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Entrevistas

EDICIÓN | Marzo 2014

Cruzando El Atlántico

Florent Dromard, ingeniero civil
Cruzando El Atlántico
Guapo, simpático, ingeniero civil de profesión, deportista por afición y un viajero incansable. Así es este joven francés que cruzó el Atlántico en un pequeño velero para llegar a nuestro país, en donde hoy vive feliz y pleno. En estas páginas, los cuarenta días de una aventura inigualable.

por Constanza Valenzuela M. / fotografías Francisco Cárcamo P.

Florent Dromard (26) nació en Bordeaux, Francia. Estudió ingeniería civil, y a través de contactos con amigos, fue que llegó a la capital de nuestro país para hacer su práctica. Esto fue en diciembre del 2013. Aquí estuvo por seis meses trabajando en las obras del Mall Plaza Egaña. Luego volvió a su ciudad natal para titularse y ver a su familia, pero con la idea fija de querer volver a Chile.
 
¿Qué te gustó de nosotros?
Fue amor a primera vista... (se ríe). Más que nada, encontré que había un mundo por hacer en cuanto a construcción. Infinidad de ideas por implementar, cosas que en Europa son parte de las edificaciones, como los paneles fotovoltaicos y el tema de la sustentabilidad que es lo que me gusta. Por esto la idea, en un principio, fue volver ya titulado para trabajar un año más acá...
 
¿Cómo craneaste la idea de venirte en velero?
Soy fanático de los deportes a vela, sobre todo del kitesurf. Entonces, siempre estoy navegando por internet en el sitio: www.stw.fr, creado especialmente para los amantes de la navegación. Como el pasaje en avión era muy caro, entonces empecé a pensar seriamente en cruzar el Atlántico en una embarcación con compañeros especialistas, y buscando hacer realidad esta idea es que conocí a Olivier Jacques (55), el gestor del viaje.
 
¿Quién era este hombre?
Un loco con el que hablábamos por internet, y quien tenía el sueño de llegar a Ushuaia en Tierra del Fuego, para la Navidad del 2012, navegando. Para esto él, que se suponía tenía muchos conocimientos del tema, cosa que resultó no ser así, había construido un pequeño bote de trece metros de largo, y ya tenía una tripulación: su hermana y una amiga de ella que también sabía de estos temas. Solo le faltaba un cuarto compañero, que fui yo.
 
¿Lo conociste por internet y aceptaste?
Sí… un fin de semana viajé a Marsella para conocerlo en persona, y ver la embarcación… Tratamos de probarla pero a cada rato se puertos hasta que tuvimos que sacar el bote con grúa. Solo tuve esa experiencia con él antes de partir al otro lado del mundo… Ahí me di cuenta de que, al parecer, este señor no sabía mucho del tema…
 
¿Cuándo te decidiste a venir, qué te dijeron tus papás?
No fue tema. Yo viví por años en un internado y luego fui a la universidad, por lo que siempre me he manejado solo. Mi padre, Yvef, es un empresario que viaja mucho y mi madre, Christine, también lo hizo en su época: estuvo viviendo en Guatemala, México y África como voluntaria de temas humanitarios.
 
CUARENTA DÍAS
 
¿No te dio susto viajar con un desconocido y al parecer inexperto?
Fue una locura el haber viajado así. Pero yo quería hacerlo, sabía que iba a aprender mucho y no estaba asustado porque tengo conocimientos en el trabajo de la fibra de vidrio —material con el que estaba construido el velero—, ya que hice prácticas en esa área, la sé trabajar y reparar.
 
¿Cuándo se embarcaron y hacia dónde fueron en primera instancia?
Los primeros días de octubre del 2012, partimos. Tardamos tres semanas en llegar a las Islas Canarias, se supone que eran dos, pero tuvimos que hacer una parada en Marruecos para hacerle algunos arreglos al bote. De ahí otras dos semanas hasta Cabo Verde y poco más de una para llegar a Brasil. Cuarenta días en total.
 
¿Tuviste buenas relaciones con los tripulantes?
Tuve paciencia y tolerancia. Pero, por ejemplo, la amiga de la hermana de Olivier, el capitán, se bajó en Islas Canarias. Ella tenía experiencia en navegación, pero se dio cuenta de que este hombre estaba medio loco. Por suerte, en Internet encontramos a otro francés de veintisiete años que, en veinticuatro horas, llegó desde el País Vasco para integrarse al grupo.
 
¿Alguna otra baja?
En Cabo Verde, el chico recién llegado también se quiso ir... Él era muy aventurero, pero en su última experiencia, una parecida a esta pero en un barco comercial, murió su mejor amigo, por lo que estaba un poco afectado. Menos mal logré convencerlo de seguir adelante.
 
¿Tenían que ser cuatro tripulantes?
Sí, porque el bote estaba hecho para cuatro personas. Y para poder hacer el viaje adecuadamente necesitábamos que estas tuviesen conocimientos diversos, y que aportasen a la supervivencia en altamar, ya que cualquier cosa podía pasar.
 
¿Pensaste alguna vez que te podías morir?
Sí. Porque hubo momentos extremos. Recuerdo que una noche desperté y vi que a muy pocos metros había un carguero de petróleo con el que estábamos a punto de chocar si no hacíamos algo rápido. Logré salvar la situación con movimientos de timón y velas. El dueño del barco no se dio cuenta del peligro que estábamos corriendo.
 
¿Cómo se comportó el velero?
Siempre hacíamos reparaciones. En cuarenta días nos pasaron cosas que a un skipper —capitán profesional de veleros— le ocurren en toda su vida. Cada día era una locura nueva.
 
¿Qué cosas técnicas pasaron, por ejemplo?
La energía eólica nunca anduvo bien, ya que el panel fotovoltaico tenía filtraciones de agua por lo que no había electricidad, entonces tampoco funcionó el generador, ni el refrigerador y tampoco la radio.
 
¿Otra?
Un día se rompió la quilla, quedó solo la estructura metálica —algo muy grave, pues esa pieza es la columna vertebral de un barco—, pero pese a esto logramos llegar a Brasil. También pensé lo peor…
 
¿Cómo estuvo el clima?
Bueno, menos mal. Al Sur del Cabo Verde hay un punto muy complejo para la navegación, pero lo pasamos sin problemas…
 
¿Cómo racionaban los alimentos y bebidas?
Agua teníamos, pero como tuvimos problemas de electricidad, en el motor, en las velas, también los tuvimos en los estanques. El agua tenía mal sabor. Y durante los primeros cinco días la comida estaba fresca, después solo arroz y pescábamos… Cada vez que parábamos dos semanas, comprábamos comida fresca.
 
Finalmente llegaron a Brasil
Mi idea era llegar a Buenos Aires en el velero, y tomar un autobús hasta Santiago de Chile, pero nos demoramos más de lo que pensábamos. Se rompieron muchas cosas y el bote tuvo que ser reparado durante dos semanas en Brasil, entonces decidí seguir solo en bus hasta Argentina.
 
¿Te arrepientes de algo?
No, de nada.
 
¿Qué pasó con el capitán?
No pudo conseguir su objetivo. El bote estaba tan mal que tuvo que dejarlo y volver a Francia. Supe que el año pasado logró cumplir su sueño y llegó a destino.
 
VIVIR EN CHILE
 
Ya en Santiago, Florent se contactó inmediatamente con la gente en donde había hecho la práctica, quienes lo contrataron inmediatamente para terminar las obras del lugar. 
 
Hoy, vive en Curanipe. Como este deportista es fanático del kitesurf, buscando comprar una nueva tabla y un lugar para practicar, se encontró con una amiga que lo llevó a esta playa y le presentó a los dueños del hotel Punta Sirena. Y así fue como renunció a su trabajo en la capital para terminar trabajando en las obras de este lugar.
 
Al preguntarle qué pasará en un futuro, dice que no lo sabe, pero que le gustaría seguir trabajando con los arquitectos de Punta Sirena, quizás en otros proyectos. “Me gusta su manera de hacer las cosas y las obras que realizan; amo el espíritu de sus creaciones”. Y lo más importante, es que está seguro que  quedará en Chile por mucho tiempo.
 
¿Alguna recomendación para quienes quieran emprender este tipo de travesías?
Es más seguro contactar o contratar a un skipper profesional, o hacer el viaje junto a una pareja jubilada, a quienes no les asuste hacer solos un trayecto tan largo. Pero por sobre todo, recomiendo que conozcan a sus compañeros antes de emprender la aventura.

 

 
“Conocí a un personaje por Internet que construyó durante dos años, en la bodega de su casa, su propio barco. Un velero de trece metros, y estaba buscando gente para cruzar el Atlántico porque quería llegar a Sudamérica. Necesitaba un hombre con experiencia y al conocernos por la web, acepté de inmediato”.

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