El impulso salitrero se inicia cuando, en 1830, se autoriza a Juan Alaba a exportar salitre: tras él, bufa el tren salitrero de los hermanos Montero desde esa fecha hasta 1930: un siglo. Iquique creció y se desarrolló transformándose en un puerto que vendía salitre a todas las naciones. En la guerra de 1879, la ciudad se incorpora a la soberanía chilena y el imperialismo inglés se queda sin nada. Nadie sabe para quién trabaja.
Iquique es tan viejo como el tiempo. Los antropólogos aseguran que el territorio de la actual ciudad fue habitado por indígenas hace cerca de cuatro mil años, una cifra difícil de imaginar. Cuando los españoles, en el siglo XVI, iniciaron la conquista del territorio chileno y específicamente cuando el español Lucas Martínez Vegazo fue designado encomendero de Arica, la extensión de ella llegó hasta las tierras iquiqueñas, cuya existencia humana alcanzaba a un pobre caserío de indígenas.
Desde esos años comienza a circular en la imaginación de los conquistadores la presencia de un riquísimo yacimiento de plata. Era lo que aseguraban los indígenas. Una fantasía que los dejaba sin dormir. Pronto la fantasía se transformó en realidad y la palabra Huantajaya se popularizó en el vocabulario castellano. Las aguas que bañaban sus costas fueron el medio de llegar hasta el caserío. Trabajadores desembarcaban en el puerto para desde allí saltar a Huantajaya. También para embarcar contrabando de plata, evitando pasar por el control estatal de la corona que cobraba los impuestos respectivos.
AL RITMO DE HUANTAJAYA
Mientras el mineral aumentaba la explotación de plata y atraía una población que vivía de riqueza, también el caserío se convertía en puerto de exportación del codiciado metal. Una aduana creada en 1789, vigilaba los embarques y sacaba lo que le correspondía a la Corona. Además, el agua que consumía la minería llegaba al naciente puerto.
No obstante la población comenzaba reponerse, tras la epidemia que la había afectado. En 1815, los salitreros, encabezados por Sebastián de Ugarrisa, construyeron bodegas para mercancías y muelles embarque para el salitre. Iquique comienza a levantar viviendas para empleados fiscales. A comienzos del siglo XIX, la ciudad contaba con cien habitantes y el salitre despierta los apetitos de adinerados peruanos para explotarlo.
EL INCENTIVO DEL SALITRE
Los iquiqueños abrieron el puerto para la llegada de abastecimiento de Valparaíso: comestibles, maquinarias y bebidas alcohólicas. Lentamente la explotación primitiva de salitre, en las llamadas “paradas”, comienza a ser reemplazada por maquinarias y se levantan las “oficinas salitreras”.
La ciudad inicia su desarrollo: comercio, talleres, representantes de compañías navieras, van formando otro rostro urbano. El impulso salitrero se inicia cuando, en 1830, se autoriza a Juan Alaba a exportar salitre: tras él, bufa el tren salitrero de los hermanos Montero desde esa fecha hasta 1930: un siglo. Iquique creció y se desarrolló transformándose en un puerto que vendía salitre a todas las naciones. En la guerra de 1879, la ciudad se incorpora a la soberanía chilena y el imperialismo inglés se queda sin nada. Nadie sabe para quién trabaja.