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EDICIÓN | Marzo 2014

Un sueño familiar

Los Hammersley en la Red Bull Flugtag
Un sueño familiar
El pasado sábado 8 de febrero fue una jornada inolvidable para una familia de Chiguayante. El equipo conformado por George Hammersley, su hijo Lucas y sus dos sobrinos Felipe y Paul, lograron el segundo lugar en el Red Bull Flugtag, inédita competencia en Chile, que consiste en hacer volar máquinas confeccionadas artesanalmente y con materiales reutilizables. La hazaña esconde una valiosa historia de esfuerzo y unión familiar.

por Cristóbal Montecinos C. / fotografía Sonja San Martín D.

Perteneciente a la cuarta generación de su familia en Chile, George Hammersley Kramer (44) es el menor de cinco hermanos. Hijo de Mario y Helga, egresó del Colegio Sagrados Corazones y luego estudió ingeniería mecánica y administración de empresas antes de obtener el título como especialista en óptica. Posteriormente logró una beca para estudiar en la Organización Nacional de Ciegos Españoles (ONCE), en Madrid, donde se tituló como óptico especialista en baja visión. A su regreso a Chile, comenzó a trabajar junto a su padre en Óptica Hammersley. Años después, en 1999, hizo un MBA en la Universidad del Desarrollo.
 
Actualmente, es gerente de esta tradicional empresa, con cincuenta y seis años de funcionamiento en Concepción, y la primera en instalarse en Chile, hace ciento cuarenta y dos años. Desde hace ocho años, además, George Hammersley dicta clases de óptica en la carrera de Tecnología Médica, en las universidades de Concepción y San Sebastián.
 
LOCOS HAMMERSLEY
 
“Como familia, siempre hemos sido conocidos como los ´locos Hammersley´. Mi padre tuvo fama de aventurero en la región, en el esquí y en la aviación. Fue piloto civil, cuando era soltero, en las décadas de los años cincuenta y sesenta y dejó de volar cuando mis hermanos mayores eran chicos, al ver los riesgos que corría”, cuenta George.
 
A pesar de dejar esa actividad, agrega: “a mi padre siempre le quedó dando vueltas en su cabeza la pasión por volar. Veraneábamos en el Lago Lanalhue en la casa de la familia y en esa época la revista Mecánica Popular estaba de moda. Él era fanático de esa publicación que incluía planos e instrucciones para construir de todo y él nos instaba a armar muchas cosas como veleros, kayaks, etc., pero siempre quiso armar un avión para remolcarlo con la lancha en el lago. De hecho, trató de hacerlo. Compró el motor y otras piezas, pero era muy difícil acceder a todos los materiales, así es que quedó ahí y nunca lo concretó”.
 
“Mi hermano mayor, Mario, también entusiasmado con esta idea de volar desde pequeño, practica alas deltas hace mucho tiempo como afición y es uno de los pocos en Concepción que se dedica a esto. A mí, desde chico, también me gustó el aeromodelismo y pude construir aviones y veleros a pequeña escala y a control remoto”, revela George, casado hace diecinueve años con María Angélica Maldonado y con quien tienen tres hijos: Lucas (16), Benjamín (14) y Agustín (10).
 
TRABAJO EN EQUIPO
 
Precisamente fue su hijo Lucas quien vio un comercial de televisión donde difundían el Red Bull Flugtag, competencia que se llevó a cabo por primera vez en Chile en febrero, y se lo comentó a su padre, quien se entusiasmó con la idea de participar con una máquina voladora.
 
“Reunimos a la familia y mi papá hizo una presentación con diapositivas que mostraban a nuestro abuelo cuando era piloto, explicándoles luego la idea de construir este avión para el evento y concretar el sueño de nuestro abuelo. Todos los tíos y primos se motivaron y se les pidió dibujar sus ideas para enviar el proyecto a la organización de la competencia. Debía incluir el modelo de avión, qué baile íbamos a representar y los trajes que vestiríamos. Se enviaron dos mil proyectos y el nuestro resultó elegido dentro de los cuarenta que participaron, finalmente”, dice Lucas.
 
Felipe Hammersley Puentes, sobrino de George y colaborador, comenta que hubo muchas ideas locas. “Elegimos una empanada voladora, porque sabíamos que íbamos a ser vistos en todo el mundo y era algo representativo de Chile”.
 
El traje también debía ser algo particular y que llamara la atención. “Disfrazarnos de longaniza también apuntaba a lo mencionado anteriormente. Se trataba de algo muy identificado con Chile y eran trajes que se podían apreciar de lejos”, agrega George.
 
VALIOSA AYUDA
 
Paul Hammersley Cabalieri, también sobrino y participante de esta aventura, añade que el entusiasmo inicial no se tradujo necesariamente en participación. “Hubo varios a quienes no nos tenían mucha confianza, pero con el correr del tiempo y la creciente expectativa, estuvieron a nuestro lado aportando de muchas maneras e, incluso, viajaron a Valparaíso al evento”.
 
Tardaron cerca de dos meses en armar la nave, la que construyeron en gran parte en el garaje de la casa familiar que tienen en el Lago Lanalhue. “Mi padre, que ya tiene ochenta y seis años y le cuesta un poco caminar, igual se dio el tiempo y la energía para visitarnos allá. Se notaba orgulloso de nosotros y su motivación fue muy importante, además de su aporte económico”, reconoce George.
 
Precisamente, el tema del financiamiento ocupó parte importante del tiempo y esfuerzo del grupo. “Comprar tantos materiales no era fácil y se nos ocurrió pedir ayuda a través de auspiciadores. Así, preparé una invitación y se la envié a casi todos mis amigos y contactos, logrando financiar la mitad del proyecto con el apoyo de empresas, como L´Angolo, Astoria, la revista Súper Mascotas, Carnicería Río Blanco, VK&C Consultores y GS Publicidad, además del apoyo de la Municipalidad de Chiguayante y, por supuesto, de Óptica Hammersley”, detalla.
 
Durante los últimos días previos al evento, la casa de los Hammersley Maldonado estaba llena de gente día y noche. “Francisco Díaz, Ricardo García, Flavio González, Óscar Cárcamo, Iván Ursic y Roxana Parra fueron algunos de los amigos que dedicaron mucho tiempo en ayudarnos en el diseño y confección de la nave e, incluso, los cuatro primeros viajaron a Valparaíso para estar con nosotros el día de la competencia. Hubo mucha gente involucrada en esto que colaboró de una u otra manera y de la que estamos muy agradecidos”, añade.
 
ESPERADO DÍA
 
Una sobrina los asesoró en el baile, que debían presentar previamente al lanzamiento de la nave; y le pidieron ayuda a una señora que vendía empanadas para que los aconsejara en los dobleces de las puntas de estructura, que simulaba la masa de esta gigantesca empanada con alas.
 
Tras un viaje de dieciséis horas hasta Valparaíso y muchos inconvenientes de último minuto, lograron instalarse en el muelle de Caleta Portales, donde las máquinas voladoras serían lanzadas desde una pista de despegue de seis metros. “Nos dimos cuenta de la cantidad de gente que conformaba el público en la playa, que fácilmente superaba las sesenta mil personas. Al contrario de asustarnos, nos sirvió de motivación y calculamos la magnitud de la competencia en la cual estábamos participando”, recuerda Lucas.
 
En el baile lograron la máxima puntuación, consiguiendo el primer lugar, mientras que en creatividad y originalidad alcanzaron el tercer puesto. “En el lanzamiento, Lucas, Felipe y Paul empujaron la máquina que yo conducía como piloto y logramos una distancia de quince metros, desde el punto de partida hasta la llegada al agua, con lo que obtuvimos el segundo lugar general en la competencia, entre cuarenta y un equipos. Se trató de una experiencia única por todo lo que significó el trabajo en equipo y lograr unir a la familia en torno a esta causa”, comenta George.
 
De esta manera, regresaron a Concepción con un trofeo para cada uno de los integrantes del equipo de la “Empanada Voladora”, además de quinientos mil pesos y una invitación, con todos los gastos pagados, a participar de diversos deportes aéreos en el Red Bull Aeroatelier, en La Cumbre, Argentina.
 
“Mi motivación para ser parte de esto se basó en hacer participar a mi familia, especialmente a los jóvenes, en este sueño familiar. Mi padre nos inculcó lo de armar diferentes aparatos y uno deja de tenerle miedo a emprender y probar. Valió la pena todo el esfuerzo y es una lección aprendida para mis hijos y sobrinos. Ahora, la idea es construir el famoso avión para remolcarlo con la lancha sobre el lago Lanalhue”, finaliza con entusiasmo George Hammersley.

 

 
“Elegimos una empanada voladora, porque sabíamos que íbamos a ser vistos en todo el mundo y era algo representativo de Chile”.

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