Esta temporada el fenómeno metereológico fue más duro que otros años y el fotógrafo Cristian Rudolffi lo captó con su cámara para entregarnos postales inolvidables. Esta es la crónica de un evento sin igual en el norte de Chile, donde más allá de la destrucción, emerge también un espectáculo único y de gran belleza.
Por Percy Peña Vicuña/ Fotografías: Cristian Rudolffi
La última semana de febrero de este año se produjo un nuevo aluvión en Toconao. Al igual que en 2011, el fenómeno natural dejó al poblado atacameño en condiciones de extrema fragilidad, con cosechas perdidas y casas destruidas. Pero el valor de su gente hizo que este enclave nortino se volviera a levantar en un ciclo mágico que se viene repitiendo desde hace cientos de años.
El fotógrafo y empresario antofagastino, Cristián Rudolffi (34) capturó con su cámara imágenes que hablan de un evento lleno de vida y colores que presentamos en este reportaje como testimonio de renacer y donde, una vez más, comprobamos que la naturaleza es indomable.
Cristián, dueño de la productora Fibra.cl, llegó junto a su pareja, Paulina Rojas, cerca de las 18.30 horas a San Pedro de Atacama, la tarde del miércoles 15 de febrero. Ya habían pasado unos días desde que comenzara el punto más alto del frente de mal tiempo que azotó el interior de la región. Encontraron las calles del poblado llenas de barro, prácticamente intransitables y donde al parecer no había mucho que hacer, excepto contemplar atónitos cómo lluvias y vientos devastaron el trabajo de siembras y cultivos de todo un año.
La consigna de las agencias turísticas era clara: los principales destinos como los géiseres del Tatio o la Laguna Chacsa estaban cerrados por el mal tiempo. Pero los visitantes, en su mayoría extranjeros, tomaron la decisión, al igual que Cristián y Paulina, de entregarse a la aventura de recorrer el entorno que estaba dominado por la lluvia.
Para Cristián, ver el paisaje desde esta nueva perspectiva fue como un redescubrimiento, porque lo conoce desde su niñez en Calama. Siempre estuvo cerca, pero nunca antes lo vivió como ahora, que tuvo la oportunidad de reportearlo como parte de su trabajo fotográfico para la Agencia Uno, que le encargó cubrir la entrega de mediaguas en Toconao, encabezada por el Ministerio de Desarrollo Social.
EL INICIO
Justo antes de la subida a San Pedro se encontraron con la carretera cortada por bajadas de agua. Era un adelanto que sugería un espectáculo de otro mundo. Quienes estaban “como locos” eran los turistas brasileños, que este año llegaron al norte chileno en grandes cantidades y para quienes les resultaba fascinante un espectáculo de estas características en el desierto más árido del mundo.
Como no eran los únicos que estaban en esta misión periodística, Cristián se encontró con otros reporteros gráficos y periodistas, y juntos emprendieron un periplo por estas tierras arrasadas, pero a la vez de una belleza enorme.
Fueron arduas jornadas retratando el paso de este fenómeno mal llamado invierno boliviano, debido a que, desde la perspectiva chilena, las nubes provienen del país vecino. Sin embargo, lo correcto es afirmar que son lluvias orográficas causadas por masas de aire que vienen desde el Amazonas y cuyo desarrollo se produce entre los meses de diciembre y marzo, como parte integrante del verano austral.
Estas pluviosidades son especialmente fuertes en el altiplano de la Cordillera de los Andes y resultan favorecidas cuando el calentamiento del suelo, tan típico de esta zona, genera desarrollo de movimientos ascendentes. Estas lluvias desencadenan el aumento de los caudales de las quebradas y valles, que, por una vez en el año, se llenan de agua, dando una oportunidad de renacimiento al extremo clima desértico.
Los atacameños bien saben de ello, y aunque la zona presenta muchas veces desbordes y bastante destrucción, la vida debe seguir. Cristián se encontró con un ejemplo de ello al presenciar una celebración en honor a la virgen, tan solo cuatro días después del aluvión en Toconao.
CONTINÚA LA AVENTURA
Cristián nos regala imágenes de gran belleza como el Valle Jere, que a pesar de haber recibido una gran cantidad de agua, seguía incólume brindando un espectáculo lleno de color entre el gran contexto desértico.
El viaje siguió por parajes como la Laguna de Cejar, el Pukará de Quitor o las zonas cercanas al Valle de la Luna. En este último lugar, ante la caída de agua, emergió la sal cubriendo de un manto blanco esas formaciones rocosas milenarias. Era como un manto de nieve conmovedor y casi cinematográfico.
Por donde se mirara este espectáculo, que para muchos puede ser sinónimo de destrucción, también mostraba una emocionante grandiosidad. A juicio de muchos, tener la oportunidad de estar allí, es asistir a la renovación de vida en el desierto, que se ha firmado con el cielo como testigo desde el inicio de los tiempos.
Las imágenes recuerdan uno de los fenómenos más singulares en esta zona del planeta y retratan instantáneas de la flora y fauna del lugar, que como espectadores acostumbrados salían también al encuentro de los claros de sol cuando ya el invierno altiplánico comenzaba a retroceder. Al menos por esa semana.
ES TIEMPO DE VOLVER
Ya habían pasado varios días y era el momento de regresar. Cristián cumplió con su objetivo de cubrir el aluvión en Toconao y, de paso, retratar el invierno altiplánico en todo su esplendor. Aunque las lluvias comenzaban a declinar y se hicieron intermitentes, debieron pasar otras dos semanas para que el sol y la sequedad tomaran nuevamente el mando del territorio que dominan a su absoluto antojo casi todo el año.
Siempre se espera que el siguiente evento no deje tantos daños, que no sean nueve, sino ninguna las familias damnificadas por el mal tiempo. Pero de lo único que se tiene absoluta certeza es que la naturaleza, en el norte de Chile, se hace sentir con tanta fuerza una vez al año, que solo queda respetar su momento de furia y admirarnos una vez más de los paisajes que nos regala.
Agradecimientos a Fibra.cl y Revel.cl
"Por donde se mirara este espectáculo, que para muchos puede ser sinónimo de destrucción, también mostraba una emocionante grandiosidad. A juicio de muchos, tener la oportunidad de estar allí, es asistir a la renovación de vida en el desierto, que se ha firmado con el cielo como testigo desde el inicio de los tiempos."