Sede de importantes museos, actividades culturales, jardines con especies centenarias y su tradicional laguna, la Quinta Normal fue pensada con un espíritu modernizador, para esparcimiento de los santiaguinos y con el afán de generar conocimientos en el rubro agrícola. Recientemente nuestra Quinta Normal fue elegida por una revista internacional especializada en viajes y turismo como uno de los treinta parques urbanos más bellos del mundo.
Fue el primer parque abierto al público general en toda Latinoamérica. También pionero en otras áreas, pues cobijó el Zoológico de Santiago y el Museo de Bellas Artes (antes de ser trasladado a su ubicación actual) e incluso inauguró una cancha de tenis. Para su construcción se escogió el “lejano” límite urbano de la capital, zona conocida desde tiempos prehispánicos como Chuchunco, (actual barrio Matucana).
El nombre de este parque viene de la quinta hispana, es decir, propiedades agrícolas que tributaban el veinte por ciento de su producción a la corona. Allí se proyectaron 135 hectáreas destinadas al esparcimiento y como tal, los santiaguinos iban a encontrarse y dejarse ver, en sus mejores pintas y con el bólido de la época, el carro y posteriormente los primeros automóviles. El crecimiento de la ciudad, en todo caso, lo ha reducido a un cuarto de su dimensión original.
Al idear este parque, las autoridades buscaban un recinto dedicado al desarrollo científico. De ahí su segundo nombre, porque el apelativo “normal” hace referencia a la Escuela Superior de París, centro fundado para la formación de docentes e investigadores. Y así en la Quinta se instalaron centros especializados en el conocimiento y mejora de un rubro fundamental para la sociedad del siglo XIX: los procesos agrícolas.
Fue fundado en 1842 por el presidente Manuel Bulnes. En su interior cobijaba una escuela de prácticas agrícolas, a cargo de la Sociedad Nacional de Agricultura y una destilería de licores. El naturalista alemán Rodolfo Philippi ideó un jardín botánico y vivero, reuniendo exóticas especies –para la época– que aún puede admirar el visitante, como el plátano oriental, el ginkgo japonés o la secuoya norteamericana. El hermoso invernadero, uno de los cuatro monumentos nacionales que se ubican en el parque, solamente es posible observarlo desde fuera.
Con los años, el parque se fue poblando de otras instituciones dedicadas a las artes y ciencias. Por ejemplo, el Museo de Historia Natural, creado por el científico francés Claudio Gay, que se trasladó al recinto en 1876 y ocupa las instalaciones del Palacio Versalles. También tuvo lugar ahí la Exposición Internacional de Santiago de 1876, en que los asistentes se maravillaron con las novedades textiles, hidráulicas y mecánicas provenientes de distintos países del mundo.
Llegar al parque a pie es relativamente fácil, porque la estación del Metro Quinta Normal (Línea 5) emerge directamente a la entrada. A medida que el visitante se va internando, se olvida del ritmo frenético de la ciudad, conoce un inusitado y valioso silencio, y puede observar algo de paisajismo, algo de naturaleza, una laguna, juegos de agua y harto de arte y cultura. Allí tienen sede también otros importantes museos, como el de Arte Contemporáneo, de Ciencia y Tecnología y Ferroviario, con sus quince máquinas a vapor. No hay que olvidar una de las atracciones más recordadas y aún favoritas para los niños. Recientemente fue refaccionada la laguna con sus botecitos; una solamente, de las tres que originalmente hermoseaban este verdadero pulmón verde del sector poniente de la capital.
Recientemente nuestra Quinta Normal fue elegida por una revista internacional especializada en viajes y turismo como uno de los treinta parques urbanos más bellos del mundo. Una joya poco apreciada para el viajero convencional, aunque para el chileno es de los más visitados a lo largo del año. En la lista, corría codo a codo con Hyde Park de Londres, Central Park de Nueva York, Güell de Barcelona y otros espacios ubicados en importantes metrópolis, como Bangkok, París, Tokyo, San Paulo y Ciudad de México.