La segunda ciudad más antigua del Reino de Chile, La Serena, alberga en su territorio, desde 1550, un legado cultural milenario, procedente de la región de los Cárpatos, lugar donde fue domesticada para luego ser integrada a la vida material y espiritual de las civilizaciones: nos referimos a la vid, la uva, el vino y “el agua de la vida” o aguardiente.
En la actualidad, la vid, la uva y sus productos asociados nos ubican en el concierto de la economía mundial, por su calidad, precio y demanda. Los vestigios más antiguos de la vid y la uva se encuentran en el neolítico, a orillas del mar Caspio o Mesopotamia, desde donde se produce la dispersión hacia occidente por el año 3.000 a.c. Cultivada en Fenicia pasó a Egipto y desde allí a Caldea, Arabia y la El potente comercio de los griegos, romanos y árabes en el Mediterráneo consolidó su cultivo y la elaboración del vino en la cultura greco-romana.
Los ríos del interior de Europa trasladan la vid y el vino a la Germania y la Galia, expandiéndose a la Península Ibérica, siguiendo las huellas de las legiones romanas y después con la evangelización católica y su liturgia. Los conventos y sus religiosos serán los protectores de su cultivo y de la elaboración del vino. La Iglesia recibía, en herencia, los viñedos de viticultores y propietarios, y la venta de sus productos permitía mantener los hospicios de ancianos, los orfanatos; además, sus boticas los aplicaban como medicina desinfectante.
Las cepas o variedades, diseminadas de un continente a otro, se adaptaron rápidamente a su nuevo medio geográfico, así, desde España pasó a la Isla Española en 1493, luego a México y Yucatán en 1522. En 1539, a Nicaragua, y en 1536 a Chile, con Diego de Almagro, y en 1542, con Pedro de Valdivia. En 1556, el avezado viticultor, Juan Jufré, la lleva a San Juan y Mendoza. Perú la recibe en 1547 y fue llevada a Charcas, en 1560. Los valles de Arica y Tarapacá la cultivan en 1550.
En España, en 1503, las cepas blancas, denominadas Albillo y Moscatel, tienen una alta significación en la viticultura española: la primera es adaptable a los terrenos bajos y su vino se conserva durante mucho tiempo. La moscatel es apta para tierras de arenizca, y su fama es reconocida en Oriente y Occidente. La cepa Palominos, llevada a la región de Andalucía desde el valle del Rhin, seguramente los conquistadores de La Serena degustaron su vino. La tan nombrada moscatel de Alejandría, tan propia de regiones cálidas y secas, llegará a la península, cien años después, desde Francia en 1650.
La incorporación de América a España tiene como uno de los principales desafíos abastecer de vino a los sacerdotes y conquistadores, lo que provoca una especulación y escasez del producto, por lo cual rápidamente se busca la manera de soslayar el monopolio de los comerciantes de Sevilla, trasladando los sarmientos a las regiones americanas, cuyo clima y terreno son aptos para su rápido cultivo y cosecha. La Serena, en 1553, realizaba su primera vendimia en tierras de los ocho encomenderos y el año 1558, existía una especialización de la mano de obra indígena para trabajar los viñedos en los valles de Elqui, Limarí, Copiapó, Huasco y Choapa.
La fortuna familiar de los conquistadores de la región de Coquimbo se origina en el oro de Andacollo, en las minas de cobre de Brillador, La Higuera y Tamaya; en las viñas su vino, el aguardiente y las pasas. Y por supuesto, los productos elaborados a partir de la crianza de cabras, ovejas, vacunos y caballares.
En 1615, la planta urbana de La Serena cuenta con solares plantados con parras, olivos y árboles frutales. Las chacras, quintas y haciendas del Valle de Elqui presentan hermosos cuarteles de viñedos con lagares, gavetas, vasijas y todas las herramientas necesarias para la vendimia y la elaboración del vino. Por ejemplo, la vecina española doña Ana de La Llave, tiene una viña cercada y plantada en el lado norte del río Elqui con más de ocho mil plantas.