Es medio día, la bicicleta está cargada, lista para seguir rumbo sur. Me siento tan bien cada vez que retomo la bici y, en este preciso lugar, el fuerte viento viene desde el norte (pensé en poner una vela en la bici). En menos de tres horas avancé casi cien kilómetros, ¡¡¡iba volando!!! En el camino encontré un armadillo peludo, así que me detuve a tomarle unas fotos; además, vi cóndores que volaban muy bajo y unos corrales con ovejas a las que les gritaba “beeeeee” y ellas respondían (sí, estoy un poco loco).
Pasé a un parador llamado La Leona, que debe su nombre a que, en ese lugar, una hembra puma atacó, nada menos, que al argentino Perito Moreno. Este lugar fue asolado por Ascencio Brunel, famoso cuatrero de la zona, y ha sido visitado por numerosas “celebridades” como lo es el padre Alberto D Agostini, Lionel Terray y Cassimiro Ferrari, ambos connotados escaladores.
El paisaje ahora es totalmente distinto, parece un desierto. Una pampa extensa donde predomina el color café amarillento, sin árboles, como acostumbraba a ver en la parte chilena. Ruego por encontrar un buen lugar, protegido del viento, para poner la carpa.
¡Tuve mucha suerte! Una estancia llamada Luz Divina tenía un camping al lado del río y ofrecían desayuno. Dos ciclistas suizos que se dirigían al norte me recomendaron el lugar.
17 de febrero
Ya estoy en Calafate. Los últimos treinta kilómetros de pedaleo para llegar aquí fueron durísimos, demoré casi cuatro horas ya que el viento venía directamente en contra. Para pedalear, el frío, la lluvia, las subidas son tolerables, pero lo que realmente saca de quicio es el viento.
El 2007 conocí el glaciar Perito Moreno, lo encontré imponente y hermoso, pero monótono (opinión muy personal), así que decidí no ir a visitarlo y partir en bus a Puerto Natales. Creo que el viento me hará perder tiempo y ya voy contra el reloj. Al almuerzo comí una palta que compré hace algunos días en el Chaltén. El chico que me la vendió preguntó: ¿para ahora? Le dije que no, el problema es que me la vendió como para tres meses más, porque estaba dura como piedra.
20 de febrero
Me dirijo desde Puerto Natales hacia Torres del Paine para empezar el circuito completo llamado la “O”. Caminé desde la entrada Laguna Amarga hasta el campamento Serón, camino junto al río Paine, cruzando el sector quemado por un checo el 2005. Al llegar al camping Serón, nos reciben los zancudos, pero también un atardecer espectacular.
21 de febrero
Dejo atrás el camping Serón para dirigirme al camping Dickson. Mientras camino escucho un ruido. Finalmente me doy cuenta de que una pareja lleva parlantes con música, son chilenos. Qué poca cultura de vida al aire libre… después las personas se preguntan por qué no ven aves u otros animales. Qué pena…
22 de febrero
El sendero hacia el glaciar Dickson no se encuentra en los mapas, pero llega hasta un puesto de frontera de carabineros, donde un mirador permite apreciar el glaciar.
Nos cruzaron en bote, llueve mucho, y son tres horas de caminata. En el camino encontramos un grupo de siete pájaros carpinteros magallánicos (el más grande del mundo). Fue difícil fotografiarlos por la lluvia y la poca luz. Al llegar, los carabineros nos recibieron felices y nos invitaron a almorzar una cazuela de cordero, buenísima. Luego fuimos al mirador y estaba nublado, una lástima, pero así es la Patagonia, el clima manda.
Los zancudos nos dieron duro, tengo muchas picaduras y mi cara esta hinchada, ¿vieron la película El hombre elefante?, igual.
23 de febrero
Al salir del campamento Dickson, nos internamos en un bosque de lengas enormes, el camino es tranquilo y posee mucha vida, se escuchan infinidad de aves y podíamos percibir olores de animales. Pasamos un par de cascadas y puentes, el camino te hace sentir como en un bosque encantado. Se llega al Glaciar Perros y al campamento del mismo nombre. Recuerdo mucho a mis amigos del colegio, con quienes pasé por este lugar el 2007. Aún era temprano, entonces fuimos hacia el glaciar Punta Puma que tampoco sale en el mapa, pero existe un camino bien marcado que te lleva hasta poder tocarlo.
24 de febrero
Al llegar al paso John Gardner (lugar más elevado del sendero: 1.210 msnm), increíblemente no hay viento y contemplé el maravilloso glaciar Grey, desde su lengua en el lago del mismo nombre hasta perderse en Campos de Hielo Sur. Luego de una muy dura bajada llegué al campamento Paso, sano y salvo; conversé con el guarda parques y me contó que esa bajada es relativamente nueva, pero que el crudo invierno la destruyó. Comí algo rápido y me dirigí al campamento Guardas, donde tomé un café frente al glaciar y luego me fui a dormir.
25 de febrero
Desayuno y está lloviznando. Decido esperar un rato y desarmar el campamento cuando pare la lluvia. Iluso, ahora la lluvia es más fuerte. Fue una mala decisión. Desarmo la carpa empapada y llena de barro. En Grey me detengo a comer una lata de atún y continúo. La lluvia y el viento son muy fuertes; creo que no había visto a los árboles doblarse tanto sobre el sendero, emocionante. Es triste pensar que, en ese sector, un chico de Israel, quemando papel higiénico, inició el incendio que consumió más de diecisiete mil hectáreas a inicios del 2012. Llego al camping Paine Grande, donde pasé la tarde en un quincho con viajeros de todos los continentes.
26 febrero
Desayuno con Julia y Lavinia, chicas inglesas. Luego caminamos al campamento “italiano”. Subimos al mirador por el “valle del francés”, y ahí en la roca del mirador estábamos ingleses, israelitas, turcos, holandeses y chilenos. El mismo día continuamos hasta el campamento Cuernos, cenamos de lujo a los pies de los imponentes Cuernos del Paine.
27 de febrero
Continuamos hacia las torres junto a las inglesas. En el camino, mientras cruzábamos un pequeño río, encontramos a un señor mayor, de unos ochenta años de edad, cruzando también, increíble, un ídolo. Subo hasta el campamento Torres, porque mi intención es ver el amanecer, como en el Fitz Roy.
28 de febrero
5:20 a.m., hay una lluvia que creo que romperá mi carpa. Subo al mirador tipo diez, con las inglesas, y las torres a pesar de tener muchas nubes se pueden ver, así que valió la pena. Bajamos a la hostería Torres, yo regresaré a Puerto Natales. El circuito está completo.
Al llegar a la ciudad vamos a beber con quienes nos conocimos caminando en el parque. El holandés le había propuesto matrimonio a su novia en el campamento Dickson y ya era famoso en el parque por lo romántico que había sido.
2 de marzo
Conseguí un tour para a ver cóndores con Slowly, un inglés que llegó mochileando y se quedó, encantado por el lugar y su gente. Es dueño de un bar y comienza una empresa de turismo. Pudimos observar varias aves como tiuques, águilas, caranchos, pero no cóndores. Slowly me cuenta que es difícil verlos en días despejados y sin viento. Parece cierto, ya que se comienza a nublar y empieza a soplar el viento cuando aparecieron algunos. Mágico.
4 de marzo
Iván, un amigo de Viña, me ayudó a conseguir una navegación a dos glaciares. Pasamos frente al Glaciar Balmaceda muy bonito y con caídas de agua a su alrededor. Me cuentan los tripulantes que los últimos años ha retrocedido mucho. Luego atracamos para una pequeña caminata dentro del parque nacional Bernardo O’Higgins, que nos lleva al Glaciar Serrano, el cual se extiende de la montaña a una laguna con témpanos. En mi opinión, estos glaciares son perfectos para alguien que no guste caminar mucho. Iba un joven con varias cámaras fotográficas enormes; le pregunté por su trabajo y me contestó que trabajaba para National Geographic.
Por la noche fuimos a beber unas cervezas. Me contó que comenzó de casualidad con la fotografía en África y que ahora ya ha recorrido casi todo el mundo con su trabajo. Me comentaba que hay un problema global. Él ha visto cómo todo el mundo se está destruyendo rápidamente. Muchos lugares en África o Asia, ricos en flora y fauna, han desaparecido a causa de intereses económicos. Por eso la gente quiere viajar... queda muy poco tiempo para que terminemos de destruir lo lindo que tenemos.
En este viaje viví meses “fuera del tiempo”, con una aventura diferente cada día. Fue enriquecedor en todo sentido. Esto me ha llenado de conectado con el mundo donde solo somos unos visitantes. También ha reafirmado un pensamiento: “una vida cercana a la naturaleza, nos hace más sanos física y espiritualmente”.