cabernet,
funciona bien con carnes en general, pastas, jamón, pizzas, etc. El vino tiene que ser comparsa de la comida a nivel de co-protagonista, ayudando a que la experiencia sea mejor.
 
EN FAMILIA
 
“Si el hombre no existiera, el producto final de la uva sería el vinagre, gracias a su fermentación natural. Por eso creemos que si el vino es tan humano, debemos estar participando en todo el proceso. Tinta Tinto lo hemos hecho familiarmente, desde sus inicios, y queremos que siga así”, señalan Roberto y Javiera.
 
¿Qué los diferencia con otros productores?
R: Creemos que el vino está vivo y lleva la vibra de alguien que estuvo concentrado en hacer una etiqueta, en mover el vino y llenar la botella. Hay gente detrás y eso el producto lo hereda, definitivamente. J: Es muy diferente tomarse un vino que fue hecho masivamente a uno realizado con tanta dedicación, ya que le ponemos cariño y pasión al trabajo. Nuestras hijas participan de la vendimia y de todo lo que hacemos. Por eso partimos presentándolo a nuestros amigos, que también nos han ayudado, y de a poco se fue haciendo conocido de boca en boca.
 
¿En qué consiste el proceso?
R: La uva se trabaja todo el año, desde que brota en septiembre en el viñedo y comenzamos la cosecha a fines de abril o la primera semana de mayo. Vamos probando la uva y decidimos el momento exacto, es muy importante utilizarla en plena madurez. Esa uva se trae a Algarrobo en bins plásticos, cada uno con cuatrocientos kilos, y ese día se hace la vendimia. Pero entre cada cepa hay un desfase de una semana o diez días. No maduran igual, porque son de orígenes diferentes. Instalados los bins, se colocan otros abajo, vacíos y con zarandas. Hacemos un masaje muy suave con las manos, para que se desprendan los granos. Arriba queda el escobajo y los granos de uva caen sin partirse. Cuando se llenan los bins, mediante un balde llenamos las cubas.
 
¿Y luego en las cubas?
R: Las cubas tienen forma de huevo, una forma perfecta para vinificar, porque mantienen las temperaturas. Cuando sale jugo empieza la maceración de la piel, el secreto de la uva. A nivel celular pasan los colores al mosto (jugo) y agregamos las levaduras (responsables de convertir el azúcar en alcohol). Colocamos una malla dentro de la cuba y, entonces, vamos sacando el vino. Al llenarse las cubas de orujo lo sacamos en baldes y lo colocamos en la prensa. Finalmente, llevamos todo a las barricas de madera, a pulso. J: Ahí está listo el proceso, pero el vino no se puede tomar porque está bruto y tenemos que esperar dos años. En ese tiempo está totalmente limpio y tendrá lo que requiere para una larga vida en botella. Sin filtrar.
 
¿Cuánto se demoran en embotellar?
J: Hacemos alrededor de trescientas botellas por hora. No es tan lento.
 
LA TINTA
 
Una de las particularidades más llamativas de Tinta Tinto es que cada una de sus botellas es etiquetada y pintada a mano, una a una, por Javiera. Psicóloga, desde pequeña siempre le gustó la pintura y cuando pensaron en cómo etiquetar su producto, de inmediato surgió la idea de hacerlas tan artesanales como el vino. “Aunque hagamos muchas botellas preferimos que sean personalizadas, porque uno siente la motivación y pasión que ponemos para hacer cada uno de nuestros vinos”, señala Javiera.
 
¿Cómo pintas las etiquetas?
J: Al principio las pintaba con acuarela, pero no era el color preciso y después de mucho buscar me decidí por tinta china roja y negra. Las etiquetas las pinto con una papa. Primero la tallo, la pinto y ese es mi timbre natural. Tiene un jugo natural que al mezclarlo con la pintura le da un degradé muy bonito. Me gusta que sea así, el tallado nunca queda igual y se ve una evolución de los años. Después, con mucho cuidado, con un pincel tiro un chorro de tinta roja y Roberto escribe las letras.
 
¿Qué significa el diseño?
J: Desde un principio quería que representara la “t” de Tinta Tinto. La etiqueta da para ver cosas distintas, muchos me dicen que inventé una lámina del test de Rorschach, porque soy psicóloga (ríe). Incluso una clienta me dijo que parecía una cola de ballena entrando al mar y eso significa emprendimiento.
 
¿Por qué el nombre Tinta Tinto?
J: La tinta viene de la tinta china para las etiquetas, pero además pensamos en Algarrobo como un litoral de poetas, desde Neruda a Huidobro. Pensamos que la tinta y la pluma representan un poco lo que aquí pasa. Y tinto por el color del vino.
 
¿Hacen ediciones especiales?
J: Sí, pintamos las botellas para matrimonios con el nombre de los novios o para una ocasión especial. Ahora viene una segunda etapa para mejorar la presentación, haremos cajas y copas que hagan juego.
 
El TINTO
 
Hace poco, Roberto y Javiera se presentaron en la ExpoVino y Gastronomía 2014 de Cerro Alegre con mucho éxito y están próximos a realizar una nueva vendimia en su patio-garaje. Para ello, tanto amigos, y quienes quieran participar, están invitados para aportar con el trabajo de sus manos y celebrar una nueva cosecha. Vinos que estarán disponibles en el 2016.
 
¿Quieren expandirse a otras regiones?
R: Nuestra zona es la Región de Valparaíso. Ya estamos en el Winery Boutique Hotel y restaurantes de Algarrobo, El Quisco y El Tabo. Pero nuestra idea es que la gente nos encuentre y venga a conocernos, por eso estamos planeando agrandar nuestro garaje y construir un espacio para degustar, con chimenea y espacios más cómodos. Esperamos concretarlo antes que termine el 2014.
 
¿Piensan hacer nuevas cepas?
R: Sí, queremos con un amigo plantar en Tunquén un par de hectáreas de uva blanca y pinot, para hacer espumante bajo el mismo concepto. Si resulta todo estaría el 2020. Y tenemos planes más cercanos de hacer vino blanco. Lo importante es ir creciendo orgánicamente para no contaminar.

 

 
“Si el hombre no existiera, el producto final de la uva sería el vinagre, gracias a su fermentación natural. Por eso creemos que si el vino es tan humano, debemos estar participando en todo el proceso. Tinta Tinto lo hemos hecho familiarmente, desde sus inicios, y queremos que siga así”.

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