A Rodolfo le gustan los desafíos, porque de eso se trató este emprendimiento: de trabajar con un recurso natural con el que no había experiencia y ponerlo en la palestra mundial, lo que ha implicado aprender muchísimo y desarrollar un sinfín de mercados, productos y formas de hacer las cosas.
“Cuando tú decides comprar un mueble de madera versus uno de plástico, cuando decides construir una casa en madera en vez de cemento, estás aportando al medioambiente”, afirma Rodolfo. Y tiene razón. Los bosques limpian el aire de carbono. Y en un bosque natural, cuando mueren los árboles viejos —para que los jóvenes puedan crecer y ocupar el espacio dejado—, todo el carbono que capturó durante su crecimiento se pudre en el suelo y se devuelve a la atmósfera.
“Pero si extraemos estos árboles antes de que se pudran y los transformamos en una mesa, una puerta o un objeto decorativo, el carbono queda capturado en la madera. Siempre digo que un bosque en estado natural es una bodega de madera. Pero al hacer un manejo forestal, al sacar los árboles viejos antes de que mueran y dejarle espacio a los más jóvenes, transformo ese bosque en una fábrica de madera. Lo único que hago es anticiparme y en vez de esperar que un árbol se caiga de viejo lo saco antes y lo utilizo. Esa es la diferencia y el sello de Ignisterra”.
Sindicada como la principal empresa chilena productora de madera aserrada seca y productos elaborados en maderas finas, especialmente de lenga, Ignisterra tiene quince mil hectáreas en Tierra del Fuego. Cerca del bosque nativo de lenga —caracterizado por un intenso color rojizo—, está la planta industrial de energía autosustentable, que incluye un moderno aserradero y una planta de secado y de pre-elaboración de la madera.
“Antes, todos los desechos, el aserrín y lo que quedaba después del corte del trozo en el aserradero, lo acumulábamos afuera. Con el tiempo se descomponía, generando metano que se devolvía a la atmósfera”, explica el empresario y gerente general de la compañía. “Hoy lo utilizamos y generamos energía. Eso nos dio la oportunidad de poder vender bonos de carbono al gobierno de Suiza al empezar a ser autosustentable”.
EL ENCANTO DE LA LENGA
Conocida como el cerezo de Tierra del Fuego, la lenga se las trae. Sus cualidades y la belleza de su veta la hacen un material ideal para la construcción de puertas, pisos, muebles y un sinnúmero de productos.
“La madera de la lenga es muy amigable, se deja trabajar muy bien, el nivel de productos que puedes alcanzar con ella es espectacular”, dice Rodolfo. Tiene un acabado muy rico, con tintes, tiene una densidad y una buena forma de poder resolver las inquietudes de un arquitecto, un diseñador o un artesano ya sea para hacer un mueble o crear un diseño”.
Bien lo saben los diseñadores Orlando Gatica y Matías Ruiz. El primero creó una línea de tablas de cocina que la empresa comenzará a comercializar próximamente y, el segundo, una lámpara de lenga desarrollada por Ignisterra que le valió el reconocimiento en la última versión del Salón del Mueble de Milán.
“Tenemos tres líneas de productos: madera aserrada seca, que es nuestra área de negocio más grande, orientada a clientes industriales y a la exportación; arquitectura y construcción (ventanas, pisos, revestimientos, molduras, vigas laminadas, etc.), y hogar y decoración”.
El 2013 abrieron tres tiendas a lo largo del territorio nacional —Las Condes (Santiago), Punta Arenas y Villa Alemana—, cuyo concepto es más cercano a un showroom que al de una tienda de decoración. “Lo que queremos con estos showroom es que los fabricantes de muebles, los arquitectos, los artesanos, conozcan la madera y la gran variedad de posibilidades que ofrece”.
En estas tiendas se pueden encontrar productos para la casa, como unos muebles maravillosos (Don Bosco) fabricados por artesanos en Perú con diseños italianos, una amplia línea de productos para la cocina fabricados en madera e, incluso, accesorios tales como anteojos de sol hechos en madera lenga.
¿El producto estrella?
Las puertas. El que piensa en una buena puerta hecha en madera sólida debería pensar en una puerta Ignisterra.
PARADOR RUSSFIN
Como los operarios del aserradero de Tierra del Fuego trabajan con un sistema de turnos lejos de sus familias, parecido al de los mineros —en este caso particular trabajan nueve días y descansan cinco—, tuvieron que construir instalaciones para ellos y los supervisores de las faenas. Instalaciones que comenzaron a crecer y que en la actualidad ofrecen servicio de hotelería, de reparación de vehículos y de venta de combustible, que, aunque son básicas, cuando el lugar habitado más cercano está a más de cien kilómetros, resulta elemental. “Hay que estar en Tierra del Fuego para darse cuenta de que lo básico es extraordinario”, asegura.
“Como nosotros operamos durante todo el año, hace algún tiempo se nos acercaron empresas que estaban en el sector a pedirnos servicios de hotelería para su personal, además de algunos turistas que visitaban el sector. Se nos dio la oportunidad de hacer un negocio y, el 2012, inauguramos el Hotel Parador Rusffin (www.paradorrussfin.cl)”.
Tal como su nombre lo indica, es un parador, vale decir, un lugar que funciona como punto de encuentro para todos los amantes del trekking, la pesca y el inmejorable paisaje fueguino. “Está pensado como apoyo a los servicios turísticos de la zona. Son instalaciones básicas, pero nos hemos ido profesionalizando más, mejorando las habitaciones que tenemos”.
¿El desafío más grande?
Poder adaptarse a los grandes cambios del mercado. El escenario externo de una empresa es sumamente dinámico y hay que reinventarse día a día y evolucionar