Los especialistas señalan que el lugar más importante de una ciudad es aquel donde se resume su existencia. Y quizás por ello no es coincidencia que, en pleno Barrio Histórico, nazca un espacio único para el arte y la educación. Un edificio que ha tenido tantas utilidades como anécdotas, hoy renace como el ícono de un nuevo sueño para los habitantes del norte: un cluster cultural para la región.
Por Claudia Zazzali C. / Fotografías Andrés Gutiérrez V.
Un espacio en blanco. Justo así es como se presentó en sociedad el Centro Cultural Estación Antofagasta: sus paredes desnudas reflejando luces de colores, las amplias dependencias solo llenas de invitados y la música instalándose en los históricos rincones de este añoso edificio.
Cruzar el umbral de aquella puerta es como tomar un cuaderno nuevo y disponerse a escribir, al menos una parte, de un capítulo de estreno, de un lugar que promete congregar a todos quienes sueñan con una Antofagasta más creativa, donde todos sus habitantes intercambien sus sueños e inquietudes, consolidando con ello la identidad de una ciudad hecha a pulso por emprendedores y viajeros.
Así de poética es la génesis de esta iniciativa que cumplió con recuperar uno de los edificios más emblemáticos del Barrio Histórico y como yapa, establecer el punto de partida de un ambicioso plan. Lo mejor de todo es que, al parecer, y como dicen en la tele, esto recién comienza.
LLEGÓ EL MOMENTO
Caroline Monypenny, jefe Unidad Relaciones Comunitarias en Ferrocarril de Antofagasta Bolivia y miembro del Directorio del Centro Cultural Estación Antofagasta, comenta sobre el importante desafío que significa generar un espacio que, poco a poco, debe ir creciendo y evolucionando hasta lograr convertirse en un referente para el Norte Grande, con una identidad propia.
"El desafío que tenemos es muy fuerte, pero nuestras ideas están claras y los objetivos fijados, así es que avanzamos de manera segura. Lo único que nos queda es ponernos manos a la obra y a trabajar", afirma Caroline.
En Estación Antofagasta todos tienen un espacio; desde la elite artística nacional, hasta los creadores locales, quienes pueden postular sus proyectos para incorporarse al intenso programa de actividades de este centro cultural. En este sentido, Caroline aclara que "a los artistas lo único que les pedimos es que se involucren con nuestra visión respecto al espacio. Lo prioritario para nosotros es que logremos una participación activa de los visitantes, traspasar el concepto de sala de exposiciones y generar un lugar lleno de vida".
La muestra inaugural de este espacio fue, nada más y nada menos, que la Colección "En Viaje", del Museo Nacional de Bellas Artes, donde los visitantes conocieron tres siglos de historia reflejadas en un conjunto de obras patrimoniales de destacados autores, entre los que destacan Juan Mauricio Rugendas, Raymond Monvoisin, Pedro Lira, Alfredo Valenzuela Llanos, Luis Vargas Rosas, Juan Francisco González, Nemesio Antúnez, Paz Errázuriz y Lotty Rosenfeld.
Esta exposición fue traída a Antofagasta gracias a la Ley de Donaciones Culturales, por el MNBA y la Fundación Itaú. Pero por su alto valor educativo, no hubiera podido ser presentada antes en la ciudad, pues no existían salas habilitadas con las condiciones apropiadas en cuanto a espacio, temperatura e iluminación. Si bien es cierto, algunas universidades han hecho esfuerzos en el sentido de proveer a la comunidad de espacios culturales, son escasos los lugares en que la plástica y la escultura pueden mostrarse al público de manera óptima.
Pero como la idea original de Estación Antofagasta es lograr interacción entre obra y persona, un detalle interesante es que hay un grupo de guías que acompañan el recorrido, de una manera muy especial. Caroline Monypenny señala que "nuestro objetivo es marcar la diferencia y, por ello, consideramos que las guías no debían ser especialistas en técnicas artísticas. Son estudiantes de turismo que fueron capacitadas especialmente para que el visitante viva una experiencia con las obras, lo que permite que las personas se emocionen de distintas formas, aunque vengan muchas veces a una misma muestra".
Otra de las líneas fundacionales del Centro Cultural, es el fomento de la educación. Y aunque el solo hecho de tener las puertas abiertas a la comunidad contribuye a una mejor formación de los escolares, lo cierto es que cada actividad programada contempla seminarios y charlas, especialmente orientadas a docentes de diversas disciplinas. No solo un profesor de arte puede aprovechar estas instalaciones, sino también de otros ramos como ciencia, lenguaje, historia y hasta matemáticas.
De hecho, Jaime Tolosa, jefe del Departamento de Gestión Inmobiliaria y Patrimonial de FCAB, relata que "hoy en día los estudiantes que vienen con su profesor nos piden que, al final de la visita, expliquemos cómo se restauró el edificio, lo que por supuesto es una oportunidad para conversar con los jóvenes sobre arquitectura, historia y rescate patrimonial e, incluso, matemáticas. Este centro cultural es una herramienta que nosotros ponemos a disposición de todos, pues la cultura debe ser vivida y no sólo observada".
Respecto a la creación de Estación Antofagasta, Jaime señala que "hay una necesidad real. Como empresa constantemente recibimos propuestas de personas que quieren hacer cosas; sin embargo, no existe una formalidad al respecto. Y es por ello que con la creación de este centro cultural queremos fijar un punto de partida para conformar un cluster cultural, que es hacia donde queremos ir. Esto nos permitirá unir a los creadores, empresarios y los financiamientos disponibles, ya que hasta ahora funcionan por separado y sin organización alguna".
"Hace muchos años atrás, cuando acá no existía nada, había un ferrocarril que conectaba a las personas entre sí. Hoy, el centro cultural es el nuevo medio para comunicarnos, para compartir información, para encontrarnos y para crear nuevas cosas", acota Jaime.
Claudio Ostria, arquitecto de dilatada trayectoria y miembro del directorio de Estación Antofagasta, agrega que "el concepto de rescate patrimonial tiene que ver con la vida. Y en este punto quisiera hacer una reflexión que tiene que ver con el punto fundacional de Antofagasta, en el que el ferrocarril fue protagonista en todo lo que implicó la conquista del desierto".
"En algún momento de la historia de la región, recibimos pioneros que venían con un objetivo netamente económico y pragmático, que era obtener riquezas de nuestra tierra. Sin embargo, gracias al ferrocarril se provocó una interacción cultural, pues más allá de ser un simple medio de transporte, se convirtió en un medio de comunicación a través del que se fueron consolidando comunidades enteras", enfatiza Claudio.
PUNTO DE PARTIDA
Caroline agrega que al estar ubicados en el mismo lugar donde se inició el poblamiento local, nace también la inquietud de "fundar el nuevo concepto de cluster cultural, que tiene como principal misión incluir a todos los actores de la escena.
Claudio Ostria señala que "en las ciudades lo que importa son los lugares existenciales y en Antofagasta, la ubicación que ocupa este centro cultural está justo en el corazón de esta urbe, en lo que fue el origen fundacional de la capital regional. Es justo aquí, en calle Bolívar y frente al embarcadero, donde todo despierta a la vida".
"A partir de la remodelación del edificio, de algún modo se pone en valor el inicio de la ciudad. En esta zona, están las directrices de aquello que constituye hoy día la identidad de la urbe. En Antofagasta, la Plaza Colón es lateral, ya que nace como consecuencia de formalizar un espacio. Pero el verdadero lugar de encuentro eran las Plazas del Mar, es decir, los embarcaderos", indica el arquitecto.
Añade, "hoy en día, vivimos un momento evolutivo, donde nuestra sociedad adquiere madurez, pues en el desierto no solamente se extrae, sino también se cultivan temas como identidad, crecimiento espiritual y desarrollo humano. Es decir, nuestro aporte al país comienza a traspasar las meras cifras y entregamos una mirada desde la localidad hacia la globalidad". Glocalidad sería el término preciso, concepto acuñado por Adriana Zuanic, cineasta regional.
LA CASA NUEVA
Claudio Ostria cuenta que entre el año noventa y seis y noventa y siete realizó un registro de todos los edificios de áreas de interés histórico arquitectónico y urbanístico de la ciudad, a solicitud de la municipalidad.
Un año después, el Ministerio de Obras Públicas, a través de la Dirección de Arquitectura, solicitó un inventario a nivel regional y dentro de esta investigación surgió la historia de esta casona de principios del siglo XX. Su dueño original fue Simón Patiño, uno de los bolivianos más poderosos de la época del salitre. Su uso original estuvo vinculado al Banco Mercantil de Bolivia.
"Luego de un posible uso habitacional, empiezan a sumarse otros usos, como el Hotel Belmont de la familia Luksic, el Colegio de Arquitectos, el Registro Civil y el Cantón de Reclutamiento", narra el especialista.
La construcción tiene su fachada principal por calle Bolívar y sus fachadas laterales por calle Washington y el pasaje Abaroa. Sus dos esquinas están rematadas por cúpulas metálicas que estilizan el conjunto. La empresa constructora que lo edificó fue la inglesa Sage & Co., quienes hicieron varios edificios eclécticos en Antofagasta.
Jaime Tolosa agrega que este edificio es Monumento Nacional, "por lo tanto, intervención en el edificio, no hay. Sin embargo, por dentro se realizó un trabajo muy minucioso en el que participaron muchos carpinteros, quienes se esmeraron en rescatar las maderas de pino Oregón original, los marcos de las ventanas y todo lo que fuera posible reutilizar. Cada espacio estaba lleno de estructuras nobles que era necesario reforzar, porque en sí la construcción es espectacular. La sala principal es una planta libre de trescientos cincuenta metros cuadrados, que están dispuestos como gran explanada y una mezcla bien entretenida de materiales, porque tiene muros de hormigón, tabiques y pilares de madera".
En el proceso de la restauración, los encargados hicieron descubrimientos de alto impacto, como algunos diarios del mil novecientos, que hoy están en el Museo de FCAB.
El proceso fue exhaustivo y durante el mismo, surgieron un sinfín de anécdotas como cortinas mecánicas de principios de siglo que aún funcionan, piezas del techo que fueron fabricadas por artistas, una escalera oculta detrás de un tabique. "El escenario es idóneo para empezar a crear", indica Jaime. "Lo importante es que ahora la comunidad participe y se apropie de este espacio, que finalmente es de todos".
El origen de este ambicioso proyecto nace de la mano de la Unidad de Relaciones Comunitarias de FCAB. En diversas actividades con la sociedad antofagastina, surgió la necesidad de rescatar la historia local. ¿Cómo se hace?, fue el primer cuestionamiento. Caroline Monypenny cuenta: "empezamos a averiguar qué podíamos hacer para recuperar el edificio que pertenece a Ferrocarriles y que estaba disponible para ser usado. Supimos de la existencia de la Ley de Donaciones y comenzamos a convocar a personajes señeros de la ciudad: Floreal Recabarren, Claudio Ostria, Hernán Rivera y muchos otros que comparten la vida diaria en Antofagasta, que conocen las anécdotas, que salen a comprar pan todas las mañanas, porque es muy distinto traer una idea de afuera y querer implantarla, que saber cómo se desarrolla la vida en nuestra comunidad.
Este equipo, junto a trabajadores de Ferrocarril, conforma un grupo de dieciocho personas bajo la figura del Centro Cultural Estación Antofagasta. Los integrantes del directorio son Carlos Acuña, Belén Canivilo, Esther Croudo, Marco Kútulas, Jorge Lyons, Rodrigo Marín, Caroline Monypenny, Claudio Ostria, Ricardo Palma, Floreal Recabarren, Pablo Ribbeck, Hernán Rivera, Sergio Sáez, Miguel Sepúlveda, Jaime Tolosa, Aurora Williams, Carlos Yanine y su presidente, José Miguel Ojeda.