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EDICIÓN | Febrero 2014

Milagroso “santo” capitalino

por Montserrat Salvat, coordinadora escuela pedagogía de educación Media en Historia y geografía, facultad de ciencias de la educación, Universidad San Sebastián
Milagroso “santo” capitalino

Muerto hace más de ciento cincuenta años, la causa de Fray Andresito aún espera el largo proceso iniciado ante la Santa Sede para su canonización. Eso en lo formal, porque para el pueblo, el humilde franciscano ya era santo en vida: sus premoniciones eran certeras, se decía que levitaba durante la oración y sanaba a los enfermos graves con medicinas y ungüentos fabricados por su propia mano.

No es chileno de nacimiento, pero hay pocas personas tan queridas para los chilenos como Andrés García Acosta, apodado cariñosamente en vida como Fray Andresito. “Gente muy señalada”, o sea, connotada, como senadores, generales, magnates y mujeres aristocráticas; y también los menos favorecidos, pobres, enfermos, presos y huérfanos, apreciaban su consejo atento.
 
Nació en las Canarias españolas en 1800 y a los treinta y dos años emigró a Uruguay, como tantos peninsulares que buscaban mejores oportunidades. Allí se une a la orden franciscana, aunque su estadía es breve. La mayor parte de su vida religiosa la pasa caminando por las calzadas de Santiago. Porque si bien fue contratado como ayudante de cocina para esa congregación, el oficio que lo hizo conocido fue el de limosnero.
 
Desde muy temprano, luego de la primera misa del día, celebrada a las cuatro de la mañana, recorría las calles con su hábito gris, sombrero ancho y sandalias, pidiendo fondos para el culto, para el descanso de las almas del purgatorio y para la reconstrucción de su Iglesia. El santuario sigue en pie hasta hoy, en una cuadra donde se ubica la hermosa Recoleta Franciscana (Monumento Nacional), un museo dedicado a la figura del hermanito y un comedor para personas en situación de calle que deambulan por el barrio de La Vega.
 
La fama del hermano lego se debió también a sus dotes curativas. Según contaba el escritor y periodista Carlos Silva Vildósola (1871 – 1939) en Fray Andresito en la tradición santiaguina, la gente le atribuía fama de milagroso. Tocando solamente la manga de su hábito, o con su propia saliva esparcida, se curaban las dolencias. Él mismo fabricaba ungüentos y lociones, que llevaba a la casa del sufriente. Aunque murió hace ciento cincuenta años todavía se conserva esa tradición.
En el presente, es la sangre del hermano que permanece licuada y no coagulada como ocurre con la de las personas “normales”, la que sale del templo a visitar enfermos, cuando es solicitado. El líquido quedó guardado en un tubo, pues Fray Andresito padeció una fuerte fiebre que lo llevó a la muerte, y en el siglo XIX el tratamiento para esa dolencia eran las sangrías.

Su fallecimiento, el 14 de enero de 1853, fue consignado profusamente por la prensa de la época, e incluso el diario El Mercurio de Valparaíso lanzó una edición especial, con una litografía del querido hermano.
 
Con tanta devoción en vida se mantiene encendido el fervor popular por su figura. Cientos de personas visitan el sarcófago del franciscano, le encienden velas y dejan placas o cartas en que se manifiesta agradecimiento. A su muerte, fue sepultado en el convento de sus hermanos. Sin embargo, dos años más tarde, sus restos fueron exhumados para trasladarlos a la iglesia. El cuerpo no se había corrompido —signo usual de santidad—, pese a que se había depositado en una zona muy húmeda. El prodigio fue atestiguado por connotados médicos de la época, quienes no encontraron causa natural que explicara la conservación.
 
Algunas de estas consideraciones han sido esgrimidas por la orden, que desde 1893 ha solicitado el inicio del proceso para la canonización ante la Santa Sede. Se han efectuado numerosas gestiones, se ha examinado la sangre y se le han atribuido curaciones inexplicables para la ciencia. Hasta el momento, la Iglesia Católica lo ha declarado “Siervo de Dios”, el primer paso para ascender hacia los altares.
 
En su sitio de Facebook, “Fray Andresito un santo para Chile y el mundo”, en el templo franciscano y en su web, se intercambian experiencias de devoción y están alertas a la ocurrencia de un nuevo milagro, que valide por fin, la calidad de santo del humilde religioso de La Chimba.

 

 

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