A días del cambio de gobierno, cavilo al respecto, ¿por qué algunos tienen tan altas expectativas? Como si por alguna gracia divina, o política, este nuevo cambio obrará milagros en nuestras vidas
No es que esta sensación me brote de pronto y justo ahora quiera manifestarla; no, mis reflexiones no son tan escurridizas, aunque agradezco poder apuntarlas aquí para no correr el riesgo de verlas medio difusas. Verán, hace cuatro años nos plantábamos ante este nuevo gobierno, medio exaltados, y cuatro años anteriores a esos también. Será porque tanto unos como otros pregonaron que tendrían un “gobierno de excelencia” o “que gobernarían con los mejores”; de alguna manera, lograron generar la ilusión de que esta vez todo sería mucho mejor que el anterior. Sigo divagando, ¿y quiénes son los mejores?, ¿qué los hizo mejores?, ¿qué o quién decidió quiénes eran los mejores? Tal parece que por algunos resultados pasados y presentes no todos eran tan buenos.
Me sorprende la soberbia, ¿quién es tan extraordinario que puede discernir que una persona es mejor que otra?Sé de muchas personas diligentes, buenas, generosas, trabajadoras, que no han militado jamás en partido alguno —en consecuencia, no deben favores—, que no son conocidos a nivel nacional, que no son personajes públicos y, sin embargo, cómo han luchado y trabajado por este país. Que nunca aceptarían ser tildados de “el mejor”, sin que esto les causara un gran bochorno. Esa es parte de la eterna nueva minoría.
A días de un nuevo gobierno, que antes de empezar ya tiene bajas de funcionarios que supuestamente eran parte de los mejores, imagino. Qué ocurriría si las campañas políticas se desarrollaran sin despliegues “panfleteros” extraordinarios, sin cabezas publicitarias que nos cuestan millones. ¿Quiénes son los mejores?, ¿los que resultaron ganadores?, ¿o los que nos hicieron creer (sin prueba concreta) que existen mejores?