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EDICIÓN | Febrero 2014

Euskadi alternativo

País Vasco, España y Francia

Lo más normal es que el turista que va a conocer España recorra las típicas ciudades como Barcelona o Madrid. Pero, ojo, que este país del viejo mundo tiene mucho más que ofrecer. Aquí una muestra de ello: cultura, gastronomía y los más impresionantes paisajes. En estas páginas, las fotos hablan por sí solas. 

Texto y fotografía: María José Pescador D.

Euskadi es reconocido mundialmente como “Nación Histórica”. Es un mundo dentro de España y parte de Francia, totalmente distinto de lo que se puede conocer en ambas naciones. Aquí se habla el idioma Euskera, uno de los más difíciles de aprender y entender del mundo. Existen tres provincias en territorio español que son parte del País Vasco: Álava, cuya capital es Vitoria, Guipúzcoa, cuya capital es San Sebastián, y Vizcaya, la más poblada y la que recorrimos entera, cuya capital es el Gran Bilbao.
 
Llegamos a Madrid, arrendamos un auto y partimos hacia Urduliz, pueblito que queda a diez minutos de Bilbao, y en donde vive, hace más de veinte años, mi hermano Esteban (40) junto a su señora, Pilar (38) —vasca— y sus dos hijas. Y esta es la gracia del viaje, porque no salíamos sin rumbo exacto, sino que más bien éramos locales.
 
A dos horas caminando —y diez minutos en auto— el primer paseo fue a Butrón, donde se encuentra el castillo del mismo nombre.
 
En la caminata vimos el campo maravilloso que otorga la sierra cantábrica. Este es un lugar de tierra, en donde se ven antiguos caseríos y agricultores con sus animales pastando. Hasta que de la misma nada aparece la enorme edificación que data de la Edad Media. Verlo es tan impresionante que solo cabe sentarse y mirar sus impotentes fachadas.
 
Del castillo nos fuimos directo a otra obra maestra: San Juan de Gaztelugatxe. Un islote perteneciente a la localidad de Bermeo, y el que se une al continente por un puente realizado en piedra caliza natural del área, y el que tiene cientos de escalones. Arriba de todo, está la ermita que rinde honor a San Juan y que data del siglo IX.
 
Nuestro tercer paseo fue siguiendo por la costa hasta llegar al pueblo de Plentzia, una pequeña villa que data del siglo XII, tiempo en que los pescadores se dedicaban a la caza de ballenas. Esta es la última estación del metro de Bilbao. Aquí destaca la pasarela colgante y la costanera, en donde uno puede caminar bordeando la ría, un brazo del río Butrón que se puede ver cómo desemboca en el Cantábrico. Lugar perfecto para los fanáticos que gustan de los deportes náuticos como el stun-up paddle, canotaje, remo.
 
A cinco minutos viene el pueblo de Armintza. Aquí la playa es preciosa, de arenas blancas, una pequeña villa donde llegan turistas de la zona. Poco más allá está Bakio, en donde tuvimos la oportunidad de ver cómo los pescadores llegaban a puerto con los mariscos frescos.

 
GASTRONOMÍA Y SURF
 
Nuestro siguiente destino fue la villa de Bermeo, pueblo que se encuentra en la Reserva de la Biosfera Urdaibai, fundada en 1236, y la que hoy está arraigada a la pesca y su tradición marinera. Tiene un pequeño puerto en donde están las embarcaciones, y en donde se instalan los aficionados de la pesca con sus cañas.
En este lugar maravilla el casco antiguo compuesto de pequeñas callejuelas, sus edificaciones coloridas unas al lado de otras mirando al mar, al igual que la plaza que tiene vista al puerto, y en donde están los bares de pintxos —trozos de pan con distintas variedades de comida—, todos con terrazas y una increíble vista al puerto de Bermeo. Aquí se exhiben varias esculturas, entre las que destaca una del reconocido escultor vasco contemporáneo Eduardo Chillida. En el lugar también hay un kilométrico muelle de hormigón que se adentra al mar hasta llegar a un pequeño faro.
 
La misión: sentarse en cada bar a tomar un zurito —pequeño vaso de cerveza—, y comer todos los pintxos posibles, para luego intentar hacerlos en Chile. Y es que la gastronomía del País Vasco es una de las más ricas en cuanto a diversidad de pescados, mariscos, que vienen directo del Cantábrico. Y provenientes del interior, la carne, las verduras y las hortalizas, además de quesos y embutidos, como la famosa chistorra, las diferentes clases de morcillas, entre tantos otros. Las bebidas tradicionales son el txacolí, la sidra, el exquisito “tinto de verano”, y el pacharán. Y los pintxos más típicos son con tortilla de patatas, papas bravas (con salsa de tomate y picante), bacalao, jamón serrano con pimientos o txistorra, solomillo con foi, rabas —tiras de calamares rebozados—, las gildas (aceitunas con ají), champiñones rellenos, boquerones, croquetas, entre tantos otros...

Seguimos por la costa y nos encontramos a cinco minutos con la cuna del surf a nivel mundial: Mundaka, uno de los pocos lugares del mundo en donde la ola corre al revés —de izquierda a derecha— y su magnitud es perfecta para los fanáticos de este deporte. El lugar está repleto de turistas que se pasean por la playa y los alrededores con sus trajes y tablas.
 
El tiempo que nos sobró —recorrimos todo en medio día— lo aprovechamos para ir a Getxo, que se encuentra al margen derecho de la ría de Bilbao, el barrio más top en cuanto arquitectura. Hay inmensas casonas y palacetes hechos por la burguesía en antiguos tiempos. Las casas, todas con vista al mar, se aprecian mientras uno va caminando por la costanera, y son verdaderos monumentos. Muchas de ellas Patrimonio Histórico. Aquí, además, hay hoteles — muy caros—, el Puerto Deportivo Municipal, más el Club Marítimo, ubicado en la zona denominada “Las Arenas”.
 
En esta área se encuentra el famoso puente colgante construido con estructura de hierro, en 1887, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Este fue el primer puente transbordador colgante del mundo. Quien quiera puede subir a través de un ascensor y se cruza caminando. La vista panorámica es un lujo, pero la altura de más de sesenta metros da un poco de vértigo. Para llegar al otro lado hay que recorrer ciento sesenta metros. Abajo del paso peatonal se pueden ver los enormes cables que transportan vehículos.

 
LA GRAN CIUDAD
 
En Bilbao, capital de Vizcaya, no es extraño escuchar a la gente hablando euskera. Posee un casco antiguo impresionante, un mercado con forma de barco, y una ría que divide a la ciudad en dos. Aquí se mezcla lo moderno con lo antiguo y es una ciudad bastante turística para los europeos, por el famoso museo de arte contemporáneo Guggenheim, diseñado por el arquitecto canadiense Frank O. Gehry. El edificio de veinticuatro mil metros cuadrados destaca, a mi parecer, mucho más por fuera que por dentro, no solo por sus fachadas curvilíneas que cambian de color con el sol, sino que también por las varias esculturas que lo rodean. No por nada lo catalogaron dentro de las doce maravillas de España.
 
Por su parte, la ciudad está rodeada por montañas y tiene decenas de grandes parques verdes. Muchos de estos se pueden ver en la Gran Vía, en donde además se encuentran las tiendas de moda y diseño más conocidas y cotizadas del mundo. La ciudad posee el premio Lee Kuan Yew World City Prize (Premio Mundial a las Ciudades Lee KuanYew, nombre en honor al primer ministro de Singapur), otorgado por el Estado de dicho país en colaboración con la Academia Nobel Sueca a las urbes que han contribuido a la creación de lugares “vibrantes, habitables y sustentables”. Por lo mismo, es una de las ciudades con mejor calidad de vida de Europa. Se podría decir que este lugar tiene un Premio Nobel en Urbanismo.

 
EL VASCO FRANCÉS
 
Para terminar nuestro recorrido por Euskadi, nos fuimos un día entero hacia la región vasca francesa. Una hora en auto y llegamos a Hendaya. También ciudad costera con puerto y enorme playa. Aquí es donde la mayoría de los vasco españoles tienen su segunda vivienda. La arquitectura cambia de inmediato con respecto a la de los pueblos españoles ya visitados: enormes caseríos hechos en piedra con ventanas, cuyos marcos pintan de diferentes colores.
 
En Hendaya nos encontramos con un mercado en pleno casco viejo, en donde vendían todo tipo de quesos, diferentes turrones, purés de aceitunas, ropa y cachureos.
 
La próxima aventura fue San Juan de Luz, pequeña villa maravillosa, que parece de cuento, con angostas callejuelas y edificios coloridos. Además, tiene una gran plaza en donde se juntan los artistas de la zona y pintan y venden sus cuadros. Aquí hay un museo del medioevo, y está la iglesia dedicada a Juan Bautista, conocida por ser donde se realizó el casamiento real entre el francés Luis XIV y la infanta española Teresa de Austria.
 
De este lugar nos fuimos a la última ciudad, la más turística de todas, en donde vacaciona la realeza: Biarritz, un lugar de ensueño, con una playa extensa, especial para los surfistas, y en donde se ven banderas azules, las que solo se encuentran en treinta países con playas en el mundo. Estas quieren decir que la calidad del lugar es de cinco estrellas, que cumple con criterios de excelencia: seguridad, cuidado del medio ambiente, y todos los servicios básicos necesarios para pasar el día cómodamente.
Desde la terraza del casino, construido en 1901, con vista al palacio Hôtel du Palais, edificado por la emperatriz Eugenia y su esposo Napoleón, nos despedimos de este viaje inolvidable que, sin duda, les recomendamos a todos nuestros lectores

 

 
San Juan de Gaztelugatxe es un islote perteneciente a la localidad de Bermeo, y el que se une al continente por un puente con cientos de escalones. Arriba de todo, está el monasterio que rinde honor a San Juan y que data del siglo IX.

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