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EDICIÓN | Marzo 2014

Pura China

Por Sergio Melitón Carrasco Álvarez Ph.D. Profesor en la Universidad de Chile Director China & India Intelligence Reports
Pura China
Wu Ming-Yi, cuarenta y tres años, literato taiwanés, activista ambiental, escritor de bellas novelas que el mismo ilustra. Los personajes de sus obras son criaturas frágiles, o humanos en estado de original inocencia, queriendo así llamar la atención hacia lo que él cree es la destrucción irreversible de la naturaleza.
Recomiendo sus ensayos El Libro de las Mariposas (迷蝶誌) y El Dao de las Mariposas (蝶道), publicados respectivamente en los años 2000 y 2003, ambos disponibles en inglés. Otro es The Man with the Compound (2011), que se lanza en inglés este mes. La novela narra la historia de un adolescente que vive en la ficticia isla de Wayo Wayo (sugiriendo la isla de Bora Bora). Un día cualquiera, una montaña de basura flotante, acumulada por corrientes oceánicas del Pacífico Sur, choca con su isla y la destruye. La novela es una pieza de arte y no otro legajo que explota el trillado tema neo-apocalíptico. Wu, en cambio, muestra una genial mordacidad y regala una severa advertencia a la humanidad para que reflexione acerca de la estupidez supina que nos está llevando a ahogarnos y envenenarnos en nuestra propia cama.
 
Habíamos sabido de la militancia ambientalista en autores europeos, y en Asia de varios japoneses; pero chinos, es cosa interesante. Dan ganas de decir ¡por fin una buena autocrítica! Porque se sabía que la polución en China era tema que se evitaba, como avestruz que esconde su cabeza. Beijing en invierno es una cámara de gases tóxicos que no da para más. En otras ciudades incluso el desastre es peor. China había ocultado con recelosa habilidad su desastre ambiental. Mas, sincerándose con el mundo y siendo coherente con su intención política exterior e interior, China ahora reconoce sus problemas y a la vez ha anunciado que está empezando a enderezar el rumbo y a recuperar lo perdido.
 
China carga con más de medio siglo de énfasis en un crecimiento que no asumía ningún costo ambiental. Jamás se pensó en la contaminación; como pasó con otras economías planificadas y centralizadas, los chinos eran devotos de la industria pesada, esa que es simbolizada muy bien con las inmensas catedrales-fábricas de altivas y humeantes chimeneas. Occidente tuvo su cuota de culpa en el desastre ambiental. En China, la dimensión de la destrucción apenas se comienza ahora a evaluar. Pero, cuando los chinos se ponen a trabajar lo hacen en serio. Ahora, se han propuesto limpiar el país y recuperarse de la calamidad que tenían bien tapada. Ellos dicen que pueden revertir el deterioro, y rápido. En los discursos oficiales, los máximos dirigentes han dicho que China será en breve la nación más limpia del mundo; que alcanzará los más altos estándares y hasta superará a los más exigentes países, imponiendo las normas de cuidado del ambiente del futuro. Ojalá así sea.
 
La imaginería literaria de Wu Min Yí tiene algo que ver con esto. Wu Min Yí, sin duda, no aprecia la política de Beijing, y quizás el monte de basura de su novela es el temor de una avalancha continental sobre Taiwán. Lo más probable es que Wu Min no le cree al Partido Comunista chino. Entonces, a la predicción de Wu Min Yí habría que ponerle atención. Porque cuando los chinos empiecen a limpiar el país, tendrán que poner su basura en alguna parte. Hasta ahora, China era una receptora de basura industrial. Toda vez que a alguien le sobraba algo, lo primero que pensaba era enviarlo a China y ganar un par de dólares por cada tonelada de cualquier cosa. Esa época se acabó. China cerrará sus puertas a toda contaminación, externa e interna. Las normas chinas se harán duras, al extremo que ya están cerrando fábricas contaminantes en beneficio de las pocas más eficientes. Es una de las explicaciones de la relativa ralentización de la economía china. El énfasis hoy es en la limpieza, la pulcritud, la calidad. Hay una poderosa decisión de reducir la contaminación a cualquier costo; y si eso implica crecer menos, no importa.
 
Ejemplo es cómo ya están desmontando viejos complejos siderúrgicos (Tangshan, Handan, Xintai, Zhangjiakou, Qinhuangdao) y de paso están renovando la industria del acero y haciéndola más eficiente. Por mencionar solo una norma, la tolerancia para emisiones de sulfurosya supera a la alemana. China producirá menos acero, por lo tanto, en parte lo comprará manufacturado. Triste dato, cuando ciertos países se dan el lujo de dejar morir sus propias industrias acereras.
 
Nosotros vivimos en una delgada isla a la orilla del Pacífico; y de la manera más irresponsable, lanzamos al mar todo lo que sobra. Desde el otro lado, podrían enviarnos de vuelta la montaña.
 

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