Con veinticuatro años y experiencia previa como maratonista, incluyó con éxito la natación y la bicicleta en su repertorio deportivo y hoy se luce como el mejor triatleta del Biobío. Con buenas actuaciones a lo largo del año, su gran meta es correr el Ironman de Hawai.
por Érico Soto M. / fotografía Sonja San Martín D.
Nació el 26 de marzo de 1989 en Washington (Estados Unidos), pero se trasladó a los cinco años a vivir a Concepción. Hijo de una pareja de científicos de la Universidad de Concepción, padre chileno y madre norteamericana, Felipe Aguayo Paul escribe su propia historia desde el deporte que eligió: triatlón. Correr, nadar y pedalear por el primer lugar.
Se sumó a esta disciplina recientemente, y ya se ha subido a los principales podios del país. Antes, ya destacaba por su pasión por correr, que lo llevó a participar en maratones y corridas, y que le sirvió como base para competir en un régimen de pruebas combinadas.
En su primera experiencia en el Ironman de Pucón terminó como el mejor chileno de la competencia, renovando expectativas en un deporte en que el peak se alcanza sobre los treinta y cinco años. Integró teams y estudió la carrera de Preparación Física, lo que hoy le permite guiar su propia senda en el deporte y apuntar a desafíos mayores, como el Ironman de Hawai.
¿Te dedicas completamente a tu carrera deportiva?
La idea es dedicarme y vivir del deporte. Terminé de estudiar y estoy haciendo mi práctica en el centro nutricional Alto Rendimiento, como entrenador de running. El plan es tratar de ganarlo todo, pero paso a paso, porque es un camino difícil y no siempre está el apoyo para lograrlo.
¿Cómo llegas al triatlón?
Como un desafío. Empecé corriendo, primero por satisfacción personal y para tener una vida más saludable. Hasta que un día me lesioné, no pude correr, pero no quería dejar de moverme. Así comencé a ir a la YMCA de
Concepción, donde era socio, y comencé a nadar. No sabía, entonces lo primero fue aprender. Luego le tomé el gusto, me perfeccioné con mucha práctica y conocí el círculo, así que me propuse correr un triatlón.
Todo muy rápido…
Sí, como seis meses. Yo tenía diecinueve años cuando aprendí a nadar, por lo tanto, puedo decir que es posible. Iba todos los días un par de horas. Los profesores me enseñaron a corregir la técnica y aprendí todo lo que pude. Luego me compré una bicicleta y me propuse correr el Ironman de Pucón. Antes hubo uno corto en Rapel, donde salí segundo. Así que pensé que podía andar bien.
¿Y qué tal esa experiencia?
Muy buena, porque en Pucón salí segundo en la categoría, en mi primera incursión. Desde entonces me tomé más en serio el entrenamiento, porque antes no tenía una planificación ni menos entrenador. Era prácticamente recreativo, más que un desafío personal. Cuando me puse a entrenar bien, se produjeron los resultados que he tenido. En el mundo del triatlón soy relativamente nuevo, con cuatro años de competencia.
¿Ciclismo, corrida o natación?
Ahora soy súper parejo en las tres pruebas. Sin embargo, diría que mi talento está en el ciclismo, porque pedaleo bien para lo poco que llevo; mi pasión está en correr, que es de donde vengo y menos me cuesta, porque lo disfruto; y nadar puede que sea lo más débil, porque empecé tarde, pero aún así he mejorado bastante.
¿Con qué ánimo llegaste al primer Ironman de Pucón?
El desafío inicial no solo era terminar los 70.3 kilómetros, sino ir por lo más alto, tratar de ganar. A veces me defraudo si no lo logro, porque mi idea es siempre ganar. Incluso iba primero, pero me penalizaron en la bicicleta y me pasaron. Era mi primer Ironman y me sirvió para la motivación y seguir escalando. En 2012 fui el mejor chileno en Pucón, con el octavo lugar general.
¿Corres por algún equipo?
No tengo club. Pertenecí a algunos: Full Runners, Brain Team y Team Bustos. Creo que son buenos para la gente que quiere beneficiarse de un grupo de entrenamiento, que es lo que potencian. Pero a mí me daba lo
mismo eso, pues no había prioridad para las individualidades. Y como este es un deporte personal, decidí desconectarme y desde ahí seguí solo.
SUEÑOS EN GRANDE
A pesar del escaso tiempo en la práctica de esta especialidad, los logros no han sido esquivos para Felipe Aguayo, quien además ganó la última versión de la Maratón del Gran Concepción. Su prometedor debut en el Ironman de Pucón (mejor chileno), le abrió el camino a una ruta de éxitos que se extendió en las fechas de Arica, Talcahuano y Frutillar. Debido a estos logros, resultó campeón nacional de triatlón 2012, y fue premiado como mejor deportista destacado de la Región del Biobío.
Sin embargo, uno de los inconvenientes con los que ha tenido que lidiar es la consecución de apoyo y recursos para competir, situación que lo ha hecho pensar en un futuro lejos de Chile. Su pasaporte estadounidense, sumado al atractivo calendario deportivo de Norteamérica, lo han hecho evaluar la salida como una alternativa real.
¿Cuáles son tus expectativas?
Quiero clasificar al Ironman Mundial de Hawai. Para hacerlo como profesional, debo correr cinco fechas en el mundo (Pucón es una de ellas, terminó décimo en la versión 2014), y ser top ten para puntuar y clasificar. La inscripción cuesta trescientos mil pesos y puedo participar en todas, pero el tema es conseguir recursos para viajar.
¿Y volver a Estados Unidos?
Si no se puede acá, por la dificultad de apoyo de este tipo de deportes, está también el plan de regresar. Viví mi adolescencia en Chile y no me arrepiento, pero en Estados Unidos hay una amplitud cultural que permite vivir muy
bien, sin que te juzguen por tu cartón ni nada de eso. Hay cosas malas, como la obesidad, el excesivo patriotismo o que la gente es muy susceptible a la TV. Yo viajo casi todos los años, por un mes, a visitar a mi familia, y manejo muy buenas relaciones allá.
¿No es suficiente el apoyo local?
Tengo muy buenas colaboraciones: Under Armour, Sport Village, Multi Bikes, que se han portado muy bien y es una ayuda de la mejor calidad. Soy realista, y es lo máximo a que puedo aspirar en mi posición, buscando la, posibilidad para poder competir. Pero de todos modos, hay que tocar puertas. En 2013, tuve un problema con la bici y recibí la ayuda anónima de una señora, que vio mi caso en el Diario de Concepción. Me contactó y me ofreció quinientos mil pesos. Yo le dije que no lo podía aceptar, pero insistió en que lo tomara. No tenía hijos, que no le dijera a nadie y que siguiera adelante. Me di cuenta de que esas personas existen en el mundo, aunque son casos aislados.
¿Tienes algún referente en el deporte?
Destaco lo que ha hecho Cristián Bustos y Bárbara Riveros. Pero al final, yo no vivo de lo pasado, sino que busco inspiración y motivación ahora. Cada realidad es distinta y los veo como una historia más, porque hay mucha gente que está abocada a esto. Me gusta no perder ese espíritu de principiante, porque tengo muchas ganas y esa es mi principal motivación.
¿Por qué elegiste el triatlón?
Era menos monótono: lo otro era correr no más. Y más versátil, porque me permite mejorar otros aspectos. Se corre en cualquier parte; nado en piscina o la laguna en el verano; pedaleo camino a Florida o Quillón; y practico con rodillo, en invierno. Además, el Ironman es la esencia del triatlón, no tanto el olímpico, que tiene un formato distinto, porque lo que hago es una carrera contra los demás, solo para ver quién tiene más resistencia.
¿Hacia dónde apuntas?
Quisiera poder dedicarme a ser triatleta. Soy relativamente joven, porque el campeón mundial tiene cuarenta años, en un deporte en que el peak está sobre los treinta y cinco. Debo seguir con la llama de motivación prendida, porque sé que el camino es largo. Hay un tiempo limitado y quiero usarlo para entrenar, competir y con la meta de clasificar en Hawai.
“El Ironman es la esencia del triatlón. No tanto el olímpico, que tiene un formato distinto, porque lo que hago es una carrera contra los demás, sólo para ver quién tiene más resistencia”.