Concepción fue fundado, en 1550, como cabeza de la ocupación hispana para el amplio territorio que se extendía a ambas riberas del Bío-Bío. Muy pronto el gobernador Pedro de Valdivia cruzó el gran río y dio comienzo a la ocupación, mediante la fundación de fuertes y ciudades. Personalmente establece el fuerte de Tucapel, en el sitio del actual Cañete, las ciudades de La Imperial y Valdivia y dispuso la fundación de Villarrica y de Angol o Los Confines. Para llegar a esos lugares, la primera dificultad era atravesar el enorme curso de agua, que aparecía como una gran barrera natural para alcanzar las tierras de Arauco.
El camino al sur discurría por la orilla hasta la altura de Manquimávida, desde donde se cruzaba al valle de Catirai, sitio luego del fuerte de Santa Juana de Guadalcazar, hoy de la ciudad del mismo nombre. Aprovechando los bajos e islotes del río, las mesnadas cruzaban al sur y luego seguían rumbo a Colcura y el fuerte de Arauco, atravesando las serranías de Patagual. La ruta costera por San Pedro y el actual Coronel era menos utilizada, por tratarse de una zona frecuentemente inundada, como recuerda el nombre de Lagunillas, que subsiste a pesar de que el terreno se ha elevado con los terremotos y, debido a las menores lluvias, ya no se inunda.
El cruce se hacía simplemente a caballo o a nado; o bien en balsas que llevaban la carga y pasajeros, impulsados por pértigas o por los mismos caballos. Cuando se estableció el fuerte de San Pedro, en tiempos del gobernador Alonso de Ribera, el paso se hizo más frecuente. Surgió entonces el Puerto de Chepe, a los pies de la colina homónima, que por largos años fue el principal paso público del río. Tocaba al cabildo de Concepción regular, de una forma que parece muy moderna, la concesión de la balsa y velar por las tarifas y la calidad del servicio.
Recién hacia 1889, con el auge del carbón y el desarrollo de los ferrocarriles, se construye el gran Puente Ferroviario, para el paso del tren a Curanilahue. Tiene una extensión similar a su año de creación y es una joya de la ingeniería, que aún subsiste y debe preservarse. Permitió sacar la producción carbonífera y, en general, dinamizar la economía de Arauco hasta la hora presente.
Recién cuarenta años más tarde, pues fue en 1934, se inauguró el Puente Carretero. Construido en madera y por la iniciativa privada, al igual que el ferroviario, terminó controlado por el Estado. Debió construirse porque ya había “más de 250 automóviles” en la provincia de Arauco y se necesitaba para el tráfico de éstos, como también de personas y animales. Prestó nobles servicios y resistió dos terremotos y muchos embates de la naturaleza. El de 2010 no pudo superarlo, derrumbándose como dominó; lo que determinó su reemplazo por un puente provisorio o “mecano” y pronto por el Puente Bicentenario. La puesta en marcha, en los años sesenta del puente Juan Pablo II y, en los noventa, del Llacolén, alivianaron la carga del viejo viaducto.
En un próximo futuro, la construcción del Puente llamado de las Industrias, facilitará todavía más el cruce del río Océano, como le llamara Neruda. Ojalá que nos acercáramos a él no solo para cruzarlo, sino también para contemplarlo, navegarlo y disfrutar de la majestuosa marcha de las aguas por su ancho cauce.