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EDICIÓN | Febrero 2014

Sin formato

Claudia Apablaza, escritora
Sin formato

Representa fielmente a una nueva generación de escritores, más libres en el formato pero con mucho que decir. Cuentista y novelista, ha ganado importantes premios, ha publicado en Chile, México y España y divide su tiempo entre Santiago y Barcelona, dos ciudades que se han transformado en hogares transitorios para una artista nómade. 

por Mónica Stipicic H. / fotografía José Luis Salazar A.

Llega en bicicleta a un pequeño café en el corazón de Ñuñoa. Este es su hábitat cuando está en Santiago, cuando le saca el jugo a una estadía que nunca sabe cuánto tiempo puede durar.

Siempre  quis ser escritora, desde sus años escolares en Rancagua, cuando no lograb defini qpodía estudiar para llevar adelante su sueño. Hija de un médico y una enfermera, siempre el bichito de la salud dio vueltas por su casa, así que terminado el colegio agar sus cosas y se trasladó a la capital, a estudiar psicología en la Universidad de Chile convencida  de que la salud mental se acercaba más a sus anhelos. Y viv la carrera completa sando con cambiarse a literatura, tomando todos los electivos posibles que tuvieran que ver  con eso. Pero egresó, se titu y ejerció durante un año, hasta que una posibilidad de trabajo en el área de relaciones públicas de una editorial le abr las puertas del mundo que siempre había soñado.

A esas alturas había publicado algunas cosas chicas y había participado en varios talleres literarios, en Balmaceda 1215, con Benjamín Galemiri y la Pía Barros. Pero tenía metida la tontera de que ya era tarde para empezar a escribir, de que si uno no empezaba a los quince estaba frito.

Pero entonces sucedieron dos cosas que marcaron su futuro literario. El 2005 fue convocada por el escritor Carlos Labbé para participar en una antología llamada Lenguas: dieciocho jóvenes cuentistas chilenos y su creación “Mi nombre  en  el  Google”  ganó el concurso de cuentos Paula, lo que le permitió reconocimiento en el mercado de los creadores locales y la posibilidad de publicar su primera novela Autoformato.

¿Y también surgió la posibilidad de irte a España?
Hace rato que quería irme  estudiar sentía que tenía que sanear la deuda por no haber estudiado literatura… siempre pensé en un posgrado que tuviera que ver con la escritura creativa. Postulé varias veces a  becas,  hasta que por fin la obtuve el 2005. Fue para un máster en la Universidad de Barcelona y parfeliz, acompañada por mi hermana, que es artista visual. El problema es que apenas lleg y me fui a inscribir supe que el ster había cerrado por falta de interesados… fue fuerte, porque pensé  en  regresar A final, la gente del ministerio  me  dijo  que  buscara un programa igual en horas y con una nea similar. Me inscri en un posgrado en la Universidad Autónoma y tomé una tutoría en El Ateneo y con esas dos cosas log cumplir con la beca.

Fue un año lleno de aprendizaje. Conocí gente y me sol mucho. Tomé la decisión de  quedarme  un tiempo más y de seguir estudiando. Esta vez me inscribí en un máster en literatura comparada y, como ya no había beca, conseguí trabajo en una tienda como vendedora de carteras”.

Y la producción comenzó a moverse. De ese año de tutoría surgió Diario de las especies que, curiosamente, en un comienzo no gustó en las editoriales chilenas y que fue publicado primero en México. Desde entonces han visto la luz obras como EME/A. La tristeza de la no historia (2010), Siempre te creíste la Virginia Woolf (2011) y Goo y el amor (2012), novela con la que ganó el Premio Alba, y su último título Todos piensan que soy un faquir (2013).

 
FORMATO LIBRE
 
“Acá está mi familia, pero en Barcelona mi segundo hogar... ahora estoy pasando mucho más tiempo en Chile, pero ese es un vínculo que no puedo perder. En España tengo mucho de mí, aunque más que vivir allá lo que hago es viajar y quedarme largos ratos, ir a cursos, trabajar”.
 
Pero tu hogar está aquí...
No, tampoco podría decir eso... como que no está en ninguno de los dos lugares. Es verdad que acá tengo una casa y la mayor parte de mis cosas, pero necesito irme cada cierto tiempo. Tengo la sensación de que si me quedo mucho rato me empiezo a estancar, no aprendo nada nuevo ni conozco gente... el circuito santiaguino me empieza a asfixiar.
 
“Cuando llegué a Barcelona era impresionante... la cantidad de editoriales, de narrativa. Librerías, circuitos, lecturas. Hoy con la crisis todo eso ha caído bastante”.
 
Y me imagino que en estos años Chile también ha cambiado...
Sí, y harto. Está mucho más dinámico y crítico. Ha subido mucho el nivel de la narrativa, está más abierta y hay movimientos de apertura súper interesantes.
 
¿Te sientes parte de alguna generación?
Por edad, de aquella que nació en dictadura, pero en términos estéticos la verdad es que no. Me siento muy distinta, más cercana a mis alumnos, a la gente que nació después de los noventa. Me identifica una estética más arriesgada, más irónica y lúdica y con mucha libertad en los formatos. Hoy veo en mis talleres textos escritos en formato del blog y de videojuego, no en términos visuales, sino que en estructura de género. Hay más preocupación por la forma...
 
¿Cuánto hay de autobiografía en tu obra?
La siento muy cercana, trabajo bastante con lo que llamo auto ficción. En todos mis personajes me reconozco al principio, hasta que empieza la fantasía, la historia propia y se despegan de mí.
 
¿Eres muy autocrítica, cómo es la relación con tu obra?
La escribo y la guardo un tiempo... por ejemplo, el proyecto en que estoy trabajando actualmente es una novela que está en un cajón desde septiembre del 2012. La escribí en un mes y la guardé. Soy de escribir muy intenso, de sol a sol... en este caso terminé medio enferma.
 
¿Qué nos puedes adelantar de ese trabajo?
Fui a Italia a participar de una Residencia de Artistas, es decir, dos meses en un hotel escribiendo y rodeada de puros escritores. Es la historia de una mujer que quiere quedar embarazada y no tiene pareja, por lo que decide partir a una residencia de artistas para buscar al hombre que la ayude a lograr su objetivo, sin que él se entere. Eso significó estar dos meses encerrada escribiendo de la misma gente que estaba allí, y con la obligación de terminar la novela en ese período. Cuando llegué de vuelta tenía una amigdalitis que no se me pasaba con nada, tuve que tomar antibióticos durante tres meses... Ahora me gané una beca del FONDART para terminar de escribirla así que hace un par de semanas la retomé. El título por ahora es Yo también quiero perder teorías y la idea es que salga el 2015.
 
¿Qué hay que hacer para tener un nombre en la literatura chilena hoy?
Básicamente, tomar buenas decisiones. Lo han hecho escritores como Zambra, Bisama o Baradit, que han logrado conectar esas decisiones acertadas con buenos proyectos literarios.
 
Pareciera no ser un período fuerte en cosecha de escritores, ¿qué falta para el despegue?
La verdad es que no lo sé... siento que las editoriales tienen bastantes límites y muchos escritores han debido aprender a hacer su propio marketing y descubrir quiénes son sus lectores para dialogar directamente con ellos. Pero la literatura sigue siendo muy de elite y yo lo he probado, por ejemplo, con mi abuela, que es muy lectora y que no conoce a ninguno de los autores que te mencioné. El problema es que la gente no lee, esa es nuestra realidad y eso hace muy difícil agrandar el círculo y tejer una memoria colectiva al respecto.
 
¿A quiénes recomiendas leer hoy?
Hay varios que valen la pena: Matías Celedón, Diego Zúñiga, Ileana Elordi, Carlos Labbé, Alejandro Zambra y Francisco Díaz Klassen.
 
“Acá tengo una casa y la mayor parte de mis cosas, pero necesito irme cada cierto tiempo. Tengo la sensación de que si me quedo mucho rato me empiezo a estancar, no aprendo nada nuevo ni conozco gente... el circuito santiaguino me empieza a asfixiar”.

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