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EDICIÓN | Abril 2014

India vuelve a amar a Rusia

Por Sergio Melitón Carrasco Álvarez Ph.D. Profesor en la Universidad de Chile Director China & India Intelligence Reports
India vuelve a amar a Rusia
India enfrenta elecciones con un escenario complejo para la coalición gobernante. El actual bloque en el poder que lidera el Primer Ministro Manmohan Singh con su centenario Partido del Congreso, se batirá en duelo con el Janata Bharatiya Party (BJP), el ariete del bloque opositor con un acuerdo programático con eje en lo nacional y en el desarrollo social, pero con amplia libertad económica.
El choque será épico; un moderno Mahabharata ambientado en el siglo XXI. Porque hay un tema de fondo que India debe definir: si vuelve a apoyar a Rusia, viejo amor juvenil, o continúa independiente, madura, y con equilibrio de sentimientos. Estando en India, en 1980, presencié la prolongación en Asia del enfrentamiento ideológico y de predominio global conocido como guerra fría. A nivel gubernamental, el Congress por entonces imbatible y enquistado en el poder, mostraba su preferencia y su amor por la Unión Soviética (URSS). Desde su independencia, India se acercó a la URSS. Su nacimiento como república en 1947, sucedió a la vez de la escisión en dos, India y Paquistán; proceso doloroso y sangriento, que terminó en una tirantez permanente, que tiene como zona de roce a Cachemira. Paquistán e India, en cierta manera, han mantenido una isla de guerra fría, pero de ardiente temperatura. Durante la década de los setenta, India fue una de las naciones creadoras del movimiento de No Alineados. Indira Gandhi y el presidente yugoeslavo Josip Broz Tito, aseguraban al mundo que no era necesario estar ni con la URSS ni con Occidente. Pero, a la luz de los hechos, India semejaba más a una amante furtiva y libertina.
 
India gozó de la amistad y colaboración económica, militar y cultural del bloque soviético; no obstante, la mayoría de la población se sentía más afín al Occidente. El trauma colonial ya estaba superado; el generalizado manejo del inglés, las instituciones democráticas, la pujanza empresarial de los indios, los hacía preferir el mundo capitalista que premiaba la creatividad. Uno de cada diez indios tenía algún pariente en Europa o en Norteamérica, y la mensual avalancha de dólares que arribaba desde el extranjero fue un ingreso tan importante que se contó como parte del presupuesto nacional, llamándosele the overseas income.
 
Pero el tema de la rivalidad con Paquistán fue una pesadilla constante que obligó a sincerar la posición. En India, un quince por ciento de la población es musulmana, por lo tanto el país debía ser muy cauto en sus relaciones con las naciones que abrazan el Islam. Todos los gobiernos indios han sido cuidadosos de ese aspecto, y el lazo de India con la gama de países musulmanes ha sido ejemplar; la excepción es Paquistán. Occidente siempre consideró a India como un muy buen interlocutor y catalizador del siempre complejo tema Cercano-Medio Oriente, zona donde India tiene una virtuosa influencia. Por otra parte, India que es el contrapeso de China, que también mantiene una excelente relación hacia el otro lado, hacia el Asia Sur-Oriental. India posee un envidiable influjo sobre el Sudeste asiático, por tamaño, por su peso económico y por el número de indios esparcidos por toda la región. Pero India tiene su pecado de amor. Su conflicto con Paquistán la traiciona. Paquistán es su hermano siamés, insidioso y fundamentalista. Según India, es la causa de todos sus males. Y en parte tiene razón. Hasta hoy, Paquistán es el refugio regional de unos sesenta grupos terroristas, todos tan peligrosos como Al-Qaeda.
 
Durante la guerra fría, Washington apoyó a Paquistán. La razón era obvia: Paquistán era una espada que pinchaba la espalda de la URSS. Más todavía cuando en los ochenta, el vecino Afganistán tuvo un impopular gobierno pro-soviético apuntalado con tanques y tropas soviéticas. En ese entonces, Estados Unidos dio su apoyo a Paquistán y asistencia militar a los rebeldes mujaedines, a los que entrenó en suelo paquistaní; entre esas filas estaba el mismísimo Osama Bin Laden y su gente.
 
Hoy, India se involucra en la discusión entre Rusia y Estados Unidos con respecto a Ucrania. India ha insinuado preferir la actitud de Rusia a la presión de Estados Unidos y Europa. El gobierno indio ha apoyado a Moscú, al extremo que voceros oficiales de Nueva Delhi han señalado que Rusia tiene "intereses legítimos en Ucrania". Lo dicho es un golpe inesperado a la política de EE.UU. hacia una India que parecía haber ganado independencia y un lugar clave en los equilibrios regionales. Así las cosas, las elecciones próximas serán decisivas. Una India dirigida por el Congress, el Partido de los Gandhi, será un espaldarazo a Putín y un curioso revival de la guerra fría. En cambio, una India dirigida por el BJP le restará crédito a tal renacimiento. Rusia perdería a una buena amante que en otras épocas le acarició la espalda y le habló al oído. Amante hoy muy crecida y poderosa. Habrá que ver entonces quien llega primero con bombones y flores, a golpear la puerta de la India.
 

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