Tell Magazine

Entrevistas » Deporte

EDICIÓN | Marzo 2014

Pasión Dakar

Ronald Ambler Abraham, motociclista
Pasión Dakar
Por años, soñó en correr la competencia tuerca más dura, exigente y difícil del mundo. El domingo 5 de enero, arriba de su moto KTM, con el número 124 y con el fúlgido sol de Rosario que golpeaba los rostros expectantes, Ronald no solo cumplía una quimera iniciando la largada junto a los setecientos doce participantes del Rally Dakar 2014. Este aficionado motociclista ponía a prueba su habilidad, sus límites, más aún… su vida.

texto Verónica Ramos B. / fotografía Patricio Salvate T. y gentileza Ronald Ambler A.

Su única expectativa al inscribirse en el rally Dakar 2014 era terminar la carrera. Un anhelo de años, que lo llevó a invertir en una nueva moto, la KTM 450 Rally Factor Replica y a prepararse sicológicamente, para enfrentar la ruda odisea. No tuvo tiempo de entrenar lo necesario, pues a casi dos meses de su debut, sufrió un grave accidente en el Atacama Rally en Copiapó, que le significó una fractura de clavícula y de cuatro costillas.
 
Tras su operación, no pudo subirse a la moto en dos meses. A pesar de ello, las ganas, el ánimo, la pasión por vivir esta experiencia y la inversión realizada, no sucumbieron en lo absoluto, ante la idea que Ronald Ambler (48) —coquimbano, empresario y amante de las motos— tenía en su cabeza y en su corazón.
 
A los doce años, sentado en su cama, Ronald simulaba los movimientos de las motos, porque sabía que nadie le prestaría una, para aprender. A los diecisiete, su abuela y sus padres le ayudaron a comprar su primera moto: una Yamaha DT 175. “A esa edad, aprendí mucho de mi amigo y piloto de motociclismo, William Whittle. Él fue mi mentor. Practicaba en el Cendyr y comencé a correr, pero no de manera competitiva. Para mí siempre ha sido una afición, porque en Chile no se puede vivir de esto”, recalca Ronald.
 
Estudió tres años de ingeniería mecánica en la Universidad de La Serena y más tarde terminó la carrera de analista de sistema. Trabajó en varias empresas de la zona con el objetivo de entregar lo mejor y alcanzar la más alta posición profesional. “Cuando ya tocaba techo en las empresas, me retiraba. Hace siete años me independicé y formé la empresa AC Perforaciones con mi socio Oscar Carvallo”, acota.
 
¿Esa actitud en el trabajo, se aplica también al deporte?
Siempre es importante proponerse un objetivo y cumplirlo.
 
¿Por eso la idea de entrar al Dakar?
Desde el momento que el Dakar entró a Latinoamérica, comencé a soñar con participar en la carrera. Ahora, una cosa es que te gusten las motos y otra, muy distinta, es tener el coraje para ir, porque el Dakar no es fácil.
 
¿Con tus años de ingeniería, el conocimiento técnico también es importante?
Siempre he sido “fierrero”, conozco mucho de mecánica. Es importante el conocimiento, en especial, en las etapas de maratón donde no tienes asistencia.
 
Entrar al Dakar requiere, también, de un esfuerzo económico importante
Es una inversión grande, pero que queda para uno porque muchos costos están asociados a la moto y al equipamiento.
 
¿Por qué este Dakar y no antes o el próximo año?
Mucha gente entendida me dijo que era tarde para aventurarme, que lo hiciera el 2015. Pero la verdad es que tenía las ganas y la duda de que el próximo año se hiciera nuevamente en Chile. Me decidí y dije ¡ahora o nunca!
 
¿Con tu accidente previo, pensaste que el Dakar se terminaba para ti?
Absolutamente. Tuve que viajar urgente a Santiago a operarme. Ese mismo día, Felipe Prohens también se quebró la clavícula, finalmente conversamos con el médico e hicimos un dos por uno.
 
¿Qué dijo tu familia ante la insistencia?
A mi hijo le pedí algo especial para que me protegiera y lo llevé conmigo. Les dije que tuvieran confianza y que me iba a cuidar…
 
¿Así de testarudo?
Es que hay que ser testarudo. Lo que se vive en el Dakar no se puede explicar. Nadie que no lo viva podría entender lo que significa estar ahí.
 
ODISEA EN LAS DUNAS
 
Dos días antes de la competencia, sus manos comenzaron a hincharse. Hielo y paracetamol por indicación de su médico lo aliviaron en parte, aún así se subió a la moto, en medio de una fiesta y jolgorio inolvidable de los argentinos en Rosario. “Los primeros ciento ochenta kilómetros, desde Rosario hasta San Rafael, ya fueron duros. Perdí mucha fuerza en un lado de mi cuerpo, la musculatura estaba muy débil y me descompensé. A pesar de esto terminé esa etapa sin mayores problemas”, afirma Ronald.
 
¿Cómo te sentiste el segundo día?
Ahí empecé a vivir lo que realmente es el Dakar. Los organizadores agregaron una etapa muy difícil, pero además, ellos no contaron con que, en diciembre, una tormenta de lluvia en Argentina lo haría más dificultoso. El agua borró todos los caminos, las rutas desaparecieron y había mucha piedra.
 
¿Lo lograste?
Sí, pero eso no es todo. Imagínate el calor que hacía y subiendo una duna, la moto se tumbó y prendió fuego. Lo apagué con arena, pero se volvió a encender. Afortunadamente, logré resolverlo y seguí.
 
Al tercer día, iniciaste la etapa maratón…¿aquí viene lo mejor?
Así es. En esta etapa vas solo, sin equipo de asistencia y cualquier detalle técnico de la moto lo debe solucionar uno. Yo pensé que lo que había vivido era lo más duro y ¡no! Particularmente este año, la organización hizo rutas diferenciadas: una para motos y cuadrimotos y otra para autos y camiones. Esto significó que la ruta de las motos fueran más endureras y muy estrechas. Nos encontramos con una zona montañosa sobre los cinco mil metros de altura. Aquí había pura piedra ¡era impresionante ver la cantidad de motos botadas!
 
¿Sufriste algún percance?
El principio del fin fue en esta etapa. A los setenta kilómetros recorridos me caí y se quebró la base del embriague. La única manera de partir era empujar la moto hasta que tomara cierta velocidad, poner la marcha y seguir sin embriague. Tuve que hacer eso durante setenta kilómetros. Llegué tarde y muy cansado.
 
¿Esto significaba quedar fuera de competencia?
Con la moto en esas condiciones y físicamente destruido pensé en no continuar, pero al otro día me senté a desayunar con “Chaleco” López y Cristian Naser. Les conté lo que había pasado y me dijeron: ¡estás loco, esto era lo más difícil… tienes que seguir!
 
¿Qué hiciste para continuar?
Todos habían largado y me quedé solo. Me conseguí acero líquido para ponerle a la manilla del embriague y no funcionó. Decidí amarrarla con alambre y partió. Inicié con más de media hora de desfase y eso significó encontrarme con un camino destruido por el paso de todas las motos… ¡el esfuerzo fue el doble!
 
¿Fue la etapa más dura para ti?
Y para muchos. En esta etapa abandonaron cerca de cincuenta competidores. Partí muy despacio producto de la reparación. Cuando me quedaban veinte kilómetros, se me hizo de noche. Como no veía bien, me equivoqué de rumbo y caí a un lecho de río y entró agua al motor. Quedé completamente mojado y me senté a pensar que hacía. Llegaron unos aldeanos, me pasaron una frazada y me dieron el té más rico que he tomado en la vida.
 
¿Te recuperaste o pediste ayuda?
Sí, me levanté e hice partir una vez más la moto. Nunca apreté los botones para pedir asistencia. Llegué a las cinco y media de la mañana y en una hora más partía la quinta etapa de novecientos kilómetros. Pregunté si alcanzaba y me dijeron que no.
 
¿Esto significó abandonar la carrera?
Sí, en definitiva abandoné por problemas mecánicos. Ahora, físicamente, significaba correr mucho riesgo. En esta quinta etapa, que yo no corrí, falleció el piloto belga y está claro que fue por deshidratación.
 
¿Qué pasa contigo cuando te enteras de esta noticia?
Yo me enteré por casualidad, porque como no inicié esta etapa y veía los helicópteros que llegaban al lugar con otros pilotos. Luego vi la noticia en internet. Cuando llegó mi amigo de carrera, Enrique Guzmán, me comentó que si no hubiese encontrado un jeep de la organización, se muere ¡Se tomó cinco litros de agua!
 
¡A LA GUERRA!
 
De las trece etapas del Dakar, Ronald logró llegar a la cuarta. Afirma que al abandonar la carrera sintió alivio, pero una vez que se pasa esta sensación, vuelven las ganas de retomarla… la adrenalina es inevitable. “Tengo la tranquilidad de que hice todo lo que podía y debía hacer. Pude abandonar antes por problemas mecánicos y físicos, sin embargo, me sobrepuse a las dos eventualidades”, recalca.
 
¿Mecánicamente, te sentiste en desventaja respecto a los grandes equipos profesionales?
No siento esa desventaja, porque no me con-sidero un profesional. Fui a vivir una experiencia y lo que logré hacer es un mérito para mí, porque todas las etapas son duras. Tengo la sensación de que me aprendí a conocer muy bien, porque acá llevas todo al límite.
 
¿Sentiste la muerte cerca?
Sentí mucho miedo de fracturarme de nuevo, porque me caí cientos
de veces.
 
¿A pesar de todo, ya piensas en el Dakar 2015?
Siento que tengo que hacerlo nuevamente. Si no es en Chile, igual voy. Hoy tengo más claridad en cómo debo prepararme. Se requiere muchas, pero muchas horas de moto.
 
¿Después de vivirlo, qué es el Dakar para ti?
Un piloto lo graficó muy bien cuando me dijo: ¡esto es una guerra! ¡es un campo de batalla! Y así es.
 
¿Y mucha pasión?
Es que correr el Dakar es una locura. Hay que ser un poco loco.

 

 
“Un piloto lo graficó muy bien cuando me dijo: ¡esto es una guerra! ¡es un campo de batalla! Y así es”.

Otras Entrevistas

» Ver todas las entrevistas


OPINA

  • Verificación Anti SPAM, Ingrese el resultado de la siguiente operación9+1+2   =