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EDICIÓN | Febrero 2014

Artistas de la alquimia

Walka Studio
Artistas de la alquimia

Claudia Betancourt y Ricardo Pulgar forman Walka Studio, un taller de joyería contemporánea muy poco común. Sus piezas tienen sentido y argumento, no son un mero objeto ornamental, sino el resultado de un acabado estudio donde la identidad chilena es celebrada en una gran pieza de arte. 

por Francisca Cristi B. / fotografía Jose Luis Salazar A. y Karen Clunes

"No es un emprendimiento ni una idea de negocio, tampoco partió como una búsqueda consciente. No hacemos anillos por hacer anillos, acá cada pieza es considerada un proyecto”, aclaran antes de comenzar la entrevista. Y detrás de estas honestas palabras está quizás la clave de su éxito, sumado a años de estudio e investigación, que los llevó a posicionarse como referentes de la joyería contemporánea en Chile y en el extranjero.

Esta simpática pareja no para ni un minuto, duermen poco pero lo pasan bien. Para tener una idea de todo lo que hacen, solamente el año pasado estuvieron en la Bienal Internacional de Arte y joyería de Beijing, en la feria de arte y diseño Sofá Chicago, representados por la Galería Charon Kransen Arts de Nueva York, además de participar en la muestra internacional de joyería Schmuck en Munich. Todo eso sumado a que imparten clases, organizan workshops y traen artistas internacionales a su escuela, además tienen tiempo para crear maravillosas piezas de joyería que han recibido importantes distinciones como el Sello de Excelencia Artesanía UNESCO Chile por su colección Toro Sagrado.
 
Ricardo (Nano) Pulgar es abogado y Claudia Betancourt, traductora. Juntos llegaron a la joyería espontáneamente y sin buscarlo. Exponiendo en importantes galerías y museos del mundo, como el Museo de Arte y Diseño de Nueva York o la RMIT Gallery en Australia, hoy viajan dando clases magistrales trasmitiendo su forma de pensar y vivir la joyería, donde la búsqueda de una identidad ha sido la punta de lanza de este gran proyecto que bautizaron Walka, que en dialecto aymara se refiere a los collares sagrados que regalan las madres a sus hijas.
 
¿Cómo definirían a Walka Estudio?
Somos un taller de joyería pequeño, solo dos personas, donde cada pieza es hecha ciento por ciento a mano y considerada un proyecto tan importante como una casa. La idea es aprovechar un encuentro —por ejemplo, pedir matrimonio— para hacer una pieza relevante, que además sea significativa como objeto de diseño y que, como todas las obras de Walka, tenga un guiño con el arte.
 
¿Cómo surge la idea de crear todo esto?
Claudia (C.B): Mi abuelo y mi papá se dedicaban a la artesanía en cacho de buey, usando el material para hacer objetos utilitarios y de uso dental. Walka es un proceso de evolución natural de una inquietud creativa, y mientras estaba en la universidad empecé en esto de la joyería explorando desde el cacho de buey, que era el material que tenía por tradición familiar. Así empecé a crear un poco jugando, y resultó que fue una súper buena idea, y se empezó a vender muy bien.
 
Nano (N.P): La mayoría de las piezas quieren comunicar algo, no son solo piezas bonitas. Cuando partimos yo estaba estudiando (es abogado especializado en Filosofía del Derecho) y me gustaron mucho las herramientas de joyero. Mientras estaba preparando mi examen de grado, no me di cuenta que esto sería lo mío hasta que puse una silla al lado de Claudia. Pese a que trabajé como abogado tres años, la joyería me había escogido a mí, así que renuncié y nos fuimos a vivir afuera a perfeccionarnos. Desde ahí ha sido una gran búsqueda consciente, súper seria y profunda sobre cómo queremos redefinir la joyería contemporánea a nivel latinoamericano y, por qué no decirlo, mundial.
 
¿Y de qué se trata esa búsqueda?
Walka se funda el 2003 y al 2007 ya llevábamos cuatro años de trabajo con una buena cartera de clientes y al taller le empezó a ir muy bien. Empezamos a quedar cortos de stock, y en un momento dejó de tener sentido el hacer-vender. Fue entonces que decidimos cerrar la cortina por un año y nos fuimos a vivir a Melbourne. Elegimos ese lugar porque queríamos mantener nuestra visión del concepto “sur”, o sea trabajar desde las periferias en el arte, y no desde Europa o EEUU. Melbourne es la capital del hemisferio sur de la joyería contemporánea y allí exhibimos en el L’Oreal Melbourne Fashion Festival Cultural Program y en la galería Craft Victoria. Hasta que terminamos trabajando para el gobierno australiano en talleres de educación directa para niños y adolescentes, enseñándoles arte. Fue así que comenzamos a conectarnos con los joyeros más importantes del mundo, fue una semilla que teníamos que ir a buscar, y cuando entendimos realmente lo que queríamos hacer, tomamos la decisión de volver. La mayoría de nuestras series hablan de Chile y volvimos por esa necesidad, porque queríamos hablar del Chile de hoy, y era raro estar fuera. En los diez años que tiene el estudio todo ha sido la búsqueda y construcción de la identidad. Eso es al final. Todos los proyectos van en esa inquietud por entender qué es, cómo se transforma y cómo se proyecta el concepto de la identidad chilena.
 
¿En qué consiste la investigación que hacen para ir creando las distintas piezas?
Una de las claves del ADN de Walka es trabajar con una propuesta de relevancia, desde el material y desde sus propias características, que en este caso fue el cacho de buey y luego se fue ampliando. No se trata tampoco de mezclar por mezclar. Todo se basa en lo que quieres comunicar, y tus posibilidades de trabajo son las que tu material te entrega, lo que la ética permite y la estética aguanta. Nosotros aprendimos mucho de la historia de la joyería contemporánea cuando vivimos afuera, pudimos tener largas conversaciones con los grandes y viejos joyeros y así empezar a entender un poco.

 
CELEBRAR EL MATERIAL
 
“La joyería contemporánea en Chile es súper nueva, no tiene más de cinco años y estamos recién entrando al circuito internacional. Es importante ver paralelos, por ejemplo con la joyería neozelandesa hay similitudes evidentes pero nosotros estamos en la etapa que ellos vivieron entre los años ochenta y cinco y ochenta y nueve, en discusiones que ya fueron súper bien resueltas allá; muy enfocados en los materiales, en cómo este es llevado desde la artesanía a la joyería y en el tema de la apropiación cultural”.
 
¿En qué consiste su metodología de trabajo?
Son cuatro líneas. Tenemos colecciones de cacho de buey, de crin y plata. En alta joyería, que son los anillos de compromiso, usamos oro, platino y diamante. También tenemos piezas de arte contemporáneo que básicamente trabajamos para nuestro galerista en Nueva York y exhibimos también en Alemania. Eso, además de la línea de educación que es nuestra escuela de joyería, donde impartimos clases y traemos tres artistas por año a dar workshops. En mayo viene la destacada diseñadora Mia Maljojoki de la famosa marca de diseño finlandés Marimekko, (inscripciones en www.walka.cl). En fin, todo lo hacemos con mucho cuidado para que ninguna área le saque más tiempo a la otra. Lo pasamos bien, dormimos poco y cada año tiene su propio ritmo de trabajo.
 
¿Cómo definirían la estética de Walka?
Walka tiene una estética súper definida y se basa en celebrar los materiales que utilizamos, y lo que hacemos es resaltar sus cualidades, características, colores y vetas. No se trata de trasladar un objeto artesanal a otra escala, se trata de que esa joya intente también contar una historia y narrar de dónde viene. Hicimos una colección sobre eso que se llama Pueden los Materiales Hablar (Can Materials Speak) en Londres en 2009 en el Good Enough College. Lo que hicimos fue organizarla en formato de arte contemporáneo y nuestra búsqueda esencial era la del material perfecto y de comunicar lo que nosotros queremos contar. En el caso de los anillos de compromiso, el uso de las piedras en bruto, poder reconocer la belleza de una piedra por esta reunión de años y temperatura para hacer una celebración a esa piedra. Jugar con la semiótica, por eso estamos trabajamos con oro negro, que es una técnica secreta de alquimia. Lo que hacemos es buscar dentro de las tipologías tradicionales de la joyería, una visión mucho más contemporánea y que muestre una elegancia más sobria.
 
¿Crees que en el mundo del diseño hoy existe una mayor valoración hacia lo artesanal?
Ciento por ciento. Hoy el diseño va por una línea súper industrial, pero también está en el reconocerte como ser humano. Hay una tactibilidad distinta y una conexión histórica con los materiales. La piedra, el mármol, y ciertos metales nobles, como el cacho, la madera y la arcilla son un nicho que no va a pasar jamás. Eso sumado a que el diseño es una nueva opción de negocio y hoy es una clara tendencia.
 

“Todo se basa en lo que quieres comunicar, y tus posibilidades de trabajo son las que tu material te entrega, lo que la ética permite y la estética aguanta”.

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