En plenas vacaciones es imposible pensar en algún paseo sin un rico helado que nos acompañe —algunos de agua, otros de crema, de dos o tres sabores, en copas o bañados en chocolate—, pero lo importante es que nos refresquen y nos hagan pasar un buen rato solos, en compañía de la familia, la pareja o amigos. Por eso visitamos cuatro especiales heladerías, dos en Viña del Mar (Timbao y Mo); y dos en Valparaíso (Emporio La Rosa y Amor Porteño), cada una escogida por su historia y aporte a nuestra zona, que han buscado hacer la diferencia de las grandes cadenas. A continuación, los mejores datos y los sabores más novedosos para endulzar este 2014 en la Región de Valparaíso.
TRADICIÓN EN VIÑA
Instalados por más de sesenta años en el corazón de Viña del Mar (al comienzo de Calle Valparaíso), se encuentra Timbao, una tradicional heladería que nació por el sueño del argentino Ricardo Lovisa, quién se radicó en nuestro país. Luego de independizarse con su propio negocio, se casó y tuvo dos hijos, los cuales, orgullosamente, cuentan cómo el emprendimiento de su padre se trasformó en la heladería más antigua de la Ciudad Jardín. Incluso fue el propio Lukas, quien diseñó el primer cartel del lugar (para los que recuerden, una escalera donde cada peldaño representaba una letra de Timbao).
Hoy podemos ver a su dueño, de noventa años, todos los días en el local junto a su esposa María Teresa Fritz; pero es Cristián Lovisa, su hijo menor, quien se encarga del negocio con el mismo sello que ha encantado a los transeúntes de distintas generaciones. El secreto: helados ciento por ciento artesanales elaborados en su propia fábrica, ubicada en el subterráneo del local, que destacan por sus sabores naturales, definidos, cremosos y frescos al paladar.
“Mi papá trajo a Chile la primera máquina de helados soft, después siguió con las barquilleras y los helados artesanales en 1953... Y desde ahí no ha parado. Antiguamente el movimiento era enorme, si era necesario trabajaban hasta las tres de la mañana después del Festival de Viña, esto era un verdadero paseo para toda la ciudad”, cuenta Cristián. Pero no solo el menor de los hermanos siguió en el rubro, ya que Matías es dueño de otro Timbao en Belloto 2000, donde fiel a la marca elabora todo en su propio local.
Con veintiséis sabores para comer en barquillos o copas, destacan el helado de manzana verde, tres leches, yogur de arándanos, arroz con leche (como los postres de la abuela) y la estrella de la casa: el banana split (que Timbao tiene el honor de ser el primero en hacerlo).
Además, cuentan con helados con sucralosa (siete sabores todo el año, especiales para diabéticos); de máquina soft, granizado natural, café helado y milkshakes. “Nos preocupamos de tener una buena barquillera y máquina con sabores artesanales. La mezcla la hacemos nosotros mismos, por eso también tenemos barquillos crujientes premium que los acompañen”, enfatiza Cristián.
GUSTO ITALIANO
Continuamos nuestra ruta hacia Avenida San Martín y llegamos a la Gelatería Mo (heladería que es parte del restaurante Rossonero), una empresa familiar —con sello italiano— creada por los hermanos Benjamín y Francisca Malandre, junto a su padre Sergio, en 2011, y que hoy se ha transformado en un punto de reunión viñamarino. “Nuestro proyecto nace primero en Reñaca, porque como familia siempre tuvimos el sueño de hacer algo propio. Pero la historia comienza gracias a mi papá, él era fanático de la cocina y por su trabajo le tocaba mucho viajar a Italia. Cuando éramos niños siempre llegaba con juguetes que no había en Chile, por ejemplo, una máquina para hacer pan en la casa... y un día llegó con una de helados y empezamos a probar. Todo el mundo quedaba maravillado, nuestros familiares y amigos siempre le decían por qué no hacía una heladería”, recuerda Benjamín.
Fue así que —luego de encontrar el lugar ideal— abrieron el restaurante italiano y la gelatería, donde Francisca se encarga de la cocina y Benjamín de la parte comercial. Hasta la fecha han desarrollado alrededor de cuarenta helados que se van rotando en una barquillera de veinticuatro sabores, dependiendo de la estación. En el verano, con mucha fruta fresca como frutilla, frambuesa o melón tuna y algunas exóticas berries que traen, especialmente, de su campo de Curacaví. Además, la gente ya tiene sus favoritos como los clásicos de lúcuma con merengue o manjar; chocolate con naranja confitada, chocolate o dulce de leche Mo con brownie (¡deliciosos!); chocolate blanco con arándanos o el pie de maracuyá.
“Hacer helados es fácil, incluso hay mezclas hechas, pero son en base a esencias, saborizantes o colorantes... nosotros no usamos nada de eso. El helado de lúcuma es ciento por ciento de la fruta, lo mismo con el de frambuesa o el de dulce de leche que tiene solo manjar argentino. Además, producimos en nuestro local y eso le da frescor al producto, porque probar un helado recién salido de la máquina es totalmente distinto”.
EMPORIO PORTEÑO
Nuestra tercera parada nos lleva hacia Valparaíso, en plena Plaza Aníbal Pinto, donde se encuentra el Emporio la Rosa, una heladería que nació en Santiago, en el 2001, pero que desde noviembre del 2010 se trasladó al Puerto como la única sucursal en regiones, ya que sus dueños —María teresa y Francisco Undurraga— tienen parte de su familia en la zona.
Considerada una de las veinticinco mejores heladerías del mundo por The Daily Meal, su fábrica de helados se encuentra en Santiago, pero ha logrado plasmar su propio sello regional, rescatando un inmueble patrimonial en un sector que hoy es un polo gastronómico. “El espíritu de Emporio la Rosa es que la gente se sienta en la cocina de su casa, cómoda, bien atendida, que disfrute de sabores tradicionales de la comida chilena y evoquen el pasado (tomaticán, porotos granados, charquicán, lentejas, etc.). Además, nuestros helados son distintivos, con sabores novedosos que no encuentras en cualquier lugar. Todos nuestros productos son ciento por ciento naturales, sin preservantes o colorantes”, nos cuenta Jessica Arias, jefa del local de Valparaíso.

Veinticuatro son los sabores que van rotando en la barquillera, que es lo primero que uno ve al entrar al local y, por tradición, siempre cuentan con helado de rosa, miel de ulmo, dulce de leche, chocolate avellanas o naranjas peperoncino, que ya son su sello. También destacan el de naranja jengibre, cookies and cream; frambuesa-menta o limón-menta-albahaca (muy frescos para el verano, también como limonada); maracuyá, yogur de damasco, mango-piña-limón, maní-chocolate-caramelo, entre otros.
De las copas destacan la de plátano con trozos de merengue lúcuma; la Emporio con miel de ulmo, chocolate araucano y almendras tostadas. “La diferencia con otros helados es que no tienen esa grasa molesta, se sienten los sabores como de verdad son, conservando las propiedades de la fruta. Por ejemplo, en el de naranja, el jengibre le da un toque picante, pero no inhibe, es una sensación al paladar”, agrega Jessica.
AMOR A PRIMERA VISTA
La historia de la heladería Amor Porteño, nuestro último destino, es muy particular. Su dueña, Josefina Grau, era una santiaguina y productora de televisión que por el estrés de la ciudad y su ajetreada vida cayó enferma. Fue entonces cuando una tarotista amiga le pronosticó que se iría a vivir fuera de Santiago y terminaría trabajando en una cafetería. Pasaron alrededor de seis años, Josefina se olvidó y, entonces, su hija le encargó para ella buscar un local para dos negocios que quería instalar en el corazón del Cerro Alegre: una heladería y una lavandería (proyecto que hoy concretó en Limache).
Tras remodelar completamente el lugar, su hija no pudo trasladarse y fue cuando la Picha, como le dicen sus amigos a Josefina, tomó las riendas gracias a la ayuda de su amiga Pola y su marido Patricio. Amor Porteño (nombre que le dio al enamorarse de la bohemia porteña), hoy es una famosa heladería y cafetería donde su dueña comparte con todos sus clientes y se ha convertido en una verdadera guía turística de la zona.
“Para darle un sello le puse nombres chistosos a todos mis productos como Delirio Porteño o Dulce Pecado, que según cuentan es “afrodisíaco” y que causa sensación (su secreto es el licor de amarula). Partí con unos helados maravillosos traídos de Argentina, pero incorporé de a poco helados que los hace artesanalmente un chico de Valparaíso. Tengo siete sabores artesanales sin preservantes o colorantes; uno cero azúcar para diabéticos y el resto son con frutas naturales traídos desde Santiago”, cuenta Josefina.
Los helados más pedidos son el de dulce de leche, maracuyá, peras al vino, pisco sour (infaltable a fin de año), lúcuma, pistacho, crema de almendras, sandía, harina tostada, tiramisú, entre otros. Además, tienen un sabroso kuchen de frambuesa con almendra o la torta casera Cerro Alegre (de trufa, frambuesa y chocolate) que encantarán a grandes y chicos. Así, degustando estas exquisiteces, nos despedimos de esta dulce ruta que más de alguno tendrá el placer de disfrutar.