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EDICIÓN | Marzo 2014

Desafío a la gravedad

Aeroyoga
Desafío a la gravedad
La sensación de volar es una de esas experiencias que el ser humano vive solo en sueños o practicando deportes extremos. O esta nueva disciplina, una derivada del milenario yoga, donde dos hermanas y socias encontraron el sentido de sus vidas y las respuestas a muchas preguntas. Hoy, quieren transmitir la alegría que sienten en cada clase y formaron su propia academia que funciona en el centro Vrinda de Antofagasta.

por Claudia Zazzali C. / fotografía Andrés Gutiérrez V.

Personas volando, rodeadas de cintas de colores. Así se ven los alumnos de una clase de aeroyoga. Cada uno concentrado en su postura, buscando el equilibrio físico y espiritual, proyectando profunda paz. Para Claudia y Paulina Hernández, la práctica de esta disciplina se transformó en mucho más que una actividad física entretenida y diferente. Hoy, la convirtieron en el centro de sus vidas, creando la academia de Aeroyoga Inbound, donde imparten clases de una práctica innovadora en la ciudad.
 
Se instalaron hace tres años y captaron una serie de seguidores que, con perseverancia, se beneficiaron con esta técnica que desafía a la gravedad.
 
Desde muy jóvenes, Claudia y Paulina estuvieron ligadas a la actividad física, principalmente a la gimnasia rítmica, pero nunca imaginaron que las elongaciones y posturas que hacían se basaban en una disciplina milenaria que, con el tiempo, se transformaría en su oficio. Reconocen que cuando se enfrentaron a sus primeras clases tuvieron miedo, pero luego se dieron cuenta de que era lo que siempre habían anhelado. Ambas tienen su estilo diferente, pero se complementan en la enseñanza de esta técnica con amplias propiedades terapéuticas.
 
BENEFICIOS
 
Para Claudia Hernández, cuyo nombre espiritual es Bhavani Devi Das, la mayor de ambas hermanas, su propuesta se basa en todos los conocimientos y práctica que han adquirido en el estudio del yoga para dar vida a una técnica que define como “dinámica, espiritual, que logra que la persona entre en armonía, tanto física, mental y espiritual”.
 
¿En qué consiste el aeroyoga y cuál es la diferencia con el yoga tradicional?
Trabajamos como el yoga típico en el piso, que tiene muchos beneficios orgánicos, y el aeroyoga, que es exactamente lo mismo, porque cada postura al estirar, al elongar, al contorsionar tu cuerpo está masajeando tus órganos internos, que es la idea de esta disciplina. Entonces es una terapia muy sanadora, tanto del punto físico como mental, porque es lo mismo que el yoga, pero incorpora el beneficio de la anti gravedad.
 
¿Y cuál es la ventaja de desafiar la gravedad en cada postura?
Hay posturas que uno puede lograr mejor arriba del columpio al estar completamente en inversión, ya que ahí el organismo tiene mayor irrigación sanguínea, mejor funcionamiento a nivel pulmonar, cardiaco y linfático. En un yoga tradicional de piso no es fácil ponerse de cabeza, pero acá, desde el primer día de clases, tú ya estás de cabeza, de alguna forma, con la ayuda del columpio ya que funciona como un soporte, una especie de bastón para tu clase que permite un avance más rápido que el yoga tradicional.
 
¿A quiénes está dirigida esta disciplina?
Ayuda mucho a las personas que en el yoga tradicional han tenido problemas con la corrección de su postura o que tienen dificultad para realizar algunas asanas. El columpio ayuda a alinear la postura, la corrige y, a su vez, es como un guía porque uno tiene que estar pendiente del columpio. También es muy lúdico, muy entretenido y hace la clase más dinámica.
 
INICIOS
 
Ambas emprendedoras llegaron a esta práctica tras un exhaustivo estudio del yoga en sus diferentes tipos, pero sus metas eran diferentes. Para Paulina era desarrollar su talento y necesidad de realizar un trabajo físico, mientras que para Claudia la práctica tenía un fin más terapéutico para mejorar las complicaciones que ha tenido en la columna desde su niñez.
 
¿Cómo llegaste a esta práctica?
En mi caso, por problemas en la espalda, tengo escoliosis, cifosis, lordosis, lo que es notorio, pero ahora está más disminuido. Desde niña esto ha sido un conflicto para mí, pues tenía mucho dolor, sobre todo cuando trabajaba de pie, lo que sumado al estrés de la vida cotidiana, hace que los músculos se aprieten mucho más.
 
¿Entonces la práctica ha sido una solución a este problema?
Desde chica fui a kinesiólogo y a distintas terapias, pero nunca solucioné el problema acá en Antofagasta y en mi mente ni aparecía la palabra yoga. Con mi hermana siempre fuimos muy gimnastas. Mi hermana hizo mucho tiempo gimnasia rítmica en el colegio y se destacó por su buena elongación y como hermana mayor (porque tenemos siete años de diferencia), la alenté porque ella tenía condiciones para ese tipo de ejercicios, pero sin saber que era yoga.
 
¿Dónde comenzaste tus estudios de yoga?
Salí del colegio y me fui a estudiar a Santiago comunicación audiovisual y una compañera mayor se percató de mi problema y me preguntó si quería practicar yoga y comencé a ir un lugar muy especial que no era conocido en ese tiempo. Pero dicen que el camino del yoga es un poco pedregoso, entonces conocí la disciplina y su metodología, pero no me encaminé muy bien, pues siempre por el trabajo o los estudios dejaba la práctica. Pasaron años en que tomé clases de yoga, pero era inconstante. También practiqué Pilates y Capoeira.
 
¿Imaginaste alguna vez que serías instructora de yoga?
Siempre mi motivación había sido por práctica personal y por el dolor de espalda, siempre había estudiado a modo personal, pero nunca pensé en hacer clases. Pero cuando llegué a Antofagasta me reencontré con mi hermana; desde niñas nos hemos llevado bien, así que comenzamos a asistir a clases de yoga juntas y le dije: Paulina, tú tienes muchas condiciones, metámonos a un instructorado.
 
UNA CONSTANTE INQUIETUD
 
Tras ese encuentro entre estas entrañables hermanas, la necesidad de echar a correr la imaginación en torno al yoga se hizo creciente. Tras estudiar distintas técnicas y tendencias, despegarse del suelo y subirse al columpio fue un desafío atrayente. Por eso, ambas decidieron invertir en este emprendimiento. Como faltaban lugares comenzaron a practicar al aire libre y fue solo cuestión de tiempo sumar nuevos interesados. Así empezó a cumplirse el sueño de Paulina, que desde niña practicaba piruetas y siempre se visualizó haciendo acrobacias y totalmente despegada del suelo.
 
¿Siempre te vinculaste a la actividad física?
Desde chica anduve todo el día de cabeza, era mi obsesión. En el colegio hacía gimnasia artística y después crecí y en Antofagasta no había muchas expectativas; se llega a un nivel y después no puedes avanzar más así que detuve mi trabajo físico. Estudié teatro y ecoturismo, combinando mi pasión por la expresión física y el contacto con la naturaleza. Pero nunca pude ejercer, así que fui buscando otros caminos.
 
¿Y cómo diste con el yoga?
Entré a trabajar a un gimnasio donde hacían yoga y desde el primer día que asistí a una clase, jamás dejé de practicarlo. Empecé a estudiar sola, a investigar, a descubrir su origen, las tendencias y estilos y tenía unas ganas locas de hacer un instructorado.
 
¿Cuáles son los requisitos que exige esta práctica?
La verdad que no hay ningún requisito para hacer yoga, menos aeroyoga, porque ayuda a corregir tu postura, a mantener tu equilibrio, a elongar más, entonces te facilita la clase. Cualquiera puede practicarlo, hay que tener ganas, mentalizarse porque hay gente que sufre la primera clase y quedan mal; les digo que la primera clase es así y les aconsejo que saquen ese pensamiento que dice esto no es para mí.
 
¿Cuándo comienza la persona a tomar el ritmo?
Creo que a la tercera clase la gente comienza a tomar el ritmo, lo importante es no faltar porque es como empezar de nuevo, entonces hay que ser constante, no detenerse. El cuerpo se va acomodando, se va soltando, vas tomando el control del columpio, vas descubriendo los beneficios, vas sintiendo cómo tu cuerpo adquiere fuerza, elongación, sientes que tu espalda está relajada, que tu cuerpo descansa, que te vas con la mente calmada hasta que surge la necesidad de continuar con la práctica.
 
“No hay ningún requisito para hacer yoga, menos aeroyoga, porque ayuda a corregir tu postura, a mantener tu equilibrio, a elongar más, entonces te facilita la clase”.

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