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EDICIÓN | Marzo 2014

Una nueva mirada

Carla Díaz, sicóloga
Una nueva mirada
Liderando Armos Consultores, Carla dio un interesante giro desde la sicología clínica al mundo de la minería. Y es que fue justamente su larga trayectoria en terapias familiares la que generó el llamado de una empresa de servicios, cuyos problemas internos estaban afectando los resultados del negocio. ¿Cómo dar una respuesta nueva a un problema antiguo? Conversamos aquí las respuestas.
por Claudia Zazzali C. fotografía Andrés Gutiérrez V. Agradecimientos Hotel del Desierto
Una empresa es como una familia. Siempre existe una figura paterna, una materna y una gran cantidad de hermanos y primos, cada uno con sus particulares características. Es por eso que la estrategia que Armos Consultores utiliza para abordar sus asesorías, se basa en la observación en terreno de la empresa como si fuera un núcleo familiar. Mal que mal, cuando se trabaja en faena, muchas veces se comparte más con los compañeros de trabajo que con los propios consanguíneos.
 
Carla Díaz es sicóloga sistémica, con formación de terapeuta familiar y de pareja. Su experiencia estaba basada en tratamientos integrales que incluían todo el entorno del paciente y gracias a este background es que recibió un llamado de Komatsu para hacerse cargo de un particular desafío: mejorar el clima laboral y, con eso, optimizar el rendimiento de su gestión en la faena de Collahuasi.
 
Su principal socio es Daniel Vera, ingeniero comercial, encargado de presupuestos y uno de los pilares fundamentales en este nuevo concepto en asesorías. El equipo, además, está integrado por María José Canto, sicóloga ejecutora del programa en Collahuasi; Ljuba Tomicic, sicopedagoga encargada del programa en Quebrada Blanca; Julio Almanza, sicólogo asesor y coach y Paula Machuca, terapeuta ocupacional, encargada del plan de sicomotricidad en altura. Tienen su casa matriz en Iquique y también están en Viña del Mar.
 
¿Cómo nacen tus programas de capacitaciones?
Ha sido un proceso de aprendizaje en que hemos buscado la manera de dar una solución novedosa a un problema antiguo. ¿Cuál es este problema? Básicamente son dos: la seguridad y el clima laboral. A nosotros nos buscan en algún momento en que aumentó mucho el porcentaje de accidentes con tiempo perdido. Komatsu Collahuasi apostó por nosotros, sicólogos clínicos que no teníamos experiencia en minería, para ver si le podíamos dar una mirada distinta a este problema.
 
¿Y si nunca habían tenido acercamiento en minería? ¿cómo lograron adaptarse?
Lo que se hizo fue un levantamiento, pero con una mirada desde la sicología clínica. Nos paramos en la faena a mirar esto como una gran familia, para tratar de descubrir qué era lo que pasaba que provocaba este síntoma que era la accidentabilidad. Así fuimos descubriendo que tenían varios problemas, que iban más allá de los asociados con un clima adverso. Había dificultades que son más bien relacionales, es decir, cómo se vinculaban entre compañeros y cómo esto afectaba las conductas y las actitudes frente al trabajo.
 
Y entonces elaboraron una estrategia…
Claro. Komatsu es una de las colaboradoras más grandes que tiene esa faena y, por lo tanto, es un referente. Lo que propusimos a la gerencia y a la dirección de operaciones es que nos dieran la oportunidad de trabajar y que pudiéramos tratar esto como si fueran una familia. Había que reestablecer los sistemas de comunicación, la confianza y los vínculos al interior de la faena. Estaba el papá que era el gerente, la mamá que era la empresa y el resto eran los hermanos buenos, malos, traidores, rebeldes. Y así apareció el gran tema, que era la disconformidad de lo que venía de “los padres” porque no lo entendían. Así, todo lo que venía de su gerencia, no era aceptado y generaba actitudes rebeldes. Tal como en los hogares, cuando las instrucciones no eran entendidas, eran recibidas como un “reto” y la actitud era “no lo hago, porque no quiero”.
 
¿Faltaba generar lazos?
Efectivamente, el ser humano funciona desde la empatía. Yo acepto lo que me dice el otro porque le creo y confío. Por eso establecimos talleres de quince personas por grupo donde hablábamos de reconocerse como parte de un todo y donde el tema del auto cuidado era abordado como una conducta de vida. Tiene que ver con cómo yo me relaciono, cómo disfruto, cómo me divierto, cómo quiero, cómo amo a los otros. Esos fueron los temas que empezamos a instalar.
 
Pero parecen temas complejos de abordar en una faena…
Collahuasi y Komatsu fueron muy generosos al entregarnos ese tiempo y los resultados comenzaron a aparecer. Los niveles de seguridad empezaron a mejorar porque logramos un cambio de mentalidad en la faena completa. Comenzó una relación de equipo súper fuerte entre la gerencia, la gente de seguridad y los trabajadores. Los vínculos se afianzaron poco a poco y se entendió que todos somos personas trabajando con personas. Ahora ganamos más espacio y de un taller bimensual pasamos a sesiones mensuales, con un profesional que esta 4 x 3 en la faena atendiendo solamente estos temas de habilidades blandas.
 
¿Funcionó la fórmula?
Cuando los resultados se hicieron visibles, se sumaron otras faenas. Y es que esto no es una capacitación en términos tradicionales, sino más bien es la generación de un espacio para la reflexión. En la medida en que tú tienes un personal que es más reflexivo y que es capaz de detenerse un momento al día para pensar “en dónde estoy parado, qué es lo que estoy haciendo, en qué está mi familia, en qué estoy yo”, también es un personal que es más reflexivo al completar sus análisis de riesgos.
 
Es decir, la reflexión pasa a la acción
Es que es un proceso que no tiene retorno. Si te haces consciente de tus riesgos, jamás puedes olvidarlos y tampoco todo lo que está en juego. Cada vez que enfrentas una tarea crítica, analizas las consecuencias y eso permite un mayor auto cuidado.
 
¿Acaso no es un proceso lógico esto de enfrentar los riesgos con mucho cuidado?
Es que debes tener siempre presente que existen riesgos. El tema en la minería es que muchas veces se vuelve rutinario y, por lo tanto, es fundamental que cada cierto tiempo les recordemos a los trabajadores que es importante mantenerse alerta.
 
FAMILIA MINERA
 
Aunque no estaba dentro de sus objetivos laborales, para Carla, la vida en la minería no era lejana. “Vengo de familia minera y, por lo tanto, me era fácil comprender el mundo minero. Cada mundo tiene una peculiaridad distinta y aunque desde la mirada sistémica podría abordar cualquier relación interpersonal, creo que me favoreció tener esta experiencia personal de saber qué representan los turnos y la vida entre los cerros”, recuerda.
 
¿Cómo fue para ti el desafío de cambiar lo clínico por lo industrial?
Fue entretenido. Me llegó en un momento justo cuando estaba haciendo una transición de Iquique a Viña del Mar. Anteriormente me habían propuesto trabajar en temas parecidos, pero por tiempo y circunstancias no lo había tomado. En Iquique era parte de un proyecto con una amiga neuróloga y una amiga terapeuta ocupacional, pero por temas familiares me iba a vivir a Viña. Me propusieron este desafío y lo tomé con mucha cautela. Mi propuesta era simple, hice un diagnóstico y si este le hacía sentido a la empresa, veríamos cómo diseñábamos una intervención. Y así lo hicimos. Cuando fui a terreno me sentí súper cómoda, la verdad es que me di cuenta de que el espacio minero es un espacio en el cual me siento como en casa.
 
¿Te fue fácil adaptarte a este espacio?
Al principio me costó entender el lenguaje de “entregables” o “indicadores de gestión”, pero todos aceptaron esto de asumir el espacio minero como un espacio familiar, donde las personas conviven la mitad de su vida productiva en la faena, donde pasan más tiempo con sus compañeros que con sus familias. Para todos resultó muy fácil de entender.
 
¿Hubo muchos prejuicios al enfrentarse a terapias en pleno terreno?
Al contrario, no les costó nada. Al principio pensaban que asistirían una charla, entonces todos llegaron con una actitud muy pasiva a escuchar qué íbamos a hablar. Cuando se dieron cuenta de que el tema eran ellos mismos, fue como si sus corazones se abrieran. Nos preguntaron, plantearon sus dudas, sus miedos y sus aprehensiones. Siento que hoy esperan ese espacio de conversación porque lo consideran como algo propio. Y es un lujo que las empresas lo valoren y nos permitan esta intervención.
 
¿Es importante el rol de los mandantes?
Es que este es un trabajo en grupo, no se trabaja solo. De partida son los propios trabajadores los que se convierten en protagonistas de su historia. Se involucran las gerencias, los jefes, todos desde una perspectiva muy humana porque todo esto se trabaja en el terreno, que es una de las condiciones fundamentales. Hay que estar allá, compartiendo la misma realidad, para hablar de igual a igual del sentimiento de estar lejos, de dejar a la familia, de experimentar un mundo paralelo. Cuando los “viejos” te ven ahí te valoran y te respetan, y eso ha sido un acierto total del trabajo.

 

 
“Esto no es una capacitación en términos tradicionales, sino más bien es la generación de un espacio para la reflexión. En la medida en que tú tienes un personal que es más reflexivo y que es capaz de detenerse un momento, también es un personal que es más reflexivo al completar sus análisis de riesgos”.

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