Dentro de las paradojas de la globalización nos golpea la cara el hecho que, mientras más insertos estamos en un mundo global, más aislados nos encontramos.
Los cambios sociales, expresados, por ejemplo, en la forma de establecer o mantener las relaciones de familia, hace que nos aislemos en nosotros mismos y nuestro contacto con los “otros” se realice a través de un maxiteclado en un computador o un mini-teclado en un aparato celular.
Estamos bombardeados con información, la que no estamos transformando en comunicación. ¿Cuál es la diferencia entre una y otra? Radica — metafóricamente— en el sentido del tránsito. La primera es calle de un sentido y la segunda corresponde a una avenida con sentido doble. En laprimera, recibimos o entregamos palabras de las que no tenemos una retroalimentación on line acerca de la recepción de la otra parte. Es posible que al otro lado de la línea no haya nadie, pero tenemos la esperanza que “ya lo leerá” o de que “cumplí con mandar la información”, sin la certeza de la recepción de la misma. En la comunicación, en cambio, tenemos la “certeza” de estar siendo escuchados por el receptor.
¿Dónde radica el problema? En dos partes: la importancia del teléfono celular respecto de su posibilidad de transmitir nuestras palabras, está siendo cada vez menor. Así lo muestra la publicidad de los modelos más avanzados, donde los privilegios asociados sustentan más la posibilidad de transmitir mejores imágenes (con más mega pixeles), enviar mensajes, mayor capacidad de memoria para almacenamiento de música, etc., y el hablar no es un elemento destacable en esta forma de comunicación. Es decir, un instrumento hecho y diseñado para la comunicación entre personas, tiene un uso alternativo más importante. La segunda parte está referida a que es irrelevante la presencia física de o con otro, poniendo la importancia en quien está ausente. De allí es que planteo la falta de respeto para los presentes. Entonces, ¿para qué juntarse?, ¿para faltarse el respeto?
Reunirnos con nuestros familiares o amigos es importante, porque sirve para enriquecer nuestro ser social, aprender de los abuelos, disfrutar de nuestras relaciones, conversar cara a cara; sin embargo, la intermediación de la tecnología, con sus ventajas, nos está separando y, lo que es peor, lo estamos permitiendo y nuestra capacidad de ser “sujetos” de comunicación, la estamos transformando en ser “objetos” de la misma. ¿Qué es lo que realmente queremos demostrar? No creo que sea el “tener” por sobre el “ser”; sin embargo, es lo que estamos demostrando.
Sugiero que revisemos esta conducta, dado que la globalización y sus ventajas debieran ser una posibilidad de la que debemos hacer uso (racional y responsable), antes que transformarnos en meros digitadores ágiles ante macro o micro teclados, descuidando la posibilidad de comunicarnos adecuadamente con otros iguales.
Cuidado con que la falta de respeto que —sin querer— ejecutamos con otros, nos transforme en víctimas de estas mismas conductas.
En resumen: conjuguemos el verbo respetar desde el “yo” hacia los otros y exijamos la misma conducta en contrario. Apropiémonos del acto de comunicarnos, antes que la descalificación hacia nuestras relaciones se transforme en una conducta que… nos pasará la cuenta socialmente.
Usemos la globalización para nuestro beneficio, no a costa de nuestro desperdicio. Construyamos hiperrelaciones usando la hiperrealidad y la hipertextualidad que se nos brinda. Seamos sujetos antes que objetos…. personas antes que cosas.