Para los católicos, el tiempo de Cuaresma debería predisponer a la contemplación de la Pasión, el recuento del sufrimiento y de la crucifixión de Cristo. En la liturgia romana siempre ha sido tradicional la lectura meditada de estos acontecimientos desde los Evangelios, particularmente, en los cuatro días que preceden al día de Pascua de Resurrección. Sin embargo, el andar de los siglos y los gustos han ido incorporado modificaciones a la forma de conmemorar ciertas festividades religiosas, particularmente las más importantes. Así por ejemplo, hacia el siglo XIII era común que la Pascua, además de los cantos, también incorporara ciertos elementos de drama o representación. Y que a comienzos del siglo XVI la polifonía interviniera la musicalización litúrgica tradicional.
Los formatos primigenios de Pasión aparecen en Alemania a mediados del siglo XVII, en la forma de Oratorio —que es la variante empleada por J.S. Bach— y que se caracteriza porque el texto bíblico es intercalado por episodios meditativos, pasajes instrumentales y secciones corales, estas últimas, doce en total. La Pasión según San Juan fue ejecutada oficialmente en la Iglesia de San Nicolás, de Leipzig, el 7 de Abril de 1724. Aunque para su ejecución al año siguiente en la iglesia de Santo Tomás su partitura fue revisada, J.S. Bach finalmente volvió a la versión original.
La ejecución está a cargo de Scholars Baroque Ensemble, bajo la coordinación artística de David van Asch. Componen las voces: dos sopranos (K. Amps y J. Coxwell), dos barítonos (A. Davidson y D. Gould), dos tenores (R. Doveton y J. Podger) y dos bajos (D. van Asch y A. Peacock). Siguiendo la tradición, la voz de Cristo es dada a un bajo, e igualmente las de Pedro y Pilato. En resumen, se trata de un muy buen registro para una obra inmortal. Muy recomendable.