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EDICIÓN | Febrero 2014

Encanto y modernidad

Hotel Palacio Astoreca
En el corazón del Cerro Alegre se encuentra esta hermosa mansión de estilo victoriano que data de 1920, que además es el primer hotel palacio de Chile. Su encanto radica en una fachada clásica, pero que en su interior llama la atención por los muebles de anticuarios y de modernos diseñadores. Además, acaba de ser seleccionado por Relais & Châteaux como uno de los mejores destinos del mundo. 

Por María Inés Manzo C. / fotografías Vernon Villanueva B. y gentileza Hotel Palacio Astoreca

Desde la fachada, el Hotel Palacio Astoreca llama la atención. Su estilo victoriano y gran presencia combinan a la perfección con sus colores blanco y rojo que invitan a conocer q hay tras sus puertas, seguramente llenas de historia del Puerto de Valparaíso. Ubicado en pleno paseo Yugoslavo de Cerro Alegre, justo al frente de la Plaza Joaquín Edwards Bello, tiene a su costado el también famoso Palacio Baburizza; dos gigantes de la arquitectura del casco histórico porteño.

Con una vista privilegiada a la bahía de Valparaíso, este hotel, construido en 1923, abrió sus puertas en septiembre del año pasado, luego de que sus actuales dueños (el matrimonio chileno-suizo de Francisca Joannon y Vincent Juillerart) lo rescataran el año 2010. Pero el trabajo no fue fácil, ya que tuvieron que recuperar un inmueble que estuvo por quince años abandonado y casi se vino abajo por el terremoto del 27F. Además, tuvieron que enfrentar la demanda de un cerro vecino que no quería su construcción.

Luego de una completa restauración, la que incluyó lidiar con las exigentes normas de trabajar en un monumento nacional, se amplió el proyecto con una segunda construcción que se encontraba tras el palacio. Una antigua casona, también patrimonial, que permitió incluir lujosas habitaciones, un ascensor para los huéspedes y un spa en su subterráneo. Ambos edificios que desde en su interior se fusionan en uno solo, reviviendo toda la elegancia de principios del siglo XX.

“Este edificio ha tenido muchos propietarios, el primero y quien lo mandó a construir, fue Francisco Petrinovic, un emigrante croata que llegó en la época del apogeo del salitre en Chile. Después de la Primera Guerra Mundial muchos empresarios mineros se vinieron a trabajar en transporte marítimo, para intentar fortuna, y construyeron sus mansiones. Petrinovic se inspiró en la cultura inglesa para regalarle a su esposa, Constance Wadsworth, una forma de recordar sus raíces en cualquier parte del mundo. Por casualidad, otro de los empresarios que vinieron al puerto fue el propio Astoreca, pero él jamás vivió en el palacio, sino que la gente fue la que comenzó a rumorear que era así. Luego pasó a la familia Mustaki, hasta que llegó a ser la Escuela de Artes de la Universidad de Playa Ancha, incluso fue candidato a transformarse en la sede del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes”, nos cuenta Diego rdenas, gerente general del hotel, y quien meses antes de su estreno participó en todo el proceso dremodelación y decoración.

Los dueños cumplieron un sueño al lograr convertir este inmueble en un hotel cinco estrellas; donde preservaron su encanto antiguo, pero le añadieron la comodidad contemporánea con estándares internacionales de primer nivel. Fue por esta razón que la cadena francesa Relais & Châteaux los reconoció, en noviembre de este año, como parte de su colección exclusiva de los mejores hoteles y restaurantes gastronómicos del mundo. Un galardón que solo lo había conseguido Awasi en San Pedro de Atacama y Lapostolle Residence de Santa Cruz en Chile.
 

UN RECORRIDO CON HISTORIA
 
Este hotel consta de cinco pisos (dos en subterráneo), veintitrés cómodas y lujosas habitaciones (incluyendo siete suites), un spa con piscina temperada y un jardín vertical con un gran ventanal y un hot tub traído especialmente desde el sur; un bar, una cava de vinos y una biblioteca. Además de su restaurant Alegre, atendido por el afamado chef español Sergio Barroso. En general, se caracteriza por elaboradas terminaciones y ornamentos que se notan en techos, terrazas y columnas. Por la parte arquitectónica, el diseño interior ya estaba listo, gracias al propietario anterior que se lo encargó al reconocido arquitecto chileno Mathias Klotz. Sobresale —desde que uno ingresa al hotel— una gran escalera de madera, liviana y escultural de color blanco (tipo zigzag), que sobre ella tiene unas grandes lámparas también blancas, que se asemejan a un ovillo de lana.
 
Los muebles provienen de diferentes lugares, muchos de anticuarios de Valparaíso y del Barrio Franklin de Santiago, donde la diseñadora Bárbara Müller ayudó a re-tapizarlos (principalmente de los años sesenta). Pero el toque actual y vintage lo dan los muebles y lámparas de The Popular Desing, junto a los focos de Inter Design de Las Condes. En el hall, las mesas de bufett son del diseñador estadounidense Mark Grattan que llaman la atención por sus toques modernos. Todo el lugar se encuentra decorado con obras de artistas nacionales y en su biblioteca hay autores, en diferentes idiomas, donde se puede conocer la historia de Valparaíso. En este rincón resalta su chimenea, la madera de las paredes, los hermosos sillones, las lámparas ovaladas de color cobre y una escalera que se desplaza sobre rieles para llegar a todos los libros.
 
La estructura general es, en su mayoría, de acero; los pisos de madera y los azulejos de los baños son los originales y fueron recuperados de distintos lados del palacio. En una mezcla perfecta entre lo moderno y lo clásico, fue definido por sus dueños como “un hotel de encanto”. Un concepto más europeo, vanguardista e innovador, en el cual los espacios amplios, la luz natural y las pinturas modernas dominan los sectores (como los provocadores cuadros de Gonzalo Cienfuegos).
 
La recepción también tiene su historia, ya que fue diseñada especialmente por su dueña con las vigas originales de roble del techo; y sobre ella una campanilla traída especialmente desde un mercado de Francia, como los antiguos hoteles europeos. En el muro destaca un cuadro surrealista de Andrés Heinsen, y fotografías de Rodrigo Gómez Rovira y Tomás Munita, premio latinoamericano de fotografía y reportero de guerra.
 
Junto al desayunador del primer piso, con una terraza con vista a la bahía, se encuentra una pajarera original del edificio de color blanca, que bajo a ella tiene una escalera caracol para ir al spa, la cava de vinos y al restaurante. En los peldaños, pequeñas luces ayudan a los visitantes durante las noches y complementan la luminosidad del día.

 
PIANO BAR
 
Bajo la escalera principal, y camino al piano bar, llama la atención un grabado de Lautaro Veloso, reconocido artista local de Valparaíso que realizó esta obra especialmente para el Hotel Palacio Astoreca. En este lugar destaca el bar construido con el techo original del edificio y con mármol encima, al igual que la recepción, y combina con unas modernas sillas de metal. Además, se rescató un gran espejo dorado que es lo primero que uno ve al entrar a la habitación. En el centro una gran lámpara blanca de The Popular Design, ad hoc con el techo blanco y las columnas y detalles estilo victoriano. El piano fue traído especialmente desde Santiago, un Steinway & Sons, con más de cien años, pero que suena como si fuera nuevo. Un espacio ideal para tomarse un buen trago en la compañía de buena música.


ALOJAMIENTO DE LUJO
 
Las camas están diseñadas especialmente para este hotel por Sebastián Irarrázaval. No es una cama convencional, ya que destaca de inmediato por su diseño de una sola pieza donde el respaldo, tapizado con terciopelo de color que combina con el papel mural traído de Alemania, que parece pintado a mano es, al mismo tiempo, un velador. Sobre ellas, tejidos a telar, cojines e incluso alfombras de artesanos chilenos de Valle Hermoso. En las suites de lujo lo primero que resalta es, sin duda, la maravillosa vista a la bahía (que parece un cuadro) desde sus terrazas.

Siguiendo la misma línea del resto del hotel, la gran mayoría de los muebles son de The Popular Design (lámparas de lectura, mesas, escritorios, sillas, etc.) y de anticuarios; los grabados de Gonzalo Cienfuegos y de reconocidos artistas nacionales. En los baños, los detalles predominan en cortinas, vanitorios y azulejos que combinan con la habitación. Pero lo que se lleva el premio es una increíble tina estilo antiguo dentro de la habitación, ideal para quienes buscan el romance o vienen a celebrar su Luna de Miel.

 
ESPACIOS CON CUENTO
 
En el subterráneo, con vista a la calle, se encuentra su restaurant Alegre. Que encanta con ladrillos descubiertos de un estilo mucho más moderno y con grabados de Jorge Martínez. Para un total de veinticinco comensales es un lugar tranquilo para disfrutar del desayuno buffet o una de las exclusivas cenas de su chef, Sergio Barroso, reconocido como uno de los mejores del mundo. Una carta que destaca por su cocina de autor con presentaciones innovadoras de la cocina chilena.
Bajo este lugar se encuentra la cava de vinos, con una increíble mesa de madera en suspensión —que resiste incluso personas encima— del diseñador Carlos Rojas. A ella se le suman sillas de madera con lana chilota y una especial carta de vinos del Valle de Casablanca, Colchagua y Mendoza, que junto a su sommelier darán el toque final para sentirse como viviendo en un palacio.

 

 

Este hotel consta de cinco pisos, veintitrés cómodas y lujosas habitaciones (incluyendo siete suites), un spa con piscina temperada, un jardín vertical con un gran ventanal y un hot tub traído especialmente desde el sur; un bar, una cava de vinos y una biblioteca. Además de su restaurant Alegre, atendido por el afamado chef español Sergio Barroso.

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