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Entrevistas

EDICIÓN | Marzo 2014

Profesional al ciento por ciento

Juan Pablo Jacob
Profesional al ciento por ciento
Fue reconocido en la categoría Gestión y Producción Cultural con el Premio Regional a las Artes y la Cultura Linterna de Papel, en su versión 2013. Fueron más de cien los nombres propuestos por la comunidad regional en diversas categorías y solo dieciséis los premiados, aunque para él “todos los nominados eran merecedores de este premio, porque han sido tantos años de trabajo y esfuerzo para consolidar un movimiento cultural propio, que primero deberíamos premiarnos entre todos y luego, empezar de cero”.
por Claudia Zazzali C. fotografía Andrés Gutiérrez V.
Cuando al salir del colegio informó a su familia que seguiría la carrera de ingeniería comercial, seguramente todos sonrieron satisfechos. De familia de empresarios, llevaban la secreta esperanza de que Juan Pablo Jacob fuera parte de las nuevas generaciones de los paisanos de Patronato y que continuara con la fábrica de tejidos que sus antepasados habían creado.
 
Lo intentó. Trabajó en el Ministerio de Planificación y en un banco, como ejecutivo de cuentas, aun antes de salir de la universidad. Pero no era feliz. Y después de una larga historia y un proceso interno complicado, decidió dejar todo y venirse al norte, a instalarse a San Pedro de Atacama.
 
¿Por qué San Pedro?
Fue una decisión que hoy no podría explicar, porque estaba dentro de un contexto de búsqueda interior. En San Pedro conocí el rubro del turismo y también me acerqué al mundo de la cultura, ayudando a formar el Centro Multicultural de San Pedro de Atacama, donde trabajé mucho con la municipalidad.
 
Una cosa es acercarse al mundo cultural y otra es aprender a hacer gestión, ¿cómo fuiste interiorizándote en el tema? En mi camino me encontré con grandes personas. Conocí a René Huerta, un gran gestor cultural de la región con quien fuimos muy cercanos en el trabajo siempre. En ese periodo, también viajé a colaborar con la producción del Festival Internacional del Norte de Chile, que era dirigido por Adriana Zuanic, de quien recibí muchas lecciones de disciplina y de la importancia de buscar la excelencia en cada tarea que se emprende.
 
Y luego decidiste vivir en Antofagasta…
Tuve la oportunidad de trabajar durante varios años como productor de Xstrartes que era una alianza para el desarrollo de las artes escénicas, financiada por la empresa privada, lo que me dio un profundo conocimiento y gran cercanía con la mayoría de los artistas de Antofagasta. Muchas veces convertimos multicanchas de poblaciones en escenarios de primer nivel, con infraestructura de primerísima calidad, lo que me permitió conocer tanto a la gente de Antofagasta, como a los artistas. Por eso estoy muy agradecido de este programa. También trabajé en la Corporación Cultural de Antofagasta, junto a Oscar Rebolledo y un gran equipo humano, donde también aprendí muchísimo, pero la verdad es que me gusta la vida a mi ritmo y me dediqué a ser independiente, pero produciendo cultura.
 
PRODUCTOR CULTURAL
 
Aunque es uno de esos oficios difíciles de describir, la gestión y producción cultural hoy en día es el verdadero motor de cualquier proyecto que se precie de ser serio y enfocado en el público. Y Juan Pablo encontró, en este nicho, el espacio perfecto para desarrollarse. “No me nombro a mí mismo como gestor cultural porque esa es una carrera que actualmente se imparte en universidades. Lo que yo hago, hoy en día, lo he ido adquiriendo en base a la experiencia y a mis inmensas ganas de encontrar mi rol en la sociedad”.
 
¿Productor cultural entonces?
Así lo definí. En general, el rol del productor está ligado a la búsqueda de financiamiento para diversas iniciativas, función que en un proceso de creación cultural es mucho más intensa. Lo que hago es involucrarme desde el comienzo diseñando el proyecto, presentándolo, financiándolo, produciéndolo y evaluándolo, finalmente se cumple el mismo rol, logrando nuevas creaciones y alcanzando la profesionalización de los artistas.
 
¿Cómo ha sido tu experiencia junto a La Huella Teatro?
Estoy realmente satisfecho con todo lo que hemos logrado. Y no me refiero solo a la cantidad de obras que hemos sacado adelante, sino sobre todo al posicionamiento que tenemos en la escena nacional. Para lograr este objetivo, hemos golpeado infinitas puertas, trabajado de sol a sol y, sobre todo, hemos investigado, estudiado y perfeccionado. Sabemos que las obras en escena son un medio para la gran meta que es ser ciento por ciento profesionales en cada mínimo detalle.
 
¿Es compleja esta vida de artista?
Lo que yo aprendí es que no soy artista. Soy un organizador, un planificador, un administrador. Estoy más cercano a las matemáticas que a la creación, aunque inevitablemente intervengo en los temas que a mí me conciernen. Estoy pendiente de todas las etapas del proceso, pero siempre respetando a los artistas con quienes trabajo. Trato de limitar mis comentarios a lo que me parece más eficiente o atractivo, aunque, por supuesto, muchas veces también opino desde lo emocional.
 
Es que es imposible quedarse al margen…
Obvio. Es que cada proyecto es un hijo, porque al menos dedicas un año de tu vida para que vea la luz. Plasmas la idea en el papel, escribes tres proyectos para buscar distintos fondos, vas a decenas de reuniones y, finalmente, lo ves en escena, brillando. Cada proyecto es parte de mi vida.
 
¿Y cómo funciona vivir con tanta intensidad entre proyecto y proyecto?
La verdad es que vivo en tiempos atípicos y por eso hay que ser disciplinado si se decide ser independiente. Muchas veces trabajo catorce o quince horas diarias por dos o tres meses y luego, estoy otros dos meses en mi casa, con más calma, preparando nuevas cosas.
 
Además del teatro, ¿qué otro tipo de eventos has producido?
He trabajado con Christian Núñez en Dakar y el año pasado produje un concierto junto a Alejandra Rojas, lo que para mí es muy importante, porque abre nuevos horizontes laborales.
 
CULTURA Y MÁS
 
“Después de seis años en San Pedro de Atacama, la cultura se apareció en mi camino. Me di cuenta de que yo tenía una habilidad que a los artistas les hacía falta y que era administrar su trabajo artístico”, nos dice Juan Pablo.
 
¿Qué crees que es fundamental para un buen proceso creativo?
Yo voto por la profesionalización de los artistas antofagastinos porque hay muchos y muy buenos, pero lamentablemente para lograr un estándar de vida apropiado, muchas veces deben dejar su talento de lado y trabajar en otras áreas. Recién ahora, gracias a una serie de factores sociales donde también está el del gestor cultural, hay una nueva ola de gente que ha logrado dedicarse por completo a la creación, lo que siempre será beneficioso.
 
¿Cuál es el rol de los privados y del Estado en esta profesionalización?
Importantísimo. De hecho, gracias a fundaciones y corporaciones privadas muchos artistas han logrado estudiar en el extranjero, perfeccionarse o traer espectáculos de nivel mundial a nuestra zona. El intercambio cultural es fundamental para tener un comparativo, analizar fortalezas y debilidades e ir creciendo cada vez más.
 
¿Por qué pones tanto énfasis en la profesionalización?
Porque lo que hace el alma para el cuerpo es lo que hace el artista por su pueblo. Por eso es que deben existir las condiciones para que los creadores se desarrollen y crezcan. En ese sentido, que los productores se hagan cargo de las estructuras y los límites también es parte del engranaje, aunque a muchos todavía les cuesta entenderlo. No se trata de generar bienes de consumo o productos comerciales, sino de lograr que las creaciones culturales les entreguen a los artistas el financiamiento necesario para vivir como quieren vivir. El productor es un mediador entre el sistema económico y el artista.
 
¿Es importante tu formación como ingeniero comercial?
Por supuesto. Soy un administrador de una empresa que es un artista o un grupo artístico, porque debemos lograr que se generen productos culturales que sean mucho más que un show sin sentido, que permitan que el artista se pueda desarrollar y, a la vez, que el público también crezca y que pueda apreciar las distintas calidades y movimientos artísticos.
 
¿Cuándo te reconociste como productor cultural?
Un momento fue cuando Eva Ayllón me reconoció públicamente como un gran productor, dentro de un trabajo en equipo que logramos con la corporación cultural. Y otro, muy personal, fue cuando después de seis meses de haberme hecho independiente, pude empezar a vivir como productor cultural. Fue un premio a lo que ha sido una carrera de mucho esfuerzo, pero a la vez de mucho éxito.

 

 
“Cada proyecto es un hijo, porque al menos dedicas un año de tu vida para que vea la luz”.

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