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EDICIÓN | Abril 2014

Carnaval de emociones

Por Pilar Sordo
Carnaval de emociones
El Carnaval de Río es un homenaje a la vida, una forma de valorar el trabajo por el arte, una manera de que, por un rato, se olviden los problemas cotidianos y puedan sentirse todos iguales y unidos frente a lo bello; a un trabajo arduo realizado por un año entero y que dura tan solo una hora mostrarlo al público.
Revisar lo que ocurre en los carnavales es muy interesante para cualquier psicólogo y permite múltiples miradas. Nunca me había tocado estar en el Carnaval de Río; si bien no participé de lo tradicional, pude observar desde la calle todo lo que ahí ocurría.
 
Se sabe que los brasileños, como pocos en el mundo, tienen una actitud positiva ante la vida, donde la música, el deporte y el baile son parte de la cultura de todos los días. Sin embargo, lo que ocurre en los días previos y durante esa semana solo se puede entender si se vive el proceso completo.
 
Es un homenaje a la vida, una forma de valorar el trabajo por el arte, una manera de que por un rato se olviden los problemas cotidianos y puedan sentirse todos iguales y unidos frente a lo bello; a un trabajo arduo realizado por un año entero y que dura tan solo una hora mostrarlo al público.
 
Esto es lo que ocurre con la gente que baila, que prepara los cuadros, pero hay otro carnaval que es muy silencioso y que tiene que ver con la familia común y corriente que decide irse a una playa a compartir.Es maravilloso ver cómo llevan sus sillas desde temprano, cómo se dedican a conversar, cómo tienen asumidos sus cuerpos y disfrutan de lo que son estando muy lejos de los códigos enfermizos de tantos países donde la flacura es lo único que se permite para sentirse bellos. Es maravilloso ver cómo hacen deporte y disfrutan de todo lo que la naturaleza les entrega con una actitud de agradecimiento, frente a todo lo que la vida les da, una actitud de la cual todos debemos aprender. Esto no quiere decir que no tengan problemas, que no sientan dificultades y que en esos días no haya excesos; sin embargo y lamentablemente, de eso se habla demasiado y del otro costado del carnaval, del costado familiar y tranquilo, no se sabe mucho.
 
Es sabido por todos que los carnavales se generan desde el miércoles de Cuaresma como una forma de preparación para lo que será Semana Santa y, aunque ya muchos países los han desconectado de las fiestas religiosas, siguen siendo una instancia de celebrar la vida, de ayudar al encuentro familiar, al valor que deben tener los ritos en una sociedad y a la motivación por resucitar la alegría como única fuente de movimiento social.
 
Así también es lamentable que en países como el mío, Chile, los carnavales hayan sido eliminados y no tengamos instancias para funcionar como sociedad en fiestas de este tipo. Tendremos que aprender de los países que sí los hacen y rescatar todos los valores positivos que entregan.
 
Agradezco haber estado en Brasil esa semana, haber vivido el caos del tránsito sin que nadie alegara o discutiera por ello. Ver tanta gente haciendo deporte todo el día con un clima privilegiado. Ver un país emocionado por el trabajo arduo de las escuelas que mostraron sus trabajos no solo en el Sambódromo, sino el carnaval más importante… que es el que ocurre en las calles sin prensa, pero que mantiene y resalta lo esencial de la fiesta: hacer un homenaje al estar vivos.
 

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