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EDICIÓN | Febrero 2014

Refugio para los enfermos

Irma Moreno, fundadora Corporación Oncológica del Bío Bío
Refugio para los enfermos

Una mujer que solo sabe de dar. Su entrega y su trabajo están a disposición de la Corporación Oncológica del Bío Bío, una entidad que, además de acoger a los enfermos de cáncer, les ofrece un hogar mientras reciben sus agotadores tratamientos.

por Soledad Posada M. / fotografía Sonja San Martín D.

El cáncer es una de las enfermedades más temidas de la actualidad. Tanto por sus desenlaces fatales a corto plazo como por los largos y sufridos tratamientos a que se ven sometidos los pacientes. Nadie la quiere, pero todos conocemos a alguien que la ha padecido o a personas que conocen a alguien que la tuvo.


El 4 de febrero pasado se conmemoró el Día mundial contra el cáncer. La noticia internacional fue el Reporte Mundial de Cáncer, realizado por la agencia especializada de la Organización Mundial de la Salud en esta enfermedad. Este informe se publica una vez cada cinco años, y cuenta con la colaboración de casi doscientos cincuenta científicos de más de cuarenta países. En él se predice que los nuevos casos de cáncer se elevarán de un estimado de catorce millones, en 2012, a veintidós millones anualmente en las siguientes dos décadas, lo que significa un aumento de cincuenta y siete por ciento en el mundo en los próximos veinte años. En el mismo periodo, se prevé que las muertes por cáncer aumenten de ocho coma dos millones por año a trece millones.

El cáncer de pulmón permanece como el cáncer más diagnosticado comúnmente (un millón ochocientos mil casos al año, o 13% del total de los casos diagnosticados) y el más letal, y representa un quinto (un millón seiscientos mil) de todas las muertes por cáncer a nivel mundial. Los diagnósticos que siguen son de mama (un millón setecientos mil, 11.9%), colorrectal (un millón cuatrocientos mil, 9.7%), hígado (ochocientos mil, 9.1%) y estómago (setecientos mil, 8.8%).
 

CORPORACIÓN ONCOLÓGICA

Para los que ya tienen la enfermedad, sin duda, el tratamiento ya es lo suficientemente incómodo como para, además, viajar horas diariamente para recibirlo. En este camino, sale en ayuda de los más desvalidos la Corporación Oncológica del Bío Bío, que lleva veinticinco años dedicada a amparar a los enfermos de cáncer. Para esto, cuentan con un hogar que hace dieciocho años ofrece hospedaje a veinticinco pacientes mientras perduren sus tratamientos.

Al frente de esta obra, Irma Moreno, quien relata cómo un hecho muy doloroso en su vida la hizo tomar la decisión de ayudar a otros, y no solo la hizo decidir, sino que este evento la marcó tanto que se convirtió en el motor que nunca le hace flaquear en esta labor de siempre dar una mano y apoyo a los enfermos.

¿Qué te hizo empezar este camino de ayuda?
Mi padre, Julio Moreno, murió de cáncer en un mes. Este hecho me golpeó tanto que decidí hacer algo para ayudar.

¿Cómo comenzó?
Con un grupo de amigas, que compartíamos clases de cerámica, empezamos a visitar a los enfermos crónicos que asistían al antiguo
hospital que estaba en el Parque Ecuador. Y seguimos haciéndolo, cuando los trasladaron al Hospital Regional.

¿Cómo nace la idea del hogar?
En el hospital instalamos una cafetería para reunir fondos, se llamaba “El Pasillo”. Ya teníamos la intención de contar con una residencia oncológica, porque venían pacientes de todos lados de la región y ni ellos y menos sus familias tenían un lugar donde quedarse

¿Qué otras acciones ha tomado la corporación?
En el hospital teníamos voluntariado que iba a los domicilios de los pacientes, después de ser dados de alta. Conversaban con ellos, veían si estaban bien y tranquilos. También nosvinteresaba la parte religiosa, que los católicos,vven los momentos finales, contaran con unvsacerdote, y los evangélicos, con un pastor.

¿Y con las familias?
También buscamos la reconciliación antes de morir. El acercamiento con los familiares que pudieran estar resentidos. En varios casos lo lograron. Así el enfermo muere en paz y el amiliar no queda con esa sensación de no haber dicho todo y perdonarse.

¿Qué hacen los voluntarios en el hogar?
Tenemos ocho personas que trabajan, más los voluntarios que se turnan. Los voluntarios hacen de todo, entretienen a los huéspedes con bingos, les enseñan manualidades, celebran los cumpleaños, etc.

¿Cuál es el régimen?
Los pacientes asisten de lunes a viernes y el fin de semana se van a sus casas, que quedan en los alrededores de Concepción.

¿Cómo se financia el hogar?
El hogar se financia con una rifa y un evento al año. Un té en el Club Concepción, al cual concurren ciento ochenta personas. Ahí se monta un bazar con las manualidades de los voluntarios. Este año logramos habilitar una capilla.

¿Cuántos pacientes han pasado por la casa?
Tenemos cuatrocientos setenta pacientes al año, y llevamos dieciocho años funcionando.

¿Dónde se pueden hacer los aportes?
Para entregar cualquier ayuda hay que acercarse a la casa en Aníbal Pinto 163.

LA MUJER TRAS LA OBRA

Irma Moreno fue presidenta de la corporación durante los primeros doce años. Ella nació en San Bernardo, donde creció junto a tres hermanos. Estudió diseño en la Universidad Católica, se casó y se vino a Concepción, porque su marido, Eduardo Piderit, encontró trabajó en la Siderúrgica Huachipato. Crió cinco hijos: Carolina, Alejandra, Eduardo, Rodrigo y Beatriz y, actualmente, tiene veintitrés nietos. Siempre le atrajo la parte social. Apenas llegó a Concepción, empezó a ayudar en la Parroquia Lourdes en un club de ancianos.

Ahí, compartía con ellos, conversaba e inventaba actividades para animarlos. Siempre ha sido una agradecida de Dios por todo lo que le ha dado y siente que, de alguna manera, debe retribuir.

¿Cómo fue tu infancia?
Tuve una infancia muy buena, en una quinta grande con abuelos. Vivíamos todos juntos. Recuerdo que había muchos pavos. Una niñez muy sana y natural. Todos jugábamos afuera con los amigos del barrio.

¿Tienes algún pasatiempo?
Pinto cerámica y me gusta la costura. Y en nuestra parcela de Quillón, me dedico a la jardinería, especialmente a las flores. También hago arreglos florales cuando me lo piden.

¿Cómo motivarías a otros a ayudar?
Les diría que siempre hay que hacer algo, salir de uno mismo, de nuestros problemas para ayudar a los demás. Y desde ese instante, desaparecen los problemas.

¿Recuerda en cada paciente a su padre?
Sí, pero este recuerdo me ha ayudado a seguirVadelante. A no dejar la corporación a pesar de las dificultades. Hay mucha gente que necesita ayuda. Ese sentimiento me alienta a seguir. Otros sufren y queremos apoyar a los pacientes que están pasando por malos momentos.

¿Qué espera para el futuro?
Que más gente quiera participar de esta obra para que se renueve y no se pierda el espíritu.

¿Cómo es el espíritu de quienes colaboran?
Hay mucho cariño y entrega. Nadie busca figurar.

¿Qué le gustaría legar a sus nietos?
Que fueran alegres, determinados, cumplidores, que asuman lo que dicen, y por supuesto, que siempre ayuden a los demás.


Irma Moreno ha entregado su vida a esta obra de ayuda, y su mirada siempre acogedora da cuenta de su capacidad de escuchar, de aún sorprenderse, de reír, y nunca juzgar, porque ella ve desde el otro lado, del que ya viene de vuelta. Ella solo acoge y contiene; como madre, sabe que al final eso es lo que necesita todo ser humano en sus momentos de vulnerabilidad.

 

“También buscamos la reconciliación antes demorir. El acercamiento con los familiares quepudieran estar resentidos. Así el enfermo muere en paz y el familiar no queda con esa sensación de no haber dicho todo y perdonarse”

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