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EDICIÓN | Marzo 2014

Exposición Iberoamericana, Sevilla de 1929

Por Gonzalo Olmedo E. Investigador Museo O’higginiano y de Bellas Artes de Talca.
Exposición Iberoamericana, Sevilla de 1929
A partir de 1909, las autoridades y la comunidad sevillana concordaron en la idea de organizar una exposición internacional en la ciudad con el propósito de realizar una modernización del puerto de Sevilla, el cual fue considerado como un polo de atracción para Hispanoamérica. Problemas en España y Europa como la Gran Guerra (1914–1918), frenaron la organización el encuentro internacional. Sin embargo, la llegada al poder, en 1923, de Miguel Primo de Rivera, quien encabezaba el Directorio Militar, con la anuencia del monarca hispano, dio nuevo impulso a la organización del evento.
En 1924, el gobierno de Arturo Alessandri Palma recibió formalmente la invitación, pero los problemas políticos internos retardaron la aceptación hasta 1926. Tras la confirmación, el gobierno hispano cedió un terreno en el Parque María Luisa de Sevilla para la construcción del pabellón. La Asociación de Arquitectos de Chile organizó un concurso para definir la estructura que se instalaría, evento que fue ganado por el arquitecto Juan Martínez, en 1927. En sus palabras, el pabellón “interpretaría el espíritu chileno… con volúmenes y trozos de escultura capaces de sugerir el ambiente de un pueblo y de hacernos admirar su cultura, expresando los plácidos remansos de la costa chilena y la orografía titánica de los Andes”.
 
La Exposición Iberoamericana de Sevilla fue inaugurada por los reyes de España en mayo de 1929. El pabellón chileno fue el más grande, con dos mil setecientos metros cuadrados construidos y una torre de cincuenta metros de altura. Sus salones estuvieron dedicados a exhibir el arte araucano y popular, el cobre, el turismo, el vino, la agricultura, la ganadería, la industria, la prensa, y las bellas artes, con ciento setenta pinturas y veinticuatro esculturas enviadas por el Museo Nacional de Bellas Artes.
 
La decoración del pabellón fue encargada a los pintores Arturo Gordon y Laureano Ladrón de Guevara, quienes antes habían realizado los murales que adornan la Biblioteca Nacional de Santiago. Ambos artistas trabajaron entre fines de 1928 y mediados de 1929 en la confección de siete murales. Gordon pintó La Industria Araucana, La Vendimia y Los Frutos de la Tierra, mientras que Ladrón de Guevara confeccionó La Agricultura, La Minería, La Pesca y Los Tejidos de Arauco. La fantástica obra de los pintores les hizo acreedores del Premio y Medalla de Oro de la Exposición Iberoamericana de Sevilla.
 
La feria internacional se mantuvo abierta durante un año. En 1935, el gobierno de Chile regaló a su par español el pabellón, el cual sirve como sede de la Escuela de Artes Aplicadas de Sevilla y del Consulado de Chile en la ciudad. Por su parte, los murales de Gordon y Ladrón de Guevara pasaron a depender de la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos, la que, en 1940, los entregó al Museo de Bellas Artes de Talca para su conservación, estudio y exhibición. Actualmente, los murales forman parte de la colección de pintura del Museo O’Higginiano y de Bellas Artes, aunque Los Frutos de la Tierra se exhibe en el Museo Regional de Rancagua.
 

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