De niña, Liz se recuerda a sí misma tendida en el banco del co- legio, conversando largas horas con las amigas, escuchando copiosos relatos a los vecinos del barrio, y debatiendo con su madre. Una pequeña de personalidad extrovertida e inquieta, pero también reflexiva y respetuosa. En Romeral, una comuna rural cercana a Curicó, se crió Liz, al alero de sus padres, quienes le enseñaron a apreciar la naturaleza y el amor de familia.
Caminando bajo la sombra de los árboles y la lluvia, fue creciendo una adolescente intrépida y vivaz, siempre muy protagonista de su vida, con un dejo de liderazgo y vocación pedagógica, que la llevaron a estudiar teología en la Universidad Católica de Chile y, posteriormente, terapia y orientación familiar en Iquique. Hoy, a sus treinta y nueve años, madre de familia y con trece años de matrimonio, nos guía a una conversación reflexiva, casi como detenida en el tiempo.
ORIENTACIÓN
Ubicada en el edificio Costanera, su consulta posee una maravillosa vista al mar, la que invita a una grata conversación. Es como estar junto a una gran amiga, que comparte contigo sus problemas, sus satisfacciones y penas.
“Yo no soy sicóloga, por lo que mi terapia no es un interrogatorio; al contrario, es un momento de fluidez donde los temas se dan por sí mismos. Para mí es importante la relación humana y es un tema complejo, por lo que se debe analizar desde puntos de vista objetivos y humanos”, declara Liz.
El derrotero de Liz se ha vuelto la familia. “Son demasiados los casos en que la familia se separa solo por interpretaciones, ideas o acciones equivocadas, y esos casos, en su mayoría, son recuperables a través de una buena orientación, porque debo decirles que la familia, si se lucha por ella, se mejora y puede llegar a ser la mayor satisfacción del hombre”.
LA VIDA
En su primera práctica de trabajo, Liz conoció a Cristián, su declarada media naranja. Después de pololear un año, tomaron la decisión de casarse y lo siguió hasta Iquique por motivos de trabajo. En el norte comenzó a hacer clases de religión. Pronto notó que los mayores problemas que tenía alrededor, tanto de los alumnos como los apoderados y amigos, eran de carácter familiar y de arraigo.
¿Cómo comenzaste a ejercer la terapia y la orientación familiar?
Nunca lo vi como un negocio o un trabajo; al contrario, siempre sentí que era una necesidad, y que no podía quedarme de brazos cruzados. Se me dio la oportunidad de capacitarme y comencé escribiendo en el diario y colaborando como panelista de la
televisión regional. Sin embargo, necesitaba ir más a fondo, por lo tanto me puse a estudiar terapia y orientación familiar.
¿Cómo fue el comienzo?
Fue muy acertado instalarme con una consulta en el Centro Médico de Iquique. Allí tuve una excelente acogida, tanto de los doctores que atendían en el mismo edificio, como del público en general, el que muchas veces se sorprendía de la designación terapia y orientación familiar, pero finalmente les daba curiosidad y terminaban preguntando de qué se trataba.
¿Podríamos decir que era algo nuevo para Iquique?
Son temas poco explorados por las familias; lo triste es que muchas parejas y familias se rompen por no saber que existe una opción guiada, que puede facilitar el entendimiento y brindar una segunda oportunidad.
¿Y esa oportunidad la da SERONOR?
Sí. Yo no estoy sola en esto, tampoco podría, por ese motivo creé SERONOR que significa Servicios Organizacionales del Norte, integrado por un equipo de profesionales que cubren las necesidades desde diversas áreas.
¿Qué áreas son las que desarrollan?
Proveemos servicios de capacitación, gestión de recursos humanos y orientación familiar de alta calidad, a través de un equipo multidisciplinario de trabajo. También nos dedicamos a apoyar a las empresas, en las problemáticas inherentes a cada grupo humano. Podemos aseverar que nuestro trabajo se sustenta en el respeto, el compromiso y la responsabilidad.
¿En qué sentido la teología potencia tu trabajo actual?
Uno de los pilares fundamentales, y justamente el que mayormente se ha perdido dentro de la familia, es la espiritualidad. Por eso, en la actualidad, la gente pierde la esperanza de mejorar, la fe es una herramienta para mover montañas y, según mi visión de la vida, se necesita a Dios.
¿Cómo puedes hacer pensar a alguien en la espiritualidad, si nunca ha tenido un acercamiento en ese sentido?
Es que todo parte asumiendo que somos seres individuales, desde el respeto, tanto por uno mismo como por el prójimo. Quizás nos tocará compartir con una ex mujer o un hijastro, por ejemplo, y yo no lo quiero, y no me voy a obligar a quererlo, pero sí a respetarlo.
ESCUELA PARA PADRES
Desde marzo de 2013, Liz está gestionando un gran proyecto: desarrollar escuelas para padres en los colegios municipalizados, lo que la llevó hasta el Ministerio de Educación y la intendencia regional. “Los colegios municipalizados no tienen financiamiento para cubrir este tipo de iniciativas, por eso debemos buscar ayuda de fondos regionales”.
Pero actualmente los colegios cuentan con un sicólogo.
Sí, pero para los niños, ¿y quién se ocupa de los padres? Ellos son quienes necesitan herramientas para dialogar y consolidar la relación con los niños.
¿Qué clave nos podrías dar para ser mejores padres?
Brindar herramientas a los padres es una difícil tarea. Pero la esencia radica en el sentimiento de responsabilidad. Los padres deben asumir realmente una paternidad y maternidad comprometida y para eso deben entender su rol y asumirlo con responsabilidad.
¿Cuáles son las herramientas con las que trabajas en el área familiar?
Orientación familiar, diagnóstico de funcionamiento familiar, estudio de dinámica familiar, terapia matrimonial, talleres de escuela para padres, contención familiar, charlas y talleres para la familia.
Entonces podemos reencantarnos con la vida a través de la conversación
Esa es mi teoría. Los invito a hacer un ejercicio. Declaremos una oración semanal. Es preciso que se la repitan a ustedes mismos, concentrados y con determinación. Estas son mis favoritas: “La vida es hermosa”, “valora las cosas simples”, “mis hijos me necesitan” y “mi familia es mi tesoro”. De este modo, nos acordamos de darle valor a las cosas lindas que nos pasan durante el día, priorizamos la familia y dejamos lo negativo a un lado.
¿Qué expectativas debe tener uno sobre la terapia?
Lo principal es que queramos decir la verdad, en estos espacios el orgullo no debe existir. Debemos ir con el corazón abierto y confiar en que podemos reconstruirnos como individuos y como familia. Podemos ser más felices.