En pleno altiplano, entre cerros y campos de sal, existe un lugar impresionante, digno de ser recorrido y estudiado por la ciencia. Las figuras rupestres plasmadas en estas laderas, declaradas Monumento Nacional, datan de los años 500 y 1450 D.C., cuando el hombre común buscaba dejar testimonio de su historia, su vida y sus descubrimientos. Es el sitio de geoglifos de mayor magnitud en el norte de Chile y el segundo más importante de Latinoamérica.
Por Soraya Valdivieso V. /fotografías Andrea Barceló A.
La carretera se hace larga y densa entre tanto desierto. Para lograr nuestro objetivo, les recomendamos llevar información sobre Pintados, pues si se conoce la historia, resultará más provechoso el viaje. Son casi cien kilómetros los que se deben recorrer saliendo de Iquique y pasando por los vestigios de la ex oficina salitrera Humberstone y Santa Laura, Pozo Almonte y los miles de tamarugos que conforman la Reserva Nacional, Pampa del Tamarugal.
Pozo Almonte es la comuna administrativa de este territorio, un poblado pequeño, pero muy ameno. Es el lugar más adecuado para hacer un descanso; su plaza es un emblema de tiempos remotos y siempre se encuentra rebosante en gente. El lugar cuenta con agradable sombra, se puede comer bien, cargar combustible, comprar víveres y, sobre todo, recoger información turística importante.
Para seguir camino a Pintados, no se olvide de llevar consigo lentes de sol, sombrero y bloqueador solar. Se debe tomar en cuenta que la ruta es considerablemente larga, por lo tanto, asegúrese de obtener el combustible necesario para su regreso.
Antes de conseguir maravillarnos con Pintados, logramos ubicar la Estación de Ferrocarril Pintados, vestigio de las salitreras que abundaron en esta zona en el siglo pasado.
<strong>UN FORMA DE HABLAR</strong>
Mucho se ha especulado sobre el significado y utilidad de estos vestigios, aunque es claro el objetivo de comunicación. En algún momento, incluso, se planteó la tesis de que sirvieron como señales entre etnias y extraterrestres.
Lo cierto es que, ahondando en la historia y gracias al trabajo de especialistas, se sabe que los habitantes de la pampa y el desierto, recorrían estas laderas hasta llegar al mar en forma de caravanas. Así, estas figuras milenarias servían como guías a las grandes tribus que desafiaban el desierto por la Pampa del Tamarugal. Sin embargo, concretamente nadie puede afirmar su significado específico y quizás por ello, mantienen el interés por admirarlos y saber qué dicen. Solo se pueden hilvanar algunas ideas sobre lo que ciertos conjuntos podrían significar.
<strong>GEOGLIFOS</strong>
Estar allí de frente a esas señales es realmente maravilloso y cautiva hasta al menos amante de la historia. Son sesenta paneles los que exhiben el arte rupestre, distribuidos en una longitud aproximada de 2,5 kilómetros, cubriendo una superficie estimada de cien hectáreas.
Sus tamaños son distintos unos de otros y están dispersos con orientación hacia el nordeste, en algunos casos hacia el norte. Son trescientos cincuenta y cinco figuras de las cuales ciento treinta y siete corresponden a formas geométricas, noventa y siete son zoomorfas y ciento veintiuna, antropomorfas. El ojo inexperto se dedica a identificar canoas, llamas, flechas y peces, sin embargo, hay mucho más plasmado.
Según Luis Briones, arqueólogo dedicado más de cuarenta años a los geoglifos, este lugar es una de las expresiones rupestres más particulares que presenta el desierto tarapaqueño, sus técnicas involucran directamente el rapado y acumulamiento de material rocoso, dando forma a diversos diseños. "Estas técnicas involucran una participación colectiva de sus ejecutores y, a la vez, la participación de <em>lectores</em> que interaccionan directa o indirectamente con los diseños. De esta forma, los geoglifos se nos presentan como expresiones públicas y masivas propias del ambiente desértico".
<strong>VALOR HISTÓRICO</strong>
Este sector es considerado como un lugar de interés científico y arqueológico, por lo cual fue declarado Monumento Nacional en 1969, además de estar bajo el resguardo y tuición de la Corporación Nacional Forestal (CONAF).
Según los arqueólogos Briones y Romero, esta evidencia primitiva reproduce la mentalidad y, en cierto modo, la cosmovisión de las poblaciones prehispánicas que forjaron el comienzo de una civilización y sistema social. Se desplazaban para intercambiar productos o estrechar relaciones políticas, económicas o religiosas, en una suerte de complementariedad económica. Lo que Núñez y Dillehay (1995) denominan "movilidad giratoria".
En este último tiempo, las investigaciones han profundizado la relación de los geoglifos como indicadores geográficos del desierto; esto por ser zonas aisladas, donde los dibujos sobre cerros serían la advertencia a algún acceso a recurso de agua o alimentos.
De acuerdo al patrón estilístico estudiado por expertos, es posible establecer algunos contactos y relaciones culturales con Tiwanaku. Una de las representaciones más significativas son, por ejemplo, la figura "rombo escalerado", postulado como el emblema andino que define territorios y circuitos.
A los círculos se les atribuye indicios de fuentes de agua y los rectángulos como terrenos de cultivos. Se pueden apreciar caravanas de camélidos, un balsero, un cuerpo con arpón, la figura de un ave, incluso un tiburón. Lo que según el arqueólogo, quienes lo hicieron, fueron expertos conocedores de esa fauna, o sea, pescadores -recolectores costeros- que se aventuraron y se adentraron en el desierto, dejando marcada su presencia.
<strong>LA RUTA EN EL SALAR</strong>
El Salar de Pintados es un salar fósil de extensa dimensión, donde las costras de sales superficiales parecen estar desconectadas de las napas profundas. Caminar por el salar es una aventura, sus rocas son de figuras drásticas y suenan sin razón, como si fueran cristales a punto de quebrarse. A medida que se avanza se logra diferenciar las apachetas, que son producto de la acumulación intencional de rocas, colocadas por los hombres que transitaron ancestralmente estas largas rutas caravaneras que unían el altiplano y la costa.
Justamente en medio del Salar, se encuentra la ruta por donde los originarios caminaron desde el Oasis de Pica. Don Miguel Valdebenito, guarda parques de la zona, asegura que el trayecto, actualmente, se encuentra intacto, debido a que la franja es secreta, para que el patrimonio no sea dañado por el visitante.
En este sector, también se han identificado otros sitios arqueológicos de relevancia, entre ellos, campamentos conformados por pequeños recintos circulares elaborados de costras de sal. En este salar habita la yaca del norte, una especie que se asimila a un diminuto ratón, una llamativa especie por ser el único marsupial de la región que mora los bosques de tamarugos, donde se alimenta de insectos y pequeños vertebrados.
<strong>RESCATE PATRIMONIAL</strong>
Este año comenzará la construcción de un museo de sitio y un centro de visitantes en Pintados, el que estará conformado por señaléticas informativas, casetas de control y un sendero con estaciones de descanso. Esto bajo el alero de CONAF que, desde el 2009, está ejecutando el "Programa de gestión y desarrollo de Geoglifos de Pintados de la Reserva Nacional Pampa del Tamarugal". Esta iniciativa está financiada a través del Fondo Nacional de Desarrollo Regional y la compañía minera Doña Inés de Collahuasi, la que busca potenciar este rinconcito arqueológico como polo turístico de la región.
Y los geoglifos no lo son todo, pues en la Reserva Nacional se puede practicar <em>trekking</em>, observación de flora y fauna, fotografía, ciclismo y camping. En el sector de camping existen baños y casa de huéspedes. Este lugar es una verdadera maravilla, con secretos y cientos de años de historia, un lugar único y digno de ser visitado, protegido y preservado.
<strong>Nuestro dato:</strong> Se puede encontrar más información en el texto: <em>Cerros Pintados, descripción y análisis del mayor yacimiento de geoglifos del norte de Chile</em>. Luis Briones Morales / Álvaro Romero Guevara.
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