Paul Cézanne, padre de la pintura moderna, en una ocasión señaló que “ninguna obra pintada en un estudio será tan buena como aquellas que se hacen en el exterior”. Sin embargo, el origen del arte urbano o street art se remonta al imperio romano, donde grupos de gente que estaba disconforme con los excesos de los gobernantes, dibujaban en los espacios públicos figuras groseras con los nombres de los emperadores, cónsules y sus amantes con el objetivo de ridiculizarlos. En realidad, el hombre siempre ha tenido la necesidad de modelar imágenes en diferentes soportes, desde la prehistoria, de acuerdo con su contexto histórico-social.
En la década de los sesenta y setenta del siglo recién pasado, surge con fuerza en distintas ciudades como Berlín, Nueva York, Barcelona y otras, el arte urbano, que invade calles, murallas y cualquier espacio público, en la frontera de la ilegalidad, con un mensaje de crítica a la sociedad, a la política o a la religión, con una fuerte dosis de ironía.
El arte urbano incluye toda expresión artística que tenga como escenario lugares públicos, cuyo fin es sorprender al transeúnte. Dentro de estas manifestaciones la más destacada es el grafiti que
es, fundamentalmente, la expresión ante la marginación o exclusión y su fin es “hacerse ver y hacerse escuchar”. Grafiti deriva de la palabra griega graphein que significa escribir. Debemos
diferenciar, rotundamente, el arte urbano del rayado vandálico y cobarde con que algunos anárquicos ensucian las ciudades.
Valparaíso, en sus innumerables rincones y vericuetos de sus cerros, es hoy la capital del grafiti
en Chile y, por ello, invitamos a usted, amable lector, a recorrer sus intrincadas calles para descubrir sus más de doscientos murales urbanos, ejemplos de excelente arte callejero. Cézanne no conoció el grafiti como lo conocemos hoy, pero, sin duda, hubiera marcado pauta en este quehacer artístico, dado su espíritu revolucionario.