La construcción de universos personales, es una de las ideas fuerza que se desprende del trabajo de creación de Jaime Alfaro, para quien sus obras son parte de un proceso de sanación interior. Hace cinco años, comenzó a registrar las imágenes que surgían de sus sueños y las relaciones que fue estableciendo entre el inconsciente y el mundo de lo cotidiano las fue plasmando en trazos, figuras, manchas, personajes surrealistas y los más variados materiales… la basura es uno de ellos.
Son veinticinco los años de trayectoria que posee este destacado profesor de arte titulado de la Universidad de La Serena, durante los cuales ha ido construyendo una propuesta honesta e independiente que le ha permitido recibir el reconocimiento de la Cámara de Diputados (hace unos años) y, actualmente, ser elegido junto a otros artistas regionales para participar del programa “Arte por Chile”, proyecto que servirá de apoyo a la formación de los escolares de nuestro país.
Los surrealistas lo usaban en sus obras como un camino amplio y diverso para poder trabajar el arte. Se trabaja con una pulsión interna, con el yo interior que va indicando hacia dónde debe ir mi trabajo.
¿Qué sueños o ideas reveladas se plasmaron en algún proyecto específico?
Más que para una obra en particular, son ciertas directrices de tu vida que van orientando toda tu obra. Son temáticas muy diversas, como ciertos animales de poder, nombres o lugares; lo mío viene directamente de los difíciles años ochenta, tiempo marcado por la influencia de los cómics, de la cultura popular que venía llegando de afuera, de revistas alternativas, de la cultura underground; entonces, en mi trabajo se mezcla no solo el trabajo de los sueños.
¿Cómo podrías definirla?
Es difícil que yo la pueda definir, pero te podría decir que desde España me mandaron una invitación para una revista de surrealismo actual y lo que vieron de mi trabajo lo llamaron outsider art. Yo diría que mi estilo se encuentra dentro del arte contemporáneo. Entendiéndolo como una búsqueda de cosas nuevas… Pero que tiene que ver con un proceso de sanación personal, de cómo esto que yo hago me hace bien a mí. Ahora, que eso se proyecte a la gente y que ellos también puedan hacer uso de eso como una referencia, me parece muy bien. Pero, parte por uno, por ese universo que es personal, que se comparte y que de alguna manera, está hecho para ti y para que el otro haga lo propio.
AGUDA PERCEPCIÓN
Según Alfaro, el concepto de outsider art surgió del francés Jean Duboffet, quien investigó el arte de los locos y se dio cuenta que no era tan importante haber pasado por una universidad que te enseñara los conceptos artísticos, “porque había gente que trabajaba desde las pulsiones personales, es decir, como buscadores de sus propios universos personales”.
Eso es muy motivante, pues todos podríamos acercarnos más a hacer arte.
Sí, y eso me motiva mucho. En la medida que construyes tu propio universo te vas dando cuenta que se va reestructurando con los años y va tomando distintas direcciones, no se solidifica. Generalmente, el artista toma un material o una forma de trabajar y ahí se queda y repite y repite… pero no es mi caso.
Creció en un hogar de padres artistas autodidactas, donde era cotidiano el trabajo de creación manual. De adulto reconoce el magnetismo ejercido por el paisaje y la historia ancestral relacionada a las caletas de pescadores. Destaca que en su paleta de colores están los tonos que se ven en las casas y botes descascarados o el óxido de los metales corroídos por el mar.
¿Qué elementos se han cristalizado en tu trabajo, cuáles son tus influencias?
Desde chico me gustó el cine, el movimiento, las maderas, todo lo que me rodeaba, las manchas de humedad; para mí, todo tenía un micro mundo. Bastaba tomar mayor atención y de alguna forma entrenar el ojo para observar, por ejemplo, la vibración de una simple piedra.
¿Cómo se despliega esa habilidad en tus actuales trabajos?
Por ejemplo, lo último que estoy haciendo son dibujos con elementos precolombinos, pero llevados a otro espacio tiempo. No es lo típico que se hace en la región, porque aquí se repite mucho. Estoy trabajando desde lo onírico.
¿Dónde pueden observar o adquirir tus trabajos?
Tengo algunas direcciones de galerías virtuales, pero lo que más me ha resultado es el contacto directo con el público, por ejemplo, en las muestras y Observatorios Culturales. Entre febrero y marzo, participaré en una exposición en el restorán Ayawasi.
¿Cómo crees que te van a mirar en cincuenta años más?
¡Interesante! Quizás como una visión fugaz que tal vez motivó a una generación a tomar el destino de su trabajo en sus manos. Como un chispazo.