La visión y misión del conquistador de Chile, el capitán don Pedro de Valdivia, están muy bien expresadas en sus cartas dirigidas al emperador Carlos V y al rey Felipe II: construir un nuevo reino y salvar almas para gloria de Dios. Tal empresa significó muerte y sacrificios de cientos de españoles y miles de indígenas, pero también, nuevos modos y estilos de vida propios de un profundo mestizaje con las tres etnias dominantes: blancos, negros y poblaciones originarias.
Cada una de estas culturas tratará de no perder sus tradiciones, cosmovisión, usos y costumbres milenarias. Sin embargo, los procesos de aculturación y transculturación se impondrán por la fuerza del conquistador y la resistencia pasiva de los dominados, dando paso a una nueva creación cultural. Tal vez uno de los tópicos más sencillos e irrelevantes para el período de la conquista sea el de la moda y el buen vestir, pero no por ello menos interesante para comprender nuestro “buen gusto” o preferencia por determinados colores, o la manera de configurar nuestra imagen a través de la vestimenta.
Los cronistas españoles describen las vestimentas que portaban los indígenas de los valles, consistentes en tocados de plumas y adornos elaborados con huesos, piedras de colores y maderas. Los pueblos asentados a orillas de los ríos usaban ropas tejidas con hilo de totora, algodón silvestre, lanas de “ovejas de la tierra” o camélidos. El cabello lo untaban con aceites y lo trenzaban, sujetándolo con peines de espinas y tocados de plumas. En los pechos usaban pedrerías y en brazos y piernas brazaletes y tobilleras con cuentas semipreciosas. Los habitantes de la costa o camanchacas iban cubiertos con pieles de cueros de lobos marinos y su cuerpo lo embadurnaban con pintura de polvo rojo, para evitar las quemaduras en la piel y las picaduras de los insectos. También portaban collares y brazaletes confeccionados con colmillos de focas, leones marinos y conchas. Sin embargo, el sometimiento al conquistador provocará el cambio hacia el uso de ropas de estilo europeo: calzas, sandalias, zapatos, calzones, batas, faldellines, jubones, bonetes y chaquetas, las cuales reemplazarán las ropas originarias. Los esclavos negros, oriundos de Africa o reinos europeos, vestían calzones de “ropa de la tierra”, jergas de cáñamo, bayetas de algodón o lino y una frazada para el frío de las noches. Asimismo, los negros cimarrones portaban grilletes, esposas o barras de hierro fabricadas en Pamplona o Vizcaya.
Los españoles, señores y beneméritos de Indias, tratarán por todos los medios de reconstruir el hábitat cultural de España, Italia o los Países Bajos. El primer paso fue transferir todas las frutas, legumbres y vegetales para consumir su dieta mediterránea: trigo, aceite, vino, frutales y las yerbas culinarias y medicinales. Además de la carne de cerdo, ovejas, cabras, vacunos y equinos. Sin embargo, debieron convivir con la fuerza dietética de los productos autóctonos de América. Los más famosos a nivel universal, fueron: la papa, el maíz, el tomate, el cacao, el ají y el zapallo. Desde los inicios de la conquista, los mercaderes y tratantes acompañaron a los conquistadores, quienes desde Sevilla venían en galeones, con todos los artículos necesarios para ratificar el éxito de la aventura. A las sedas de la India y de la China, traídos en el galeón de Manila a Acapulco y Panamá, se agregan los tafetanes y blondas de Inglaterra, las cintas y bordados de España, las telas de Bretaña, los zapatos de Italia y Portugal. Medias negras y blancas con camisas de Holanda. Borceguíes y jubones de Francia.
Los primeros gremios exitosos en las ciudades de Lima, Santiago, La Serena y Concepción fueron los sastres, boteros, zapateros y las costureras, seguidos por los joyeros de plata y oro. Todo el vestuario y las joyas son exhibidas en la misa dominical de La Merced, Santo Domingo y luego la de los jesuitas. En cualquier reunión social o comunitaria, la ropa y las joyas serán exhibidas para mostrar la fortuna personal y familiar.