Este país tiene un problema profundo de identidad, esa que nos han ido quitando fácilmente y que fácilmente hemos dejado ir. No solo hablo de recursos elementales como el agua o la electricidad, esos hace tiempo que dejaron de ser nuestros. Me refiero a lo propio de ser chileno, eso que sí tiene el pueblo peruano, que resguarda su lenguaje de manera delicada y elegante, que protege sus raíces apresando a dos ignorantes chilenos que atentan contra su patrimonio. Su cultura.
Concentrados frente al televisor, pegados a una radio, mirando redes sociales, así estuvimos chilenos y peruanos el pasado 27 de enero por la mañana. Durante dos horas escuchamos la
traducción monótona de nuestros nuevos límites.
Luego vinieron las interpretaciones y análisis en profundidad para que, los auditores y los mismos especialistas, entendiéramos de qué se trataba este fallo. Paralelamente los canales trasmitían a través de sus reporteros las impresiones de los ciudadanos desde Perú y desde Chile. Opiniones diversas, pero pacíficas, no habían triunfadores, no habían perdedores. Todo bien hasta que en directo vemos como un grupo de cabezas rapadas o neonazis comenzaron a increpar a residentes peruanos en plena plaza de Armas en Santiago, llamando a la guerra y atacando a los “cholos”.
Sé que este puede ser un incidente menor, aislado. Pero este tipo de acontecimientos aislados son los que me llenan de vergüenza, no solo por la ignorancia al utilizar el lenguaje, entendiendo que la mayoría de nosotros somos “cholos” o “mestizos” todavía no he tenido el placer de conocer a un chileno pura sangre.
Más que pensar en millas más, millas menos, mis reflexiones van por otro camino; pues francamente no me importa mucho quien tiene más, no creo que los políticos estén interesados en los pescadores artesanales del norte, porque los habitantes del norte o del sur nunca han sido prioridad para los gobiernos de este país. Entonces que digan que los pescadores del norte se salvaron me parece burla. Las pesqueras, propiedad de una clase muy específica de este país hace mucho tiempo habían fallado por sobre los pescadores de toda la franja chilena.
Y una vez más reclamo, este país tiene un problema profundo de identidad, esa que nos han ido quitando fácilmente y que fácilmente hemos dejado ir. No solo hablo de recursos elementales como el agua o la electricidad, esos hace tiempo que dejaron de ser nuestros. Me refiero a lo propio de ser chileno, eso que sí tiene el pueblo peruano, que resguarda su lenguaje de manera delicada y elegante, que protege sus raíces apresando a dos ignorantes chilenos que atentan contra su patrimonio. Su cultura. Esos “cholos” sí guardan su identidad como un tesoro sagrado. Perú Virreinato. Mientras los cholos de acá vemos como se raya nuestro patrimonio con la tinta permitida de la ignorancia. El día que escuchábamos el fallo se remataba en silencio a privados el diario La Nación en trescientos veinte millones de pesos, último medio escrito propio de nuestra nación. Conclusión, nuestra identidad se vende, se remata al mejor postor, ¿podrá el cabeza rapada de la Plaza de Armas asegurar lo mismo de nuestros vecinos peruanos?