Tell Magazine

Reportaje » Recorriendo

EDICIÓN | Marzo 2014

Al rescate de la tradición

Viñas del Itata
A pocos kilómetros de Concepción es posible encontrar las raíces de la vitivinicultura chilena, específicamente en Ránquil y Guarilihue, donde existen familias que siguen cultivando sus viñas al igual como lo hacían sus antepasados hace más de cuatrocientos años. La zona incluye viejas parras, sorprendentes paisajes y un legado histórico invaluable.

por Cristóbal Montecinos C. / fotografía Sonja San Martín D.

Para acceder a esta zona del Itata, donde aún persisten cepajes tradicionales, desde Concepción por la Autopista del Itata, hay que viajar hasta poco antes del peaje Agua Amarilla para tomar el camino a Rafael y luego seguir por el desvío a San Ignacio de Palomares. Aunque lejos de su época de esplendor, a mediados del siglo XX, el Valle del Itata aún conserva cerca de cinco mil hectáreas de plantaciones de viñas, que producen cerca de cuarenta millones de litros de vino al año. Se trata de una actividad agrícola que es intensiva en mano de obra y que constituye una alternativa a la poderosa industria forestal.
 
Gran parte de esta producción regional es comprada a granel por grandes compañías vitivinícolas nacionales y destinada a la exportación, con otras etiquetas y marcas, aunque también existen productores que están embotellando sus propios mostos e, incluso, exportándolos.
 
Ernesto Lagos, director regional de ProChile Biobío, explica que esa institución realiza un esfuerzo sistemático por apoyar a estos exportadores, por aumentar las ventas de vino de la región, que durante los primeros nueve meses de 2013 alcanzaron los 3,3 millones de dólares, y por diversificar los mercados hacia los cuales llegan nuestros mostos.
 
VIAJE POR LA HISTORIA
 
Empezamos nuestra visita en el sector Altos de Guarilihue, donde nos encontramos con la Viña Pinihue, de propiedad de José Neira y Elizabeth González, que desde 2004 cuenta con grandes cubas de acero inoxidable que, en la actualidad, suman veintiuna y hay tres más en proceso de instalación. “Se trata de una empresa familiar, con una tradición vitivinícola de más de ciento cincuenta años, que elabora vinos de origen con uvas ciento por ciento de la variedad Cinsault, Cabernet Sauvignon, Moscatel de Alejandría y Pinot Noir. Las bodegas, que están ubicadas en pleno corazón de las viñas, tienen capacidad para un millón de litros”, explica el enólogo Claudio Barría, asesor de los pequeños productores de vino de Ránquil y Guarilihue.
 
La historia familiar de José merece ser contada. También propietarios de la Viña De Neira, poseen una tradición viñatera que se remonta en la colonización chilena y su llegada a la zona que se produjo tras el fusilamiento de José Miguel Neira, más conocido como el “Bandido Neira”, un bandolero que fue reclutado por Manuel Rodríguez para defender la causa independentista, pero que, después de la Batalla de Maipú, retomó sus fechorías. Antes de ser apresado y fusilado, ordenó a su familia huir al sur de Chile, a Guarilihue, entre el río Itata y el río Biobío, para continuar con su tradición vitivinícola.
 
Luego tomamos la ruta que une Huaro y Guarilihue, donde a un costado del camino es posible apreciar los vestigios de la Hacienda La Palma, donde, en 1548, los jesuitas introdujeron las primeras vides para celebrar la misa, alcanzando grandes niveles de producción y calidad. Hasta el siglo XX, casi el ochenta por ciento de la producción nacional provenía de esta zona.
 
POTENCIAL TURÍSTICO
 
Continuamos recorriendo Guarilihue y visitamos el complejo turístico de Esther Hinojosa, llamado Las Camelias, que incluye un salón de eventos con capacidad para cien personas, piscina, espacio para asados, quincho y una decoración acorde al entorno, con muchas antigüedades y artículos relacionados con la vitivinicultura. Avanzamos hacia el sector de Cerro Verde y la vista panorámica asombra. Fijando la vista hacia el este, es posible apreciar gran parte del Valle del Itata, incluido el río Itata y Portezuelo. Poco más allá, camino al sector Checura y escondido entre viñedos, llegamos al Tranque Bularco, en los terrenos del fundo del mismo nombre y propiedad de Candelario Hinojosa. El paisaje también es deslumbrante, una especie de oasis entre las vides y lugar ideal para encuentros de enólogos que han visitado la zona para conocer las bondades del Moscatel de Alejandría, principalmente. Para Sylvia Cava, ingeniero agrónomo, enóloga y experta en marketing internacional y promoción comercial, en especial para Asia y Europa: “lo que pretendemos con estas visitas es rescatar las tradiciones relacionadas con la producción de vinos en el Valle del Itata, pero con una mirada renovada, y ampliar la variedad de la oferta de vino con los productos de esta zona, que tienen una identidad propia”.
 
Cava, que estuvo en Concepción dictando un taller para periodistas acerca de la industria exportadora de vino chileno, organizado por ProChile, agregó que “en Itata hay Moscatel, espumantes en base a Moscatel, Carignan, Cinsault o País. Se trata de vinos frescos, frutales y con identidad, con un gran potencial de crecimiento”, explicó la especialista que también es representante en Chile del Concurso Mundial de Bruselas.
 
Así, la zona muestra, además, un enorme potencial turístico en torno a la elaboración del vino, tanto por su legado histórico, como por la riqueza de sus cepas.
 
El trabajo de difusión del Valle del Itata continuará durante la cosecha 2014, en que ProChile traerá cuatro periodistas extranjeros, dos brasileños y dos europeos, que escriben para destacadas revistas especializadas en vino, que podrán conocer, de primera mano, la magia que significa transformar las uvas en vino y difundirla en sus países.
 
Sylvia Cava explica que Chile es el quinto exportador mundial de vino y que el desarrollo logrado por las viñas del valle central, como Maipo, Colchagua y Casablanca, es posible de replicar en el Valle del Itata, que posee excepcionales cualidades de suelo y clima, para producir vinos que no tienen nada que envidiar a aquellos que hoy son más conocidos en el mundo.
 
PIEDRAS DE CUARZO
 
La Viña Piedras del Encanto es otra parada. Ubicada en el camino que une Ránquil y Guarilihue y liderada por Joel Neira, esta empresa familiar elabora vinos tintos, blancos y rosé. Su particularidad la constituyen las piedras de cuarzo que son la base de los viñedos que tienen más de ochenta años. En el lugar se realizan degustaciones y disponen de una sala de ventas.
 
Otra de las novedades de Piedras del Encanto es la elaboración de vinos espumantes Moscatel de Alejandría, con la asesoría de Claudio Barría y de Edgardo Candia, enólogo y asesor vitivinícola de la Municipalidad de Ránquil y de pequeños productores locales.
 
“La Moscatel tiene más bajo grado naturalmente, cerca de los 11,5° con uva madura y con buena acidez. Esto lo convierte en un vino ideal para hacer base de espumantes”, explica Candia.
 
Si ya empezó a preparar este imperdible paseo de verano, existen lugares para degustar la gastronomía criolla, como Los hornitos de doña Juanita, un negocio familiar que comenzó, en 2002, con platos típicos, como empanadas, humitas, pan amasado, sopaipillas y especiales preparaciones en hornos incrustados en el cerro. Otras opciones son la Casona de Abel y Licores Artesanales Don Yako.
 
La última parada es la Viña Chillán, que es un proyecto desarrollado por un empresario suizo, Rudolf Rüesch, quien hace más de una década decidió comprar un predio en la comuna de Chillán Viejo, para producir vinos de excelente calidad. En la actualidad exporta casi la totalidad de su producción —treinta y cinco mil botellas— a Alemania y Suiza, donde tiene compradores que prefieren sus vinos por sobre competidores franceses o italianos.
 
Rüesch, además, tiene un restaurante y alojamientos, que le permiten ser una alternativa turística para amantes del vino, en particular para tours destinados a extranjeros, que constituyen el sesenta por ciento de los visitantes que llegan hasta el lugar.

 

 
A un costado del camino es posible apreciar los vestigios de la Hacienda La Palma, donde, en 1548, los jesuitas introdujeron las primeras vides para celebrar la misa, alcanzando grandes niveles de producción y calidad. Hasta el siglo XX, casi el ochenta por ciento de la producción nacional provenía de esta zona.

Otros Reportajes

Aventura austral
Fotoreportaje
» Ver todas los Reportajes


OPINA

  • Verificación Anti SPAM, Ingrese el resultado de la siguiente operación8+2+4   =