El astro del fútbol del Barça, Gerard Piqué, dice que tiene una familia normal junto a Shakira y el pequeño hijo de ambos, Milan, de apenas un año. Es la clase de declaración perfecta en titulares, diseñada por asesores de prensa.
Pero no. Imposible pensar en la cantante colombiana clasificando como alguien corriente, porque sencillamente no lo es. Shakira representa la estrella femenina del pop más grande que ha producido Latinoamérica para el mundo, y eso la convierte en alguien extraordinario. En su natal Barranquilla hay una estatua de acero de cinco metros en su honor. De la gente normal no se hacen monumentos.
Tras cuatro años sin álbum, el 25 de marzo editará una nueva producción. Ya adelantó el single Can’t remember to forget you junto a Rihanna, canción donde las voces de ambas terminan un poco confundidas. Como especular es gratis, resulta probable que este álbum sea todo un éxito, y también un paso hacia la uniformidad. Por primera vez en su carrera Shakira confesó que su firma no figura tras todas las canciones. O sea, ha asumido el rol de intérprete del trabajo de otros. ¿Y quiénes son esos autores? La lista es larga y básicamente se remite a los mismos nombres que desfilan en los créditos de los discos más vendedores del pop, gente como Max Martin y Dr. Luke, ambos tras Britney Spears, por citar apenas un par de nombres, en una nómina que suma más de una veintena de compositores e invitados.
Los discos siempre han sido apuestas financieras —un sello y un artista que quieren ganar dinero con la obra—, lo cual es parte del negocio. Los riesgos se minimizan si se trabaja con gente de currículos cargados de éxitos y millones. Pero a la vez surge otro peligro. Sonar igual al resto, perder la peculiaridad. Mimetizarse con las palabras y los sonidos de otros.